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GASTRONOMÍA
Menú sin gravedad: qué comen los astronautas de Artemis II y por qué la tortilla viajó al espacio
La misión espacial sustituye el pan por 58 tortillas para evitar migas y apuesta por el aceite de oliva y sabores intensos ante la pérdida del gusto en órbita.
En la nave de Artemis II, alimentarse, no es como ir al bar de la esquina. Alli no piensan en reservar mesa, ni en la cesta de la compra. Durante los diez días de misión, comer en el espacio no solo cumple una función fisiológica: es una herramienta psicológica, un ritual que ordena el día y, sobre todo, una forma de recordar que todavía se pertenece a algún lugar.
El menú de Artemis no se improvisa. Los "chef" de la NASA establecen tres comidas principales y dos snacks, siguiendo un esquema casi terrestre. Desayuno, comida y cena ocurren cada 5 o 6 horas, pero no hay mesa ni mantel: cada astronauta flota con su bandeja sujeta por velcro. El tiempo, sin embargo, se mide distinto. No hay hambre del tradicional, porque en microgravedad los fluidos corporales se redistribuyen y reducen la sensación de apetito. Por eso, la disciplina alimentaria es clave: comer aunque no se tenga apetito.
Un menú con 200 opciones, 10 bebidas y un protagonista inesperado
No se puede salir de tapas, pero opciones no faltan. Más de 200 platos componen la oferta. Pero hay un dato que rompe cualquier prejuicio: uno de los alimentos más preciados no es sofisticado ni tecnológico, sino profundamente terrenal y muy español: las tortillas. Sí, tortillas.
Hasta 58 unidades fueron cuidadosamente seleccionadas para la misión. No es capricho: sustituyen al pan porque no generan migas, un riesgo crítico en gravedad cero donde cualquier partícula puede interferir con los sistemas de la nave y podría provocar un desastre.
Pero analicemos en detalle que define la alimentación en el espacio. El menú incluye entre otras cosas: Pollo teriyaki, carne con arroz y pasta con salsa, frutas deshidratadas y frutos secos. No faltan los snacks energéticos y barritas proteicas. Y para tomar hay más de 10 bebidas: café, té, zumos rehidratables y bebidas isotónicas.Y un imprescindible: la salsa picante. Porque en el espacio, el gusto cambia y esa “ayuda” se vuelve hasta una necesidad.
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Comer flotando en el aire y con el paladar que también se vuela
Uno de los fenómenos más documentados es la alteración del gusto y no hablamos del Covid. En microgravedad, la congestión nasal constante reduce la percepción de sabores. Resultado: los astronautas prefieren comidas más intensas, especiadas y hasta podríamos decir agresivas. La salsa picante, entonces, deja de ser un capricho y se convierte en un imprescindible.
Pero hay algo más: cada alimento debe cumplir condiciones estrictas de seguridad, estabilidad y conservación. La mayoría de los platos están liofilizados (la técnica que elimina el agua para evitar la proliferación de bacterias) y se rehidratan antes de consumirse.
La comida española en Artemis
No hay un menú “español” como tal, pero sí rastros reconocibles. El aceite de oliva, producto central de la dieta mediterránea, forma parte de algunos platos preparados. Según estudios del sector agroalimentario europeo, el aceite de oliva conserva sus propiedades antioxidantes incluso tras procesos de estabilización térmica, lo que lo convierte en un aliado ideal para misiones espaciales. Además, su uso no es anecdótico: aporta calorías densas y estabilidad.
ARTEMIS II
La presencia indirecta de ingredientes españoles habla de algo más profundo: la exportación de una cultura alimentaria basada en equilibrio, conservación y calidad. Como guiño silencioso a la despensa mediterránea, los frutos secos también viajan a bordo. La almendra, tan arraigada a paisajes de Alicante o Almería, aparece como snack energético: ligera, resistente y rica en grasas saludables. No es casualidad: su densidad nutricional y su larga conservación la convierten en un bocado perfecto para la alimentación en un lugar donde cada gramo debe justificar su presencia.
Todo está pensado al milímetro
Cada alimento en la nave responde a un sistema de clasificación: Los mencionados liofilizados son de larga duración y requieren agua para recuperar sus propiedades. Los termoestabilizados: están listos para consumir, sin refrigeración, y los Irradiados: son productos sometidos a radiaciones ionizantes (rayos gamma, rayos X o electrones) para mejorar su inocuidad y alargar su vida útil ( carnes ).
La clave es simple pero exigente: cero riesgos. En una misión de diez días, una intoxicación alimentaria no es un inconveniente; es una amenaza crítica. Además, los envases deben ser funcionales: fáciles de abrir, seguros, sin residuos flotantes. Por lo que comer, en este contexto, es también un ejercicio de ingeniería.
Lejos de la imagen de comida insípida, algunos menús incluyen platos desarrollados por chefs en colaboración con la NASA inspiradas en la cocina internacional: cóctel de camarones, brisket de ternera BBQ (Barbacoa), pollo al curry con anacardos: Ensalada de mango, gratinado de brócoli (Broccoli au gratin), quiche de vegetales o salmón salvaje Keta. Todas versiones adaptadas de platos gourmet, diseñadas para resistir el viaje y, aun así, emocionar a los astronautas. Porque a 400.000 kilómetros, es un verdadero lujo degustar un bocado de algo que recuerde a casa.
Lo que nunca falta: rutina, textura y memoria
Más allá de la tecnología, hay tres constantes en la alimentación en el espacio: texturas controladas (ni migas ni líquidos libres que son más que peligrosas para la misión), sabores intensos, y algo difícil de medir: memoria emocional. Ese bocado es acaso la única conexión tangible con la Tierra tan distante.
La gran revelación del menú de Artemis no es su complejidad técnica, sino su humanidad. En un entorno donde todo es hostil y disruptivo, el acto de comer sigue siendo un gesto íntimo, doméstico y terrenal.
Habitualmente incitamos a ir a degustar lo que aquí describimos. Hoy debemos asumir que se nos complica. Pero no así el deseo de seguir disfrutando el acto tan humano de reunirnos, charlar y confraternizar alrededor de un plato de comida.
Así que pongamos los pies bien firmes sobre la tierra, ¡y vamos a por ello!