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En una nueva prueba de pretemporada que sirvió para ajustar piezas y dar rodaje a las principales figuras del plantel, Federico Valverde volvió a dejar en claro su peso específico dentro de la estructura de Real Madrid. Portando la cinta de capitán y saliendo como titular, el volante uruguayo completó una actuación sólida durante los minutos que estuvo en cancha, desplegando su habitual despliegue físico, panorama de juego y entrega incansable en la mitad de la cancha, en lo que fue el 2-2 contra Fiorentina de Italia.

Desde el pitazo inicial, el jugador de la selección uruguaya asumió el liderazgo del equipo. Manejó los tiempos del mediocampo, presionó la salida rival con la intensidad que lo caracteriza y conectó con las líneas ofensivas.

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Su presencia en el once inicial confirmó una vez más la confianza plena que el cuerpo técnico deposita en su jerarquía, consolidándolo no solo como un pilar táctico, sino también como una voz de mando dentro del vestuario merengue.

Sin embargo, el momento más destacado y comentado de la jornada se produjo al cumplirse su ciclo de minutos programados. Cuando el cartel luminoso anunció la sustitución de Valverde para dar paso a un compañero y dosificar cargas físicas, el estadio entero aplaudió el desgaste del uruguayo. Pero el gesto que se robó todas las miradas ocurrió al costado del campo de juego.

El abrazo con José Mourinho, su nuevo técnico, al salir de la cancha

Al abandonar el terreno, Federico Valverde se cruzó con José Mourinho, histórico entrenador y flamante DT de este Real Madrid que observaba atentamente el desarrollo del compromiso.

Lejos de ser un simple saludo protocolar, el estratega portugués esperó al volante uruguayo con una sonrisa y le brindó un cálido y prolongado abrazo, acompañado de palabras de afecto al oído.

El cruce representó un verdadero choque de épocas y un reconocimiento explícito del DT luso hacia la evolución de Valverde, un futbolista que encarna a la perfección la mística, el carácter y la disciplina que siempre admiró Mourinho en sus dirigidos.

Tras el afectuoso saludo, el uruguayo caminó hacia el banco de suplentes dejando una de las postales más significativas del encuentro amistoso.

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