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La historia de Nacional ha tenido momentos trágicos”. Así lo definió Hernán Navascués, dirigente e historiador tricolor, parado al lado del ataúd de Juan Izquierdo. Afuera, una multitud hacía silencio frente a la sede social del club, durante horas pegados a las rejas con la ilusión, ya frustrada, de dar su último adiós.

Una historia de momentos trágicos. Hace poco más de un año, en julio de 2023, el Salón Cristal Dante Iocco, centro de la sede de Nacional, había oficiado de sala velatoria para despedir a José Fuentes, presidente del club. Este jueves los restos en el medio de la sala eran los de Izquierdo, acompañados de su familia, jugadores, dirigentes, amigos, y miles de hinchas que se acercaron.

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“En mis largos años que he actuado en el Club Nacional de Football fueron varias las veces que tuve que despedir a personas que tuvieron una vida significativa en el club. Pero nunca he vivido un momento tan doloroso como el de hoy”, lamentó –ante el silencio del salón– Navascués, que recordó a los hermanos Céspedes, el suicidio de Abdón Porte, el accidente fatal de Diego “Oreja” Rodríguez. Y ahora Izquierdo.

El historiador no mencionó a Santiago “Morro” García, que se suicidó en febrero de 2021, pero en las rejas de la sede sí lo hicieron. “Cuidamelo”, le pedían algunos carteles pegados con cinta. Estaban rodeados de banderas de Nacional y Uruguay, camisetas de distintos equipos –varias de ellas de Peñarol– y cientos de flores y ramos.

La multitud que sobrepasó lo planificado

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Una multitud frente a la sede de Nacional

10:50 de la mañana. La avenida 8 de Octubre estaba cerrada y al llegar se veía una fila gigante que empezaba en la puerta de la sede, se abría hacia Jaime Cibils a la derecha, y daba una vuelta en forma de herradura para terminar frente a la sede.

En 10 minutos abrirían las puertas a la gente para que, hasta las 13:00, pudiera despedirse del jugador, aunque sea por unos segundos.

La mayoría son de Nacional, pero hay muchos de Peñarol y también de Liverpool, el club en el que se formó Izquierdo y con el que salió campeón en 2023. No hubo incidentes.

Pero también están otros, como un fanático de Progreso, que colgó unas banderas del equipo de La Teja. Incluso una de ellas “bendecida” por el Papa Juan Pablo II cuando visitó Uruguay en 1987, según recordó mientras explicaba por qué, para él, era una “obligación moral” apoyar al pueblo tricolor.

A las 11:00 abrirían las puertas, pero la cantidad de gente agolpada retrasó la operativa. Debieron pasar 20 minutos para que los primeros en entrar fueran los miembros de la prensa y, luego de ellos, los primeros hinchas.

Allí estaban, en el fondo del Salón Cristal, los restos de Izquierdo. A su lado, su familia, que volvió de Brasil este miércoles en un avión de la Fuerza Aérea. También estaban dirigentes de Nacional y del fútbol uruguayo.

Todo el plantel de Nacional estuvo presente, pero también futbolistas de Progreso, River Plate y Cerro, entre otros. Exfiguras del club como Jorge Seré y Óscar Javier Morales, Sebastián Taborda, representante de Izquierdo, todos ellos también estuvieron.

Los jugadores de Sao Paulo, el club contra el que jugaba Izquierdo cuando se desplomó en el medio del Morumbí, viajaron especialmente para despedirlo.

Lo hicieron el uruguayo Michel Araujo, los argentinos Johnatan Calleri y Giuliano Galoppo, y los brasileños Raphinha y Wellington. Se tomaron un avión el miércoles de noche, después de jugar contra Atlético Mineiro (con camisetas que llevaban el apellido de Izquierdo en la espalda), para estar presentes.

Sobre el ataúd, una bandera de Nacional y una bandera de Peñarol. A su alrededor, hinchas del bolso abrazados a hinchas del carbonero.

Juan va a ser uno más de todos los uruguayos”, dijo en una rueda de prensa el presidente de Nacional, Alejandro Balbi. Estaba “destruido”, con la voz entrecortada, pero no se ponía “ni siquiera en los zapatos de la familia”, con la que compartió la mayoría de los días de “agonía” en San Pablo.

Las barras ordenando el acceso

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Muchos entraban tristes, soltaban alguna lágrima. Otros directamente salían desconsolados y tuvieron que sentarse para recuperar fuerzas.

Al principio la seguridad del club dejó pasar al público, de a 20 personas por tanda. Pero los minutos pasaban y la multitud no disminuía, lo que empezó a molestar.

Los ánimos se terminaron de crispar a las 12:20. Una mujer embarazada se desvaneció entre el tumulto, y en el medio del pedido de auxilio comenzaron los gritos entre la seguridad y las personas presentes.

— Esto tiene que ser un circuito, estamos entrando de a diez personas, hay solo un acceso —gritó un hincha.

— ¿Vos te pensás que no lo pensamos?— le respondió el seguridad.

Algunas personas gritaban para que la organización hiciera algo y otras para callar a la gente que se quejaba porque eso no era una “partido de fútbol”. “Hay que respetar el momento”, contestaba otro.

La solución llegó de parte de un barra que, al parecer, estaba en la organización del evento junto a algunos compañeros. El joven dijo que iban a abrir más el portón e iban a dejar pasar a más personas por tanda. La gente aplaudió.

Hay que correrse un poco más al costadito que esta no es una exhibición”, le pidió el barra a los presentes y apagó los aplausos que quedaban.

El portón se abrió más y las tandas pasaron a ser de unas 40 personas.

Entre esos grupos de gente apareció el “Negro Tito”, histórico utilero de Peñarol. Pasó e iba a quedarse solo unos segundos más a un costado, pero “Toto”, histórico utilero de Cerro, le dijo a los guardias que lo dejaran pasar.

Los que se quedaron afuera y el canto del final

A las 12:45 seguían siendo miles las personas que esperaban afuera cuando Balbi anunció que –tras sus palabras finales y las de Navascués– se terminaría el velorio. “No pasa más nadie”, había dicho unos minutos antes un empleado de Nacional a los medios presentes. Muchos, que habían llegado rato antes, quedaron afuera.

Tras unos minutos en los que la familia quedó a solas con Juan, Balbi y Diego Polenta, capitán de Nacional, encabezaron el cortejo fúnebre, en un pasillo que partió en dos a la multitud.

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Mucha gente se codeaba para poder estar en la primera fila de la multitud y darle un último adiós al jugador tricolor.

Un aplauso cerrado empezó a sonar. Lo siguió un canto emblemático del tricolor, acompañado de los bombos y trompetas de la barra.

“Del bolso soy y vos sos la alegría de mi corazón. Vos sos mi vida, vos sos mi pasión, daría la vida por salir campeón. Y a mí no me interesa en que cancha jugués, local o visitante yo te vengo a ver. Ni la muerte nos va a separar, desde el cielo te voy a alentar”.

Y el orden, que tanto costó lograr, desapareció.

Decenas de flores y banderas cayeron sobre el auto que llevaría los restos de Izquierdo. La familia de Izquierdo lloraba desconsolada. También varios hinchas.

Una barrera humana permitió, minutos después, que el cortejo finalmente partiera. Los hinchas acompañaron caminando por algunas cuadras, mientras los aplausos y cánticos se iban diluyendo.

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