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A menos de una semana de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, las encuestas dibujan un escenario de extrema polarización en Colombia: Iván Cepeda, candidato de izquierda, se reafirma en el primer lugar, mientras la derecha radical de Abelardo de la Espriella se consolida en el segundo y Paloma Valencia, representante del movimiento liderado por el expresidente Álvaro Uribe, apuesta a los indecisos para remontar en la recta final.

Los sondeos apuntan a que difícilmente habrá un ganador en la primera vuelta y todo se decidirá en un balotaje en el que se espera con elevada probabilidad la presencia de Cepeda. Su contendor, de acuerdo con los sondeos, podría ser De la Espriella, lo que marcaría una señal clara de que la ultraderecha penetró en una parte significativa del electorado, o Valencia, exponente de una derecha tradicional que ha intentado acercarse al centro.

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Iván Cepeda

Las encuestas de AtlasIntel, Guarumo, Invamer y el Centro Nacional de Consultoría, publicadas el fin de semana, asignan a Cepeda pronósticos que oscilan entre 33% y 44%. Sigue De la Espriella, con registros de entre 27% y 37%, mientras Valencia aparece en tercer lugar con un rango de 12% a 21%. Sin embargo, los indecisos —que firmas como Invamer calculan en 12%— dejan un escenario sujeto a cambios de última hora.

Analistas coinciden en que, al revisar los sondeos de los últimos tres meses, emerge una tendencia. Iván Cepeda dejó de crecer y parece haber tocado techo, mientras Abelardo de la Espriella mantiene un movimiento ascendente y Paloma Valencia pierde impulso, algo que busca revertir en lo poco que resta de campaña.

El candidato de Petro

Cepeda, candidato del Pacto Histórico —el movimiento liderado por el presidente Gustavo Petro —, nació en Bogotá hace 63 años y es uno de los referentes de la izquierda colombiana. Filósofo y defensor de derechos humanos, su trayectoria política está marcada por la memoria de su padre, Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994 en medio de la violencia contra la Unión Patriótica. Senador desde 2010, ha consolidado su base en sectores sociales que se han sentido beneficiados por el gobierno de Petro.

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Gustavo Petro Día del Trabajador

Si bien el plan de paz total fracasó, la violencia de los grupos armados recrudeció, el servicio de salud se deterioró, los casos de corrupción han sido notorios y la inversión es débil, Petro dejará el poder con una aprobación que ronda 50% en un entorno donde la expansión del gasto público ha sido determinante para reducir el desempleo, mejorar los indicadores de pobreza y elevar la capacidad de compra del salario mínimo.

“El petrismo ha logrado conectar con los sectores populares que se sentían excluidos del sistema político. Como buen populista ha logrado una movilización importante de actores que no estaban participando en política y que veían sus reclamos desatendidos”, indica Ronal Rodríguez, politólogo y profesor de la Universidad del Rosario, aunque advierte que no hay sostenibilidad en el largo plazo para muchas de las mejoras sustentadas en la chequera del gobierno.

Cepeda surfea sobre esta ola y, sin mayor precisión técnica, promete ampliar programas sociales para beneficiar a ancianos y jóvenes, entregar tierras a campesinos, crear un banco para financiar sectores populares y orientar la contratación pública hacia pequeños proveedores.

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Para solventar el desbalance fiscal plantea aumento de impuestos, lucha contra la corrupción y austeridad. Al mismo tiempo, insiste en la negociación con los grupos armados a través del plan de paz total que ayudó a diseñar, pese a su fracaso.

Desde Barranquilla, en su último mitin, prometió “no más robo de los recursos públicos, no más enriquecimiento ilícito desde cargos para servir a la ciudadanía, no más mafias enquistadas en las instituciones”. Al mismo tiempo reafirmó la “austeridad republicana” y, en una señal de que piensa en De la Espriella como rival, se refirió a “la opción fascista en la actual contienda electoral”.

Tatiana Niño, politóloga y coordinadora de la Fundación Konrad Adenauer, resume que “Cepeda le ha hablado a la población de zonas rurales, en conflicto. Entonces, sea eficiente o no a nivel técnico, tiene un discurso que le llega a un sector de la población donde no tiene repercusión la derecha”.

El tigre

De abogado penalista a fenómeno político, Abelardo de la Espriella se presenta como “un tigre que ruge en la selva de la historia” y ha logrado aglutinar a un sector desencantado con los partidos tradicionales, deseoso de un discurso de mano dura contra los grupos armados. Se proyecta como un outsider de ideas radicales que se identifica con mandatarios como Donald Trump y Nayib Bukele.

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Abelardo de la Espriella

“Yo no vine a ser la política de siempre. Yo vine a cambiar la política para siempre”, afirma. Sostiene que reducirá el tamaño del Estado en 40% en los cuatro años de gobierno, tendrá ministros que sean empresarios "porque son los que saben generar riqueza" y asegura que los embajadores que no vendan productos colombianos “van para afuera”. Ha prometido “destripar la izquierda” y recientemente llamó la atención sobre el tamaño de sus genitales como signo de hombría.

Tiene una fórmula sencilla para la economía. “Recoger lo que hay sobre la mesa”, es decir, acabar con exenciones tributarias, con la corrupción y la evasión de impuestos. Con este dinero, activar motores como el agro, turismo, nuevas tecnologías. En paralelo dar “seguridad física y jurídica para recuperar la confianza de los inversionistas”.

Contempla pedir ayuda a Estados Unidos e Israel para combatir a los grupos armados, incluso bombardeando campamentos. “En los primeros 15 días voy a capturar 10 cabecillas, capturándolos o dándoles de baja cuando se resistan, te aseguro que van a saber lo duro que muerde el tigre”, afirmó.

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Seguidores de De la Espriella

Algunos de los reparos a su figura política provienen de las sombras que arrastra de su pasado como abogado. Dos nombres concentran buena parte de esas críticas: Alex Saab, señalado como operador financiero de Nicolás Maduro y acusado de lavado de dinero en Estados Unidos, y David Murcia, creador de la firma DMG, responsable de un esquema piramidal que arruinó a más de 200.000 clientes.

“De ganar De la Espriella, seguramente tendríamos una política retaliativa con una altísima confrontación y una altísima violencia”, advierte Ronal Rodríguez. Agrega que “el peor error que ha cometido el petrismo es que ha hecho viable figuras como estas que antes no hubiesen tenido ningún tipo de apoyo”.

Para Tatiana Niño, De la Espriella es también el producto de un país “machista y homofóbico” y representa a un “colombiano promedio que cree que está bien con mano dura y hablar fuerte”.

La apuesta por el centro

Nacida en Popayán en 1978, Paloma Valencia proviene de dos familias influyentes: es nieta del expresidente Guillermo León Valencia y del intelectual Mario Laserna. Abogada y filósofa formada en la Universidad de los Andes, con estudios de escritura creativa en Nueva York, inició su carrera en medios antes de llegar al Senado en 2014.

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Paloma Valencia

Tras imponerse en la consulta del Centro Democrático —el partido fundado por Álvaro Uribe— y sumar apoyos de sectores de centro, Valencia comenzó a escalar en los sondeos. Sin embargo, la irrupción de Abelardo de la Espriella ha fracturado a la derecha y se ha convertido en un obstáculo clave para que Valencia asegure su pase a la segunda vuelta.

Analistas sostienen que el viraje de Paloma Valencia hacia el centro le ha costado un trasvase de votantes de derecha hacia la opción radical de Abelardo de la Espriella. Aun así, su campaña apuesta a los indecisos. “A estas alturas hay que ir por los indecisos porque las bases de cada quien ya están muy consolidadas”, explicó su estratega Luis David Duque.

Ha propuesto desmantelar la política de paz total para dar paso a la “seguridad total” basada en el control territorial y un reforzamiento de los cuerpos policiales financiado con un mayor gasto en defensa. Recientemente señaló que “los hampones tienen que ir a la cárcel; aquí no puede haber más chocholeos (consentimientos) con los criminales”.

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Valencia insiste en que el Estado debe reducirse, pero advierte que la salida a los problemas fiscales pasa por el crecimiento, y eso implica recortar impuestos. Su visión liberal se combina con un énfasis en el sector informal —“la verdadera economía”— donde trabaja más de la mitad de los colombianos. Promete facilitar acceso a mercados, construir historial crediticio y fomentar cooperativas para compras al por mayor.

En su último acto público se refirió a los sondeos que la colocan en el tercer lugar y afirmó: “Yo no estoy para ganar encuestas, estoy para ganar la presidencia”. Si queda fuera en la primera vuelta, el país se enfrentará a una segunda ronda marcada por una polarización inédita entre Cepeda y De la Espriella, la más intensa en cualquier elección reciente.

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