La temporada invernal podría llegar a su fin en España sin haber registrado olas de frío por segundo año consecutivo, según las primeras previsiones de Samuel Biener, experto de Meteored. De repetirse esta situación en 2026, sería un fenómeno "insólito" y "preocupante", según el especialista.
Aunque algunas zonas del país han experimentado heladas y nevadas, ninguna de estas ha alcanzado la categoría de ola de frío. A pesar de la llegada de una masa de aire extremadamente fría a gran parte de Europa, España parece escapar nuevamente de temperaturas gélidas extremas, lo que permitirá alcanzar el 1 de marzo, inicio de la primavera climatológica, sin episodios de frío severo.
"Lo que ha sucedido durante enero y febrero, así como en el periodo 2023-2024, es que no hemos tenido irrupciones potentes de aire frío que llegaran a España", explica Biener. Mientras el norte y el este de Europa se verán golpeados por una masa de aire ártica, la entrada de borrascas profundas desde el Atlántico impulsará aire templado sobre la Península Ibérica, impidiendo la llegada del frío extremo.
Menos episodios de frío extremo
Biener destaca que los episodios de frío intenso son cada vez más espaciados en el tiempo. "Lo que estamos viendo es que las temperaturas extremadamente bajas que antes eran más frecuentes, ahora aparecen con menor regularidad", señala. A excepción de sucesos como Filomena en 2021, los inviernos recientes han mostrado un patrón de temperaturas más suaves.
El experto también advierte sobre la diferencia entre "frío de invierno" y "ola de frío". Según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), una ola de frío en España se define como un periodo de al menos tres días consecutivos en el que, al menos, el 10% de las estaciones meteorológicas registran temperaturas mínimas por debajo del percentil del 5% de su serie histórica entre 1971 y 2000.
La influencia del cambio climático y las masas de aire subtropicales
La ausencia de temperaturas extremadamente frías está directamente relacionada con el cambio climático. "En los últimos años, las masas de aire subtropicales y los vientos templados del oeste o suroeste han ganado influencia, lo que impide la entrada de frío extremo", explica Biener. Estas condiciones también han afectado la presencia de nieve en la montaña, generando nevadas más irregulares y una menor acumulación de precipitaciones en forma de nieve.
Si bien este fenómeno no es inédito —hubo inviernos sin olas de frío en 1997-1998, 2000-2001 y 2013-2014—, la mayor frecuencia de estos periodos cálidos es motivo de preocupación para los meteorólogos. "Si 2026 también pasa sin una ola de frío, sería la primera vez en la historia registrada que esto ocurre tres inviernos seguidos", subraya el experto.
Un invierno más cálido de lo esperado
A pesar de la transición hacia el fenómeno de La Niña, que podría haber generado temperaturas más frías, el invierno en España ha mantenido un comportamiento moderado. "Las temperaturas de febrero estarán entre 1 y 3 ºC por encima de la media", indica Biener. Si bien aún no se confirma, este podría ser uno de los tres inviernos más cálidos desde que existen registros.
Impacto en ecosistemas y recursos hídricos
El calentamiento invernal está teniendo consecuencias en los ecosistemas, especialmente en la vegetación de alta montaña. "Muchas especies necesitan frío para subsistir, y su desaparición afectará el equilibrio natural", advierte Biener. Además, la falta de nieve en invierno puede comprometer los recursos hídricos durante el verano, generando problemas de abastecimiento en algunas zonas de montaña.
En el sector turístico, algunas estaciones de esquí ya han comenzado a adaptarse a esta nueva realidad, diversificando su oferta con actividades alternativas como senderismo y deportes de verano.
Un futuro incierto frente al cambio climático
Respecto a las perspectivas para frenar el cambio climático, Biener se muestra realista. "Incluso si se dejaran de emitir gases de efecto invernadero hoy mismo, sus efectos perdurarían décadas, si no siglos", señala.
Si las emisiones continúan en ascenso, podría alcanzarse un calentamiento global superior a 2 o incluso 4 ºC, lo que tendría "consecuencias catastróficas", incluyendo desplazamientos masivos de poblaciones afectadas por eventos climáticos extremos.
Biener subraya la importancia de la educación y la mitigación de los efectos del calentamiento global. "Es un problema global que nos afecta a todos, y hasta que no vivimos sus efectos de cerca, no tomamos verdadera conciencia de él", concluye.