Vladimir Putin necesita dinero.
El costo de la guerra está desbaratando cualquier atisbo de presupuesto en un momento en que, además, los ingresos petroleros están amenazados.
Sin acceso a los mercados externos, Putin empapela Moscú con bonos que pagan 15%. La refinería de Moscú fue atacada por los drones ucranianos dos veces la semana pasada. Y el gasto en defensa superará este año un 40% lo previsto.
El costo de la guerra está desbaratando cualquier atisbo de presupuesto en un momento en que, además, los ingresos petroleros están amenazados.
Ucrania atacó al menos seis refinerías rusas este mes. La última incursión del jueves, la mayor hasta el momento, puso al Kremlin al borde de la escasez energética (aunque transitoria) y exacerbó el alza de los precios de la gasolina. La refinería de Moscú fue el blanco de los ucranianos dos veces la semana pasada.
Con la producción en un mínimo anual, Moscú está -aún así- exportando a un ritmo récord. Intenta ganar tiempo antes de que más drones de largo alcance de Kiev afecten infraestructura. El crudo sin procesar ya no puede ser enviado al exterior.
Se estima que la capacidad de refinamiento de la industria petrolera rusa ya se redujo en un 20-30% como consecuencia de los ataques de Ucrania y como muestra el gráfico, el procesamiento de crudo está en un mínimo en dos décadas.
Así las cosas, Putin busca cómo financiarse.
El gasto en defensa este año podría ser entre u$s 55.000 y u$s 69.000 millones superior a lo previsto en el presupuesto original, el equivalente a casi un 40%, según datos de Bloomberg.
Por las sanciones internacionales, Rusia vive en un ostracismo financiero. Tiene vedado el acceso a los mercados externos. Así que el Kremlin está recurriendo cada vez más a la deuda doméstica. Una alternativa carísima.
Si bien el banco central ruso bajó la tasa de referencia desde su máximo de 21%, todavía se encuentra en 14,5%. En su momento, la entidad debió subir el costo de dinero para enfriar una economía sobrecalentada.
Las sanciones obligaron a aplicar políticas de estímulo para sostener a las empresas y a la vez, la inflación se disparó ante un rublo recargado en un mercado en el que ya no entraban divisas.
La rentabilidad de los bonos del Estado a largo plazo se ubica cerca del 15%, aproximadamente el doble de los niveles de 2017-2019, el momento de mayor prolijidad económica rusa.
Según cálculos de Bloomberg Economics, durante la próxima década Rusia destinará al menos el 15% de su PBI al pago de intereses de su deuda, lo que equivale aproximadamente a la totalidad de su deuda pública actual.
El costo del servicio de la deuda ya se duplicó desde la invasión de Ucrania en febrero de 2022. Pero la dinámica de emisión de bonos no parece que vaya a cambiar. Más bien todo lo contrario.
El límite de endeudamiento público para 2026 ya se alcanzó y los legisladores aprobaron con urgencia una ley para flexibilizar ese tope.
Pero es cierto lo que dijo el propio Putin, en un reciente foro en San Petersburgo. La deuda pública de Rusia es del 16,5% del PBI.
Claramente, tiene margen para seguir endeudándose (aunque eso no quita que los fondos que los bancos destinan a los bonos públicos dejan de ir al resto de la economía).
Putin recordó con sarcasmo que no es comparable con la deuda de Grecia, que asciende al 146% del PIB, la de Italia, que llega al 137% y la de Francia, que trepa al 116%.
En el caso de los bonos en moneda extranjera, caerán el próximo año a su nivel más bajo desde principios de la década de 2010. Simplemente van venciendo sin posibilidad de refinanciación con el mercado cerrado.
Pero está claro que a Putin le está costando que los números cierren.
El agujero presupuestario en lo que va de este año ya llega a 2,6% del PBI, un 60% por encima del objetivo trazado para todo 2026.