4 de agosto de 2026 10:57 hs

España busca fontaneros (y también otros profesionales) mientras conserva uno de los niveles de desempleo más altos de Europa.

Tras esa contradicción se esconde una transformación profunda: la tecnología, la transición energética y las jubilaciones están devolviendo poder económico a trabajos que durante décadas perdieron prestigio.

En el nuevo escenario laboral la profesión más segura quizá no sea la que compita mejor con una máquina, sino aquella que sepa utilizarla y después acudir al lugar donde la máquina no puede llegar.

Una fuga de agua no admite teletrabajo, ni se puede instalar una bomba de calor con una videollamada, reparar una tubería con un chatbot o mantener la refrigeración de un centro de datos trabajando en la terraza de casa... Cuando la economía digital aterriza en el mundo físico necesita cables, conductos, acero, energía, climatización y personas que sean capaces de trabajar con todo ello.

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El plomero puede considerarse el símbolo de una categoría profesional formada por aquellos trabajadores técnicos capaces de instalar, reparar y mantener las infraestructuras materiales de las que dependen la vivienda, la industria, la energía y la propia inteligencia artificial.

Hace algunos días saltó una alarma de escasez con un informe de Tecnio que hablaba de un déficit de 25.000 plomeros en España. Lo cierto es que ni el SEPE ni el INE han publicado una estadística nacional que permita comprobar exactamente esa magnitud. Pero hay señales preocupante: empresas que rechazan encargos, profesionales próximos a jubilarse y dificultades para encontrar aprendices.

InfoJobs contabilizó en 2025 unas 5.260 vacantes clasificadas como plomería dentro de la construcción y la vivienda. Cada una recibió una media de 18 inscritos, frente a los 56 candidatos que compitieron por el puesto medio publicado en la plataforma. El salario bruto ofertado para plomeros se situó en 27.477 euros anuales. La baja competencia revela que el problema no consiste simplemente en publicar más anuncios.

España ofrece una paradoja laboral. En el conjunto de 2025 registró una tasa de paro del 10,5%, la más alta de la Unión Europea. Sin embargo, en el primer trimestre de 2026 su tasa de vacantes fue de apenas el 0,9%, frente al 2,1% de media comunitaria. Ambos datos pueden coexistir porque los indicadores agregados ocultan importantes desajustes profesionales, formativos y territoriales: hay muchas personas buscando empleo, pero no necesariamente poseen las competencias, la experiencia o la disponibilidad que requieren las empresas para cubrir determinados puestos.

Faltan personas con la experiencia adecuada, en el territorio adecuado, dispuestas a aceptar las condiciones ofrecidas y disponibles cuando la empresa las necesita. Un desempleado administrativo no se transforma en instalador, enfermero, soldador o especialista en refrigeración porque exista una vacante. Se necesita bastante tiempo de aprendizaje, certificaciones, movilidad, o expectativas salariales.

El plomero es una metáfora del nuevo mercado laboral porque representa el desajuste entre el empleo disponible y las personas disponibles. Puede haber paro y, al mismo tiempo, escasez de trabajadores, porque un desempleado no se convierte automáticamente en profesional técnico: hacen falta aprendizaje, experiencia, certificaciones, movilidad y condiciones aceptables.

También simboliza la revalorización del trabajo físico, técnico y local. Es un empleo difícil de deslocalizar y resistente a la automatización completa. La inteligencia artificial puede ayudar con presupuestos, diagnósticos o planificación, pero no puede acudir a una vivienda, desmontar una instalación y resolver una avería imprevista.

Muestra además que la escasez no convierte automáticamente un empleo en atractivo. Una economía puede necesitar desesperadamente plomeros y, aun así, no ofrecer salarios iniciales, horarios, seguridad, conciliación, formación pagada o progresión suficientes para que las personas elijan esa carrera. La demanda económica y el deseo de trabajar en una profesión no son lo mismo.

Encarna una paradoja: cuanto más digital se vuelve la economía, más depende de personas capaces de construir, instalar, mantener y reparar su infraestructura física. Por eso el plomero no es solamente un oficio del pasado que vuelve, sino un posible anticipo del trabajador del futuro: técnico, práctico, especializado, apoyado por tecnología y difícil de sustituir.

Además, expresa la crisis de relevo generacional y transmisión del conocimiento. No sólo faltan candidatos; desaparece también el modelo mediante el cual los profesionales veteranos enseñaban el oficio a los aprendices. Cada jubilación puede significar la pérdida de capacidades prácticas acumuladas durante décadas.

El agujero de las jubilaciones

El mercado se enfrenta a una retirada masiva de quienes aprendieron estos trabajos hace treinta o cuarenta años. CaixaBank Dualiza estima que la construcción española generará unas 737.000 oportunidades de empleo entre 2023 y 2035. Solo 41.457 responderían a crecimiento neto del sector. Las 695.700 restantes, el 94,4%, procederían del reemplazo de personas que abandonan la actividad, principalmente por jubilación.

Y si analizamos el fenómeno en toda Europa, Cedefop calcula que será necesario cubrir unos 4,2 millones de puestos de trabajadores de la construcción entre 2022 y 2035. La creación neta apenas representará alrededor de 90.000; casi toda la demanda procederá de sustituciones. El futuro laboral de muchos oficios no depende, por tanto, de que Europa construya muchísimo más, sino de que consiga reemplazar a quienes dejan de trabajar.

Cada jubilación se lleva conocimiento tácito. Saber por qué falla una instalación antigua, reconocer un ruido, anticipar un problema antes de desmontar una pieza o decidir qué solución resistirá mejor no se aprende únicamente leyendo un manual.

El antiguo aprendiz casi ha desaparecido, pero no ha sido sustituido por un sistema de formación práctica de escala equivalente. Muchas instalaciones dependen de autónomos y microempresas que necesitan ayuda, pero que no pueden dedicar a su trabajador más productivo a enseñar durante meses. El coste de contratar a alguien que todavía no produce, el papeleo y el riesgo de perderlo después de formarlo desalientan el aprendizaje empresarial.

Lo normal es explicar todo esto como un desajuse entre la universidad y la Formación Profesional. Pero es más complejo: España no sólo tiene exceso de titulados superiores sio que mantiene una elevada proporción de jóvenes que no termina la educación secundaria posobligatoria y una franja relativamente pequeña de cualificaciones técnicas intermedias.

La OCDE calcula que el 38% de los trabajadores españoles ocupa puestos que no se corresponden con su nivel educativo, por encima del promedio de sus regiones analizadas. Esto no quiere decir que estudiar sea inútil, sino que las decisiones educativas, las capacidades de las personas y la estructura productiva encajan mal entre ellas.

La FP dual puede reducir ese desajuste porque acerca la formación al puesto real. La reforma española está extendiendo un modelo en el que más del 35% del aprendizaje se realiza dentro de la empresa. Pero convertir una plaza educativa en un profesional autónomo exige tutores, talleres, equipos actualizados y empresas capaces de enseñar, no únicamente matricular más alumnos.

A todo esto se añade que la demanda por sí sola no crea atractivo. Eurofound recuerda que la calidad de un empleo depende de siete dimensiones: salario, perspectivas, desarrollo de habilidades, tiempo de trabajo, intensidad, entorno social y condiciones físicas. Un sueldo razonable puede dejar de ser convincente si viene acompañado de lesiones, desplazamientos constantes, frío, calor, guardias, urgencias y escaso control sobre el horario.

La transición verde necesita manos

La nueva demanda llega, además, desde varios frentes al mismo tiempo. Vivienda, rehabilitación, industria, renovables, redes eléctricas, climatización y centros de datos compiten por trabajadores con conocimientos parcialmente similares.

La Agencia Internacional de la Energía calcula que el empleo energético mundial alcanzó los 76 millones de personas en 2024 y creció casi el doble que el conjunto del empleo. Más de la mitad de las 700 empresas, sindicatos y centros de formación consultados declaró sufrir cuellos de botella críticos. Entre los perfiles más difíciles de encontrar están electricistas, trabajadores de redes, tuberos y operadores de instalaciones. En las economías avanzadas hay ya 2,4 profesionales de la energía próximos a jubilarse por cada trabajador menor de 25 años que entra.

Esta competencia cambia el oficio. El plomero del próximo decenio se parecerá menos a un reparador generalista y más a un técnico de instalaciones: trabajará con agua, climatización, bombas de calor, sensores, controles digitales, eficiencia energética, prevención y normativa. La caja de herramientas no desaparecerá; incorporará software.

La inteligencia artificial refuerza esta transformación. Cedefop considera que las ocupaciones vinculadas a FP están, en promedio, menos expuestas a la sustitución por IA que otras profesiones. Y el Foro Económico Mundial sitúa a los trabajadores de la construcción entre los empleos que más crecerán en volumen hasta 2030.

Más paradojas: cuanto más digital se vuelve la economía, más infraestructura física necesita. Los centros de datos consumen electricidad, producen calor y requieren refrigeración, mantenimiento, redes y construcción especializada..

¿Y los salarios?

La escasez debería elevar los salarios, pero ese mecanismo tarda en funcionar y reparte sus beneficios de manera desigual. La remuneración media ofrecida a plomeros en InfoJobs apenas superaba en 2025 la media de todas las vacantes publicadas (27.477 frente a 27.336 euros). El mercado reconoce que faltan trabajadores, pero muchas empresas todavía no han convertido esa necesidad en una propuesta económica radicalmente mejor.

Distintas fuentes relevantes sobre retribución muestran que la remuneración de los oficios técnicos varía considerablemente según la experiencia, la especialidad, el sector, la responsabilidad y la localización. Dado que la AIE detecta una escasez especialmente intensa de electricistas, tuberos y trabajadores de redes, cabe prever mayores primas en actividades técnicas especializadas y críticas. Los aprendices cobran menos que los profesionales plenamente cualificados, mientras que los ingresos de los autónomos no son directamente comparables con los salarios de los trabajadores por cuenta ajena.

La Autoridad Laboral Europea identifica carencias persistentes de electricistas, soldadores, profesionales sanitarios, conductores y otros trabajadores técnicos en buena parte del continente. También advierte de que la movilidad no resuelve por sí sola el problema: el idioma, el reconocimiento de cualificaciones y las diferencias regulatorias impiden trasladar con facilidad un excedente de trabajadores de un país a otro.

El mercado laboral que viene

Hasta 2035 veremos un regreso de los oficios, aunque no será una vuelta al pasado. Cedefop calcula que Europa deberá cubrir unos 4,2 millones de puestos de trabajadores de la construcción entre 2022 y 2035. La inmensa mayoría, alrededor de 4,1 millones, procederá de la necesidad de sustituir a quienes se jubilen o abandonen esas ocupaciones, no de una expansión espectacular del empleo.

Al mismo tiempo, la transición energética, la rehabilitación de edificios y la incorporación de sensores, automatización y métodos industrializados modificarán las competencias exigidas. El profesional más valioso será quien combine destreza manual, diagnóstico, conocimiento normativo y capacidad para utilizar herramientas digitales y nuevas tecnologías.

Esta demanda de sustitución obligará a las empresas a cambiar su estrategia de contratación. Confiar únicamente en encontrar oficiales experimentados en el mercado será cada vez menos viable, y también tendrán que participar en su formación.

La Agencia Internacional de la Energía advierte de que la oferta de nuevos profesionales cualificados no está creciendo al ritmo de las necesidades energéticas y de que menos de una cuarta parte de las empresas consultadas colabora actualmente en el diseño de programas formativos. La formación en el puesto, los contratos de aprendizaje y la cooperación entre empresas y centros educativos dejarán de ser actuaciones accesorias para convertirse en parte de la política de talento.

Para las micropymes, esa responsabilidad no podrá recaer exclusivamente en cada empresa. La Comisión Europea propone alianzas de formación, tutores compartidos, incentivos financieros y centros interempresariales para superar las limitaciones de tiempo, equipamiento y personal que dificultan que las pequeñas compañías contraten aprendices. Son modelos que ya funcionan en países como Alemania, donde los alumnos de pymes completan parte de su preparación en centros comunes dotados de tecnologías que una pequeña empresa no podría adquirir por sí sola.

Además, España tendrá que ampliar la formación permanente y conectar mejor sus programas con las necesidades reales del mercado, según la OCDE. La AIE identifica precisamente el coste de los cursos y los salarios dejados de percibir como dos de las principales barreras para acceder a la formación energética, y la OCDE añade que el apoyo económico de las empresas y la posibilidad de aprender durante el horario remunerado están estrechamente relacionados con una mayor participación de los adultos.

Un camarero, un dependiente, un administrativo o una persona que quiera abandonar una ocupación amenazada por la automatización puede convertirse en técnico de mantenimiento, instalador o especialista en climatización. Pero necesitará itinerarios modulares, reconocimiento de la experiencia previa, orientación y alguna forma de remuneración durante el aprendizaje.

Una política que ofrece cursos sin resolver el coste de oportunidad de asistir a ellos puede aumentar las matrículas sin producir suficientes profesionales plenamente capacitados. Esta última conclusión es una inferencia respaldada por las barreras detectadas por la OCDE y la AIE.

La presión salarial probablemente crecerá, aunque no será uniforme. La AIE ya observa diferencias considerables entre ramas energéticas: en 2025, los salarios aumentaron más en petróleo y gas y energía nuclear que en renovables. La escasez no se traducirá automáticamente en la misma prima para todos los oficios. La remuneración dependerá de la especialidad, la experiencia, la certificación, la responsabilidad, la localización y la capacidad de las empresas para trasladar sus costes a los clientes.

También aumentará previsiblemente el peso de la inmigración. Los trabajadores nacidos en el extranjero representaron el 44% del nuevo empleo creado en España en 2025, y la OCDE recomienda alinear mejor las políticas migratorias con las necesidades de competencias. La movilidad no resolverá por sí sola la escasez: la Autoridad Laboral Europea señala que el idioma, el reconocimiento de cualificaciones, la localización de los puestos y las condiciones de trabajo dificultan el traslado de profesionales desde territorios con excedentes hacia aquellos en los que faltan.

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