Iván Cepeda, el candidato que busca darle continuidad al gobierno de izquierda de Gustavo Petro en Colombia, sufrió una derrota simbólica el pasado 31 de mayo. Contra todos los pronósticos, quedó en el segundo lugar de la primera vuelta de las elecciones, mientras que Abelardo De la Espriella, el outsider de derecha radical que estremece el tablero político, ocupó el primer lugar. De cara al balotaje del próximo domingo, Cepeda busca reinventarse, mientras que De la Espriella sigue fiel a la confrontación y surfea sobre la ola de la polémica.
De la Espriella, abogado penalista de 47 años que se hace llamar "El Tigre", recibió el respaldo explícito de Donald Trump y tiene como principales referentes a líderes como Nayib Bukele y Javier Milei. En la primera vuelta obtuvo una ventaja de 700.000 votos sobre Cepeda, pero el desenlace sigue abierto: si se suman los apoyos de otros candidatos, los sufragios nulos y un eventual aumento en la participación, habría sobre la mesa cerca de tres millones de votos capaces de definir la presidencia. La campaña, en lo poco que resta, será decisiva.
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Iván Cepeda, filósofo de 63 años, senador e hijo del dirigente comunista Manuel Cepeda, asesinado en 1984 por paramilitares, hizo en la primera vuelta una campaña basada en actos en plazas públicas, donde leía sus discursos con voz pausada y se dirigía a los sectores que han visto en los aumentos del salario mínimo, la entrega de tierras y los subsidios del gobierno de Petro una reivindicación.
Ante la evidencia de que ese libreto no ha sido suficiente, Cepeda rompió con lo que analistas llaman “la campaña en blanco y negro” para ingresar al “color” de las redes sociales.
Izquierda pop
El nuevo Cepeda graba videos pateando balones de fútbol, pinta murales y recibe el respaldo de jóvenes seguidores del k-pop —el pop coreano— que han creado una comunidad digital bajo el nombre de Kpopers por el Pacto Histórico, el movimiento que agrupa a la izquierda colombiana.
Un contingente juvenil se ha alineado detrás de su candidatura: elaboran infografías y videos en los que la estética del k-pop acompaña mensajes como “Con Iván la educación es un derecho” o “Cinco cosas que la ultraderecha odia de Iván Cepeda”, donde destacan frases como “defiende los derechos humanos” y “busca la paz y el diálogo”. Ese material circula en TikTok, Instagram y X, con etiquetas diseñadas para escalar y convertirse en tendencia.
En sus redes, Cepeda dirigió un mensaje a los jóvenes: “Gracias a la comunidad k-pop en Colombia. Su fuerza imparable en redes y en las calles está movilizando la esperanza de toda una generación”.
Además ha sumado influencers a su campaña y en su cuenta de TikTok dejó de compartir videos con los discursos que leía, por piezas con las movilizaciones, canciones y recuentos de sus actividades diarias.
En paralelo, el equipo de Cepeda ha convertido a Barranquilla —la ciudad que De la Espriella tiene como sede principal— en un objetivo central en la búsqueda de nuevos votos. Al mismo tiempo, procura asegurar que los electores de izquierda en Bogotá, que en la primera vuelta se abstuvieron, acudan ahora al balotaje. Y en el plano político, se suma un giro estratégico: tomar distancia de Petro para intentar convencer a votantes de centro.
El día de la primera vuelta, Petro denunció un fraude y Cepeda se plegó inicialmente a ese discurso. Pero al día siguiente el candidato marcó distancia al asegurar que no existían pruebas para sostener una acusación de ese tipo. Más tarde, mientras Petro insistía en el fraude, fue explícito: “Reconozco los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial”.
Luego vino una señal clara de que Petro empezaba a perder protagonismo. Su propuesta de convocar una Constituyente para concretar por esa vía las reformas que el Congreso no había aprobado —una idea que Cepeda nunca respaldó— quedó a un lado cuando se anunció públicamente la suspensión de la recolección de firmas para impulsarla.
Los símbolos
Analistas consideran que uno de los pasos en falso más costosos para Cepeda fue su intento de impedir que De la Espriella utilizara la camiseta de la selección colombiana de fútbol. “Ahora se roba la camiseta”, dijo a la prensa. “¿De cuándo acá la selección es patrimonio del señor De la Espriella?”, agregó. Poco después, una jueza le prohibió usar la prenda en “actos de campaña”, en respuesta a una acción de tutela. La medida fue desacatada por "El Tigre" y, según expertos en marketing, en el imaginario colectivo la camiseta quedó asociada al candidato de derecha.
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A esto se sumó que un magistrado del Tribunal Superior de Bogotá admitió una tutela y ordenó a De la Espriella retirar toda la publicidad que incluyera la bandera nacional, el escudo, el saludo de estilo militar e incluso el eslogan “Firmes por la Patria”.
De la Espriella respondió con acciones legales para intentar revertir la medida, pero al mismo tiempo pidió a sus seguidores inundar las redes con mensajes. “Cada celular, cada camiseta de la Selección, cada video que suban diciendo Firme por la Patria es un grito de libertad”, afirmó. Y agregó: “Compartan nuestro himno, nuestras canciones y sigan firmes por la patria mientras ganamos esta lucha jurídica”.
La confrontación
A su imagen, que transmite energía y conceptos diseñados para generar conexión emocional como “Patria Milagro”, De la Espriella ha sumado una propuesta radical: construir diez cárceles al estilo Bukele, recortar en 40% el tamaño del Estado, poner fin a los intentos de diálogo con los grupos armados y desplegar una agenda conservadora contra el aborto y la adopción de niños por parejas del mismo sexo.
Su lenguaje se mantiene pugnaz: así como en su momento prometió “destripar” a la izquierda, ahora califica de “bandidos” a Petro y Cepeda y asegura que los castigará y procesará judicialmente cuando llegue al poder. Ha sostenido la división del país entre “los de siempre” —término con el que engloba a las élites y a quienes han gobernado— y “los nunca”.
Sin mostrar pruebas, ha afirmado que la izquierda prepara una operación de compra de votos y presentó una lista con supuestos funcionarios y congresistas implicados. Al mismo tiempo, pidió a la Fiscalía investigar la presunta presión de grupos armados ilegales que, según él, habrían obligado a votar por Cepeda en un centenar de municipios durante la primera vuelta.
“El denominado ‘voto fusil’ describe una práctica incompatible con cualquier democracia: obligar a los ciudadanos a votar bajo amenaza, presión armada o sometimiento territorial”, señaló De la Espriella en un comunicado.
La derecha tradicional, representada por el Centro Democrático —el partido liderado por el expresidente Uribe— se ha unido bajo su liderazgo. Resta una semana para saber si Colombia da un viraje total o prolonga el ciclo de la izquierda en el poder inaugurado por Gustavo Petro en 2022.