El Barcelona en la presente temporada presenta una deuda muy grande y un claro problema con respecto su juego. Transiciones lentas, posesiones largas sin sentido, poca profundidad, mala labor defensiva y un fútbol muy anunciado son algunas de las características que describen la actualidad del elenco catalán.
Es cierto que la defensa no es garantía, pero eso es otro tema. En el enfrentamiento ante el Real Madrid, por la final de la Supercopa de España que terminó en goleada del equipo de Carlo Ancelotti, el Barça por momentos no atacaba mal. El problema es que no podía sostenerlo.
Para este partido, con la ausencia de Raphinha por lesión, Xavi optó por recurrir a la misma táctica que le sirvió en 2023, cuando el conjunto blaugrana derrotó en esta misma instancia al Madrid. ¿Cuál fue esa táctica? Romper el esquema tradicional que solía utilizar, el 4-3-3, para colocar un mediocampista más y jugar 4-4-2.
El problema no fue el dibujo táctico, sino los artífices que lo conformaron. En la delantera estuvieron Robert Lewandowski junto con Ferran Torres, y Pedri atrás de ellos intentando conectar los pases de Gundogan y Frenkie De Jong con la línea ofensiva.
El inconveniente que no tuvo en cuenta Xavi fue que, en 2023 estaba Gavi, que es un futbolista todoterreno. En esta oportunidad no estuvo por lesión y, el jugador más capacitado para cumplir esa función o al menos asemejarse, es Joao Félix.
Cuando Joao está enchufado, tiene todo para ser uno de los mejores extremos. Cuenta con características distintas a las que puede aportar Ferran Torres y que encajan mejor en el funcionamiento del equipo y en la idea del entrenador para este partido en particular.
El portugués posee mucha movilidad, se sale de su posición para asociarse con los mediocampistas, darle más volúmen a las transiciones ofensivas, arrastrar marcas para dejar el espacio y se junta con Pedri, con quién se entiende muy bien, y el duelo por semifinales ante el Osasuna fue una evidencia clarísima.
Además de esta faceta que incorporó a su juego el luso, también cumple su función cuando se pega a la línea y es de los más desequilibrantes en el uno contra uno. Sabe interpretar los espacios y en qué momento ubicarse como segundo delantero y cuando no, lo que hubiera generado movilidad en el mediocampo del Madrid y, por ende, más espacios.
Básicamente, podría haber cumplido la misma función que Vinicius en el encuentro. Y mal parece que no le fue. Xavi tenía en el banco de suplentes la misma carta que Ancelotti, la diferencia estuvo en que uno la supo utilizar y el otro no.
De hecho, Joao ingresó en el minuto 60 y, no solo fue el futbolista que más faltas recibió, sino que fue el único que intentó romper líneas, ir hacia adelante y el gestor de la jugada más peligrosa del Barça en la segunda mitad.
Joao tiene mucha categoría para gambetear, es muy ágil, habilidoso, tiene facilidad para acumular rivales y hacerlo a gran velocidad. La gran arma letal del Barcelona que debió aprovechar era la dupla Félix-Pedri, junto con Lewandowski en el área para definir.
Ambos futbolistas se combinan muy bien juntos y permiten que el equipo se defienda con la pelota. El español con un simple movimiento o pase te activa cualquier ataque al igual que el portugués, que cambia de ritmo con mucha facilidad y termina siendo determinante.
Por supuesto que el entrenador es el que vive el día a día y es el que toma las decisiones, pero Xavi se equivocó al no alinear al portugués desde el arranque. Nunca estuvo tan claro: Joao Félix debió ser titular en la final de la Supercopa de España ante el Real Madrid y merece permanecer en el once inicial todos los fines de semana.