La inflación se vuelve a recalentar en España.
El shock energético de la guerra en Irán llega con retraso pero se va sintiendo. Y España se consolida como el país entre las grandes economías del bloque con el mayor brote inflacionario.
El anticipo del dato de julio registraría un salto después de tres meses en 3,2% interanual, arriba del 2,9% esperado para la zona euro. Además de la volatilidad del crudo, influye la retirada del alivio fiscal y la inflación de servicios. Ven poco margen para que baje en los próximos meses.
El shock energético de la guerra en Irán llega con retraso pero se va sintiendo. Y España se consolida como el país entre las grandes economías del bloque con el mayor brote inflacionario.
El año había comenzado con un aumento de precios de 2,3% interanual, muy cerca de la meta del 2% del Banco Central Europeo (BCE), a la que tanto costó llegar a fuerza de un ciclo de endurecimiento monetario draconiano. Desde entonces, hubo un pico de 3,4% en marzo y van tres meses consecutivos en 3,2%.
Este jueves habrá una avalancha de datos. Entre ellos, el avance oficial del IPC de julio. Los pronósticos van del 3,5% al 3,7%, en cualquier caso una aceleración respecto a los niveles previos. Y como señalan en el BBVA Research, hay factores que limitan el margen para un descenso en los próximos meses.
¿Cómo se explica el repunte de julio? Por un lado, la reversión de la tendencia del petróleo, que había caído con fuerza en junio (-20%) hasta u$s 75 el barril con la reapertura parcial del estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico.
Aunque hay que ver cuál termina siendo el balance de julio, ya que si bien el Brent se disparó hasta cruzar nuevamente los u$s 100 en las últimas dos sesiones acumula una baja de más del 16% hasta u$s 84.
Pero el indicador se verá influido por un factor doméstico que es el inicio del retiro de las medidas de alivio fiscal ante el encarecimiento energético a pedido de la Comisión Europea.
El gobierno anunció a finales de marzo rebajas temporales de impuestos y ayudas a los sectores más afectados. La asistencia a los sectores más expuestos se mantendrá pero se pondrá en marcha una eliminación progresiva de los beneficios fiscales según un cronograma que finalizará en septiembre de 2026.
Esa intervención oficial había contribuido, al menos por el momento, a evitar que una perturbación temporal se trasladase de inmediato a los precios del resto de la cesta, generando una reacción en cadena (o como se conoce en la jerga económica “efectos de segunda vuelta”).
¿Por qué la UE le exigió a España dar marcha atrás con este paquete? Las rebajas infringían normativa comunitaria que explícitamente prohíben recortar el IVA sobre combustibles fósiles, corrían el riesgo de estimular un mayor consumo de petróleo en plena transición energética y no se alineaba con la política del bloque de focalizar las ayudas sólo en los sectores más vulnerables.
Otro factor que incide este mes y que pesará hacia adelante tiene que ver con la llamada inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles de la canasta. En BBVA Research señalan su importancia en “el riesgo de una inflación elevada durante un período prolongado”.
“Una parte significativa de la cesta de consumo registra aumentos de precios próximos al 3%, alrededor de un punto porcentual por encima de la tasa comparable de la zona euro. Resulta especialmente relevante la inflación de los servicios, que alcanza el 3,9%. Este componente establece un suelo que limita el margen de descenso de la inflación”, explican.
El jueves, también habrá una catarata de datos de la zona euro, entre ellos, la inflación, que mostrará un repunte desde 2,8% interanual en junio a 2,9% en julio, según las proyecciones.
La inflación de España queda claramente por encima del promedio pero no es la más alta del bloque. Según el último informe de Eurostat, correspondiente a junio de 2026, la tasa de inflación armonizada de España -que permite compararla con el resto- se situó en el 3,6% interanual.
Dentro de la eurozona, los países con problemas de inflación más acuciantes son Lituania (5,4%), Bulgaria (5,2%), Croacia (4,2%) y Chipre (4,1%). Pero entre las grandes economías, España se desmarca del grupo, superando ampliamente a Italia (3%), Alemania (2,4%) y Francia (2%).
La previsión para los tres países en julio es de 3-3,2% para Italia, 2,2- 2,4% para Alemania y 1,8% para Francia. Esto implica una estabilización o en el peor de los casos un incremento (0,2%). Pero claro, son economías que, a diferencia de la española, están virtualmente estancadas.
El jueves también se dará a conocer el adelanto del crecimiento de la economía para el segundo trimestre. El periodo que finaliza en junio marcará el primer trimestre completo que captura el impacto de la inestabilidad provocado por el conflicto en Oriente Medio.
Según adelantó el gobierno, la economía mantuvo su dinamismo. El PBI español sumó un 0,6% en los primeros tres meses del año y repetiría ese avance, aunque hay quienes arriesgan un desempeño todavía mejor.
En su último pronóstico, el sanchismo vaticinó que la economía crecerá un 2,6% en 2026 en comparación con el año anterior. La previsión para la zona euro es del 0,8%.
El bloque lograría una mejoría de 0,2% interanual en el segundo trimestre después del estancamiento del arranque del año (0%). Los datos que llegarán en cascada esta semana también traerán el crecimiento de las grandes economías.
Y según las proyecciones de los economistas, las cifras nacionales mostrarían una desaceleración en Alemania con un avance del 0,1% interanual en el segundo trimestre (creció 0,3% en el primero), un retorno a la expansión en Francia con un repunte de 0,2% tras contraerse 0,1% y estancamiento en Italia, después de expandirse 0,3% en el inicio de 2026.
Para la jefa del BCE, Christine Lagarde, el shock inflacionario todavía está por jugarse. Pero la francesa no quiere llegar tarde. Ya hizo el guiño y el mercado lo tiene descontado. En septiembre, hay suba de tasas.