6 de marzo 2026 - 16:46hs

China sigue perdiendo tracción. Pero el conflicto en Irán, en realidad, tiene poco que ver. De hecho, puede beneficiarla.

Sí, China es el mayor importador de petróleo del mundo. Y compra casi todo el crudo que exporta Irán (su segundo proveedor casi a la par con Arabia Saudita).

Lo hace además con un buen descuento, gentileza obligada de los marginados por las sanciones.

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No sólo eso. La segunda economía del planeta absorbe más de la mitad del petróleo de todos los productores que hoy no pueden exportar ante la imposibilidad de transitar por el estrecho de Ormuz. Además de Arabia Saudita, es cliente de Irak, Emiratos Árabes, Omán y Kuwait.

¿Cómo puede ser entonces que no le afecte la interrupción en el suministro? ¿O eventualmente tener que pagar ese crudo mucho más caro?

La enorme economía liderada por Xi Jinping posee vastas reservas de petróleo, que la blindan de estas perturbaciones y que incluso pueden permitirle beneficiarse de la coyuntura.

El mayor importador de crudo tiene stock de sobra

China ya comenzó a usar ese gigantesco stock de crudo que tiene almacenado.

En la medida en que la emergencia se prolongue y el “colchón” de otros países comience a agotarse, China podría utilizar sus refinerías para convertir sus reservas de petróleo en productos como diesel o gasolina y exportarlos a precios altos.

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Sin embargo, no es el camino que eligió. Hoy el Gobierno anunció que sus refinerías suspenderían las exportaciones con la excepción de Hong Kong y Macau.

En la medida en que la crisis de Irán se profundiza y todo indica que la importación de crudo del Golfo puede verse afectada por un tiempo, China optó por cuidar sus reservas y priorizar la demanda doméstica.

De ese modo instruyó a sus refinerías para que interrumpieran los envíos y cancelaran los contratos vigentes. China es el tercer exportador de combustible en la región.

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Por otro lado, China es un buen comprador de Rusia, otro “sancionado” que le vende a precio de amigo en medio de la escalada del petróleo.

Sin ir más lejos, los chinos ya están incrementando sus importaciones de Rusia, su tercer proveedor en importancia.

Vladimir Putin, que había visto languidecer sus ingresos por gas y petróleo, está empezando a recibir pedidos de vuelta.

Hace tres años que China no puede contra la deflación

Pero aún si se restableciera cierto flujo comercial en el estrecho de Ormuz y China quisiera volver a comprarle petróleo a sus complicados proveedores de Medio Oriente, pagar un barril a u$s 100 no le vendría mal. Un barril a u$s 100 o incluso más.

Mientras el mundo teme un rebrote inflacionario, China enfrenta un problema muy diferente. Hace tres años consecutivos que los precios generales de la economía retroceden.

Más allá de Japón y sus “décadas perdidas” de estanflación, pocas economías pasaron tanto tiempo batallando con la deflación.

Y las presiones deflacionarias carcomen las ganancias corporativas y mantienen aplastados los salarios de los trabajadores.

En lo que hace a la inflación minorista, en 2025 los precios se mantuvieron estancados, el peor desempeño desde 2009.

Pero hay luz en el horizonte.

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Gracias al conflicto en Irán y el rally en el precio de los commodities, se espera que los precios reboten este año. China fijó incluso un target del 2% para la inflación minorista.

Es por eso que el banco central de China tiene margen para bajar las tasas de interés para estimular la economía.

Así y todo, se espera que el proceso de “reflación” lleve un tiempo porque lo más probable es que Beijing evite recortes agresivos.

El viejo modelo de Beijing busca un nuevo equilibrio

China acaba de revisar su objetivo de crecimiento a un rango de 4,5%-5%, su primera rebaja formal desde 2023. Y su target más modesto desde 1991, cuando suponía el 2% del PBI global, mientras que hoy está cerca del 10%.

El modelo económico chino está basado en las exportaciones. El año pasado supusieron un tercio de la expansión del 5% del producto, un máximo desde 1997.

Pero el creciente proteccionismo comercial y, en especial, las tarifas ejemplificadoras de Donald Trump están obligando a pensar cómo rebalancear ese modelo.

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El liderazgo chino proclama su intención de apoyar el crecimiento cada vez más en el consumo doméstico, que por ahora representa sólo el 40% de la economía, muy por debajo de los niveles de las economías más avanzadas del 60%.

Claro que para eso primero el gobierno tendrá que terminar de estabilizar la implosión en cámara lenta de la burbuja inmobiliaria que lleva años en desarrollo y que minó la riqueza de los chinos atesorada en propiedades.

En ese sentido, será determinante la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump para definir el nivel de tarifas que se terminará aplicando a los bienes chinos que ingresen a EE.UU.

Un mal día de Trump puede significar para Beijing más presión para estimular el consumo en casa.

Dos consideraciones claves.

Más allá de este viraje, China hace pública su lista de prioridades. Xi Jinping tiene claro que el foco es otro. El país destinará 7% del PBI a investigación y desarrollo, en especial, en materia industrial, y otro tanto, en defensa.

Por otro lado, es interesante que el objetivo de crecimiento, aunque módico en relación a otros tiempos, aún es consistente con el promedio anual de 4,17% que el Gobierno estima será necesario hasta el 2035 para duplicar en una década el PBI per cápita de los chinos.

La revolución sigue en marcha.

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