Pocas veces el fútbol expone contrastes tan brutales en cuestión de horas. Diego Aguirre vive días de emociones cruzadas: según pudo saber Referí, este lunes celebrará junto a sus compañeros del plantel de 1987 un nuevo aniversario de la conquista de la quinta Copa Libertadores de Peñarol, para luego, apenas unas horas después, armar las valijas y encerrarse en Solanas a intentar rescatar a un equipo actual en caída libre.

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Este sábado se cumplieron exactamente 39 años de aquella noche mágica en Santiago de Chile, cuando un agónico zurdazo de Aguirre en el último suspiro del alargue desató la locura y grabó su nombre para siempre en el olimpo aurinegro.

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Este lunes, el reencuentro con los héroes de 1987 servirá para brindar por aquella hazaña inigualable.

De la cena a concentrar cinco días en Solanas

Sin embargo, el presente le devuelve una mueca feroz. Lejos del brillo continental, Diego Aguirre enfrenta un clima espeso: su equipo lleva cinco encuentros sin ganar, muestra un nivel preocupante y viene de un opaco empate ante Wanderers 1-1 y en la hora con gol de Luis Angulo.

Por eso, el martes cambiará las copas del recuerdo por el aislamiento en Maldonado.

Junto a Ignacio Ruglio, Aguirre resolvió concentrar cinco días a todo el plantel en Solanas.

El objetivo es cortar la rutina, recuperar la memoria colectiva y sanar la fractura anímica antes de las finales ante Defensor y Cerro Largo.

Aguirre viaja entre dos mundos: la mística imborrable de su juventud y la urgencia desesperada de salvar 2026.

Temas:

Diego Aguirre Peñarol Copa Libertadores

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