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Punta Ballena, 13 de julio de 1952. Margarita Xirgu escribe una carta a su amiga Alicia Rodríguez, esposa de Ángel Curotto, dando cuenta de lo que ha encontrado allí en ese rincón de la costa uruguaya. Un trazo de tinta, como el testimonio de lo que sería luego el arraigo a un territorio.

Alicia querida, su tierra sigue gustándome cada día más. Esto está más hermoso que en verano. El rinconcito de la solana para nosotros solos. (...) El bosque de las madreselvas, más precioso que nunca. Alicia querida, su tierra sigue gustándome cada día más. Esto está más hermoso que en verano. El rinconcito de la solana para nosotros solos. (...) El bosque de las madreselvas, más precioso que nunca.

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Directora de la Comedia Nacional y fundadora de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD), Xirgu pasó los últimos años de su vida vinculada a Punta Ballena y a la comunidad que había encontrado en ese paisaje que les hacía acordar, por momentos, a la Costa Brava.

Es que Margarita Xirgu inició en 1936 su cuarta gira por América. La actriz, directora y empresaria catalana empezaba así un viaje del que ya no regresaría: el estallido de la guerra española y el devenir de la dictadura franquista la destinaron a un exilio en el que recaló en el sur.

Cuando la compañía de Xirgu estrenó El malentendido de Albert Camus en el Teatro Argentino de Buenos Aires, la obra fue prohibida por el gobierno de Juan Domingo Perón. Entonces, fue invitada por la Comisión de Teatros Municipales, presidida por Justino Zavala Muniz, a instalarse en Montevideo para encargarse de un ambicioso proyecto cultural: ser una de las directoras de la novel Comedia Nacional y crear la Escuela Municipal de Arte Dramático (Emad), que hoy lleva su nombre.

Desde entonces la directora se convirtió en una de las figuras fundacionales de la institucionalidad teatral uruguaya, maestra de una generación de actores como Estela Medina, Estela Castro, China Zorrilla o Juan Jones y una pieza clave en el teatro moderno.

China Zorrilla, Enrique Guarnero, Margarita Xirgu, Alberto Candeau y Maruja Santullo

En una conferencia dirigida por la investigadora francesa Adeline Chainais, quien pasó una temporada en Uruguay tras los pasos de Xirgu, destacó que ya desde principios de los años 50’ la directora encontró en la costa local lugares donde descansar de su actividad habitual. Primero en Parque del Plata y después en Punta Ballena.

“Sufría una enfermedad pulmonar, tenía solo un pulmón, y desde niña necesitaba temporadas para descansar fuera de la ciudad en un entorno natural. En particular este entorno le encantaba”, expresó Chainais en una conferencia junto a Laura Pouso, actual directora de la Emad.

Esa carta, dirigida a la esposa de Angel Curotto –una de las figuras ineludibles del teatro, integrante de la Comisión de Teatros Municipales y uno de los creadores de la Comedia Nacional–, la escribió durante una visita al chalet Ul-De-Ter del médico catalán Juan Cuatrecasas. En el terreno vecino al que años después se convertiría en su hogar lejos de casa.

Un lugar que se convirtió en su escenario más habitual durante 12 años, desde que renunció a la dirección escuela hasta su muerte en 1969. Una casa que, casi 70 años después de su construcción, fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Una casa a medida

En abril de 1957 la directora parte junto a su esposo, Miguel Ortín, a una nueva gira teatral que la mantendría alejada de Uruguay durante algunos meses. Antes de partir, Xirgu encomienda la construcción de su casa en Punta Ballena.

Construida por el estudio de los arquitectos Guillermo Jones Odriozola y Francisco Villegas Berro, ubicada en la emblemática urbanización diseñada por Antonio Bonet, la casa fue todo lo que habían pedido.

Un hogar amplio con una estufa en el centro, un comedor que a pesar de la altura de sus techos lograba cierta intimidad hogareña, enormes ventanas que dejaban entrar la luz. Un garaje para los dos autos que no tenían, pero se llenaba cuando recibían visitas. La parada de la Onda a pocos pasos. Un parque que envolvía a la casa y parecía entrar por sus amplios ventanales. La brisa de la costa. Un patio-terraza desde donde se veía el agua.

Buenos Aires, 7 de agosto de 1958. Margarita Xirgu le escribe una carta a Natalia Valenzuela.

Disfruto de mi jubilación en Uruguay. Estas gentes de aquí nos quieren. (...) Si conocieras nuestra casa de Punta Ballena te gustaría. La playa es grande, enorme, preciosa. El lugar es precioso con pinos, eucaliptus, madroños, castaños, encinas, álamos, naranjos; en fin, el señor Lussich que hace muchos años convirtió un arenal en un frondoso bosque tuvo muy buen gusto. Disfruto de mi jubilación en Uruguay. Estas gentes de aquí nos quieren. (...) Si conocieras nuestra casa de Punta Ballena te gustaría. La playa es grande, enorme, preciosa. El lugar es precioso con pinos, eucaliptus, madroños, castaños, encinas, álamos, naranjos; en fin, el señor Lussich que hace muchos años convirtió un arenal en un frondoso bosque tuvo muy buen gusto.

“Punta Ballena era otra historia en aquella época”, dice a El Observador Selva Ferreres, una de las hijas del arquitecto y paisajista Juan Ferreres, quien participó también de la creación de aquel hogar y que se convirtió en un amigo cercano de la familia. “Una de las cosas maravillosas es que cuando ella volvió, dijo que el arquitecto había interpretado exactamente lo que ella quería”.

Su padre era parte de aquella cofradía casi familiar que durante años mantuvo la intención de regresar para la próxima Navidad pero finalmente encontró en ese remanso de Maldonado su lugar. Punta Ballena era entonces un refugio de exiliados catalanes que huían de la España de Francisco Franco y compartían historia, tradiciones y principios.

En 2023 el investigador catalán Francesc Foguet i Boreu, biógrafo de Xirgu y compilador de su epistolario, visitó la casa de Punta Ballena para encontrar allí algunos trazos de la historia de la artista. Su perfil más íntimo, doméstico, familiar. "Hay una idea de Xirgu como una persona quizá un poco intransigente, muy metódica, muy exigente, pero después si empiezas a conocer gente que ha vivido con ella esa imagen se matiza. La persona que nos enseñó la casa era la hija de un vecino y le pregunté cómo era Xirgu ellos: 'Como si fuese una abuela'", dijo entonces a El Observador.

Aquella vecina era Selva, quien recuerda los fines de semana que pasaba en el departamento de Montevideo cuando estudiaba pupila en la capital o las veces que su hermana menor, con apenas tres o cuatro años, jugaba a disfrazarse con la ropa de su placard y actuaba para ella.

Ferreres cuenta que la actriz “disfrutaba muchísimo la casa porque a cada hora del día tenía un lugarcito para estar de acuerdo al movimiento del sol”. Y recuerda particularmente un mueble repleto de fotografías de los niños que habían nacido en su familia luego de que se fue de su tierra.

Finalmente, Margarita Xirgu y Miguel Ortín hicieron un hogar de aquella casa moderna. “Es una arquitectura muy de vanguardia, que tiene que ver con el gusto y con una cuestión cultural. No necesariamente ese tipo de arquitectura era aceptada por el público en general”, destaca la arquitecta Soledad Patiño.

Cuando comenzó la investigación de su tesis de maestría en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República tenía la intención de estudiar una serie de seis casas modernas en Punta Ballena y en Punta del Este. Sin embargo, algo cambió. “Empecé por esta casa y quedé completamente atrapada por toda su historia”.

Un dibujo de la casa de Xirgu abrió un proceso de investigación en torno a la casa, una de las exponentes de aquel movimiento moderno y de una urbanización particular, pero también vinculada a los procesos creativos.

Patiño, cuya investigación se convirtió luego en el libro El dibujo habitado, detalló que las casas de la zona fueron construidas justo antes de que Punta Ballena y particularmente Punta del Este, tuviera una “inflexión” y comenzara a crecer en altura. Según los datos que encontró, para cuando la casa de Margarita se construyó había apenas 50 casas en la zona y hacía poco tiempo que había llegado la luz eléctrica.

“La casa tiene un valor arquitectónico por sus cualidades formales, espaciales, materiales, por ser parte de una etapa muy prolífica de la arquitectura moderna de nuestro país muy reconocida internacionalmente. Y después porque era la casa de Margarita, con todo lo que eso implica y lo que significaba esa casa como centro de reunión”.

La casa, como escenario de una vida dedicada al teatro pero también el escenario de una comunidad consolidada en el encuentro. Un centro de reunión para actores, poetas, artistas plásticos, dramaturgos, escritores, políticos, y el recuerdo de Federico García Lorca.

El año pasado, la Unión Vecinal de Punta Ballena (UVPB) en conjunto con el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) de Uruguay remitió a la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación una nota en la que recogía un planteo realizado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República una década atrás. Un relevamiento del “patrimonio moderno, edilicio y urbano del Uruguay” que incluyó en aquel momento la Casa Xirgu.

Una solicitud impulsada como forma de reavivar su evaluación una vez que la casa salió a la venta. “La casa está ubicada en una zonificación comercial y con un terreno enorme corría riesgos, sin ningún tipo de protección, de que el que la comprara la tirara abajo e hiciera lo que quisiera”, dijo la presidenta de la unión vecinal, Gabriela Asuaga, a El Observador.

En la petición, que publicó en su momento la diaria, las organizaciones destacaban que se trataba de “una pieza ejemplar que requiere ser protegida lo antes posible”, ya que mostraba signos de un “progresivo deterioro”.

Recientemente la casa fue declarada Monumento Histórico Nacional, según informaron medios de Maldonado y confirmó El Observador. Asuaga lo destaca como un “doble reconocimiento”: a la obra de Jones Odriozola, representativa del período moderno de la arquitectura uruguaya, y a su vez como la última morada de Xirgu. “Una casa construida a su medida”.

“La comunidad de Punta Ballena tiene muchísima identidad y es muy celosa de su memoria. Hay mucha gente viva todavía que se crió ahí en la casa de Margarita, tiene recuerdos muy vívidos. La casa es un emblema para la memoria de la zona”, destacó la presidenta de la unión vecinal.

Si bien Asuaga celebró el reconocimiento, también señaló que no lograron "salvar la pieza arquitectónica tal cual” fue proyectada. “No llegamos a tiempo”, son las palabras que las entrevistadas traen a la conversación luego de que los vecinos advirtieran que hubo algunas "modificaciones" respecto a su diseño original, antes de su declaración patrimonial.

En 1968, un año antes de su muerte, la periodista y escritora María Esther Gilio se presentó ante la casa de Punta Ballena con su mejor sonrisa de reportera y llamó a la puerta aún después de recibir un escueto telegrama: Xirgú rechaza entrevista. Pero, por más que tocó repetidamente la puerta, solo había silencio y la imagen del living vacío a través del ventanal.

“Tanteé el pestillo; la casa estaba abierta. Los que allí vivían no podían haber ido muy lejos. Volví a golpear y segura, por fin, de estar sola, comencé a recorrer con curiosidad minuciosa ese jardín del que sólo conocía la fachada. Los macizos de flores, los escalones de piedra, las enredaderas. Todo envolviendo la casa, enclaustrándola, protegiéndola de las arenas, que en ese lugar avanzan sin permiso, y de los ojos humanos, que en cualquier parte del mundo, buscan devorar a sus ídolos”, escribió en su libro de entrevistas Protagonistas y sobrevivientes.

Hasta que la vio. Acostada sobre un “largo perezoso de lona” debajo de la arboleda. Entonces, mantuvieron una breve conversación que Gilio describió de la siguiente manera.

– Se lo he dicho a su enviado; no tengo nada que decir. Mi futuro ya no importa a nadie. No tengo proyectos. El teatro es el pasado. Lo que podía dar lo dí, incluso eso ya es tiempo de que se olvide.

- Sus alumnos... Todo nuestro teatro...

- Créame, no quiero hablar, sólo vivir en paz. Me excita. Remover los recuerdos me desvela. En definitiva, me hace daño. ¿Qué puedo ya decir de mí?

- Usted sabe bien que mucho.

- Diga usted lo que vio. Cómo me vio. Así, acostada, bajo los árboles.

- Feliz...

- En paz.

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