Moria Casán entró al teatro de revista desnuda. Desde entonces se arropó entre las luces, las plumas y las lentejuelas, hasta convertirse en un ícono popular, un mito, una revelación.

Era 1968, tenía 22 años y cursaba el cuarto semestre de abogacía en la facultad de derecho cuando fue por primera vez a una función de revista y un compañero de estudios la presentó casualmente con Carlos Petit. “¡Qué mujer tan estupenda!’”, le dijo el director de la revista porteña y Ana María Casanova se fue del teatro con una invitación a la audición que le cambiaría la vida.

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El martes siguiente, después de un examen de Economía Política, llegó al teatro e hizo una una breve audición que sorteó sin problemas como profesora de danza. Debutó esa misma noche, una hora después, en el Teatro Nacional caracterizada como Charles Chaplin. Lentamente se iba sacando la ropa hasta terminar en bikini. “Debuté literalmente desnuda en un escenario sin saber que iba a debutar. O sea que todo lo mío es muy cósmico, muy causal, muy angelado, muy decretado”.

Desde entonces su nombre y su cuerpo figuraron en las marquesinas de los grandes teatros de la calle Corrientes, Mar del Plata, Villa Carlos Paz, Punta del Este y Las Vegas. Desde 1973 llegó al cine con los hermanos Hugo y Gerardo Sofovich en Los caballeros de la cama redonda y comenzó una prolífica carrera cinematográfica, después vinieron telenovelas y los talk shows. 58 años de carrera. Y contando.

Todos creían que conocían la figura y las curvas de Moria Casán. O de Moria sencillamente, como aquellos iconos que apenas se identifican con un nombre, como Diego o Madonna. Pero el hecho de haber empezado su carrera en torno al culto del cuerpo fue para Moria un punto de partida desde el cual “trascender”. “En aquella época, te cosificaban, sólo importaba el físico, porque si vas a ver a alguien desnudo, ¡qué te importa que lea a Cortázar o a Borges!”, recordó en entrevista con Región Digital.

Fue la primera vedette en interpretar monólogos en el escenario, un protagónico reservado sólo para los capocómicos del momento. “Las mujeres eran como muy de decorado y yo fui la primera mujer que mostrando el cuerpo empezó a hablar, a tener ideas, a mandar personalidad y a ser bravísima de gladiadora, abriendo puertas, abriendo cabezas y abriendo feminismo desde siempre”.

Lengua karateka. La verborragia de una mujer indomable para los estándares de su época. Sus palabras han pasado a formar parte de un Diccionario Casán: un decálogo de un lunfardo mediático y popular.

¿Quiénes son? Soy una ajedrecista de la dialéctica. Fijate cómo se cuelgan de mis tetas. Soy la hermafrodita del espectáculo. Si querés llorar, llorá; si querés reír, reí. Si yo soy cotillón. vos sos papel picado. Acercate, negra. ¿Cómo nos vamos a pelear? Por favor, somos mujeres del espectáculo.

Si hay un término que describe la trayectoria de Moria Casán es trasgresión. Esa capacidad de empujar los límites o directamente romperlos, aunque sea en el marco de aquella objetificación que en los años 80’ que se disfrazaba como “destape”. “Yo huía de cosificarme como mujer, aunque trabajara desnuda, pero había que pasarlo. Yo desdramatizo y desacralizo todo, para mí no fue difícil, no fue un camino de espinas, en verdad... he pasado –y seguiré pasando al ser una mujer intensa– sufrimientos y cosas bravas, pero no me instalo en eso, lo atravieso”.

Me impresiona mi fama

“Provoco lo que se llama estupor, en el lenguaje del derecho se llama temor reverencial. Cuando la gente me ve queda estupefacta, no sabe si ve un poster, si ve una película de Porcel y Olmedo, si ve un programa de televisión, si ve a la Difunta Correa, el Gauchito Gil, el Indio Solari”, dijo Casán a Página 12 en 2022 cuando encarnaba a Julio César.

Porque Moria Casán se construyó a sí misma en parte de la iconografía argentina. Ese camino de construcción (y reconstrucción constante) es el que vuelve a andar en Moria, la serie de Netflix en la que es la voz narrativa de su propia vida. Como un enigma, Moria Casán se vuelve a entregar a un público aún más expansivo, dispuesto a desenvolver las capas de su fama.

“Si yo me quiero comer un sándwich de chorizo en la costanera con los camioneros, lo como. Si tengo ganas de ir al Once, voy. No vivo encapsulada en mi supuesto divismo. Si yo trabajé para ser conocida me parece una estupidez trabajar para ser anónima”, dijo en 2008 a la revista Siete días.

Dice que le impresiona su fama. Su imagen pasó como una estampita al acervo popular. Y, especialmente, una figura santificada para la comunidad LGBT+.

Una mujer que se ha reinventado desde las tablas de Calle Corrientes al prime time de televisión donde abrió su Club Privado, llevó políticos A la cama con Moria y fue Con pecado concebida. Jerarquizó la pista del Bailando y fue estrella de memorables móviles de chimentos. Se convirtió en meme y en la inspiración de una de las popstars más grandes de esta generación. Monumental Moria. “Yo me hice, me construí y el público me termina de construir porque me compra".

Moria ha trascendido los lenguajes, las plataformas y las generaciones. Todo eso que personifica la cultura popular argentina.

“Estoy incorporada al paisaje. Soy como el Obelisco. El Obelisco con tetas”, le dijo Moria a Clarín en 1992 y pasó a ser una de sus frases memorables. Porque estar incorporada al paisaje tiene que ver con haber sido una figura mediática durante más de medio siglo incluso de este lado del Río de la Plata.

“Moria Casán es mi religión, mi manera de vivir”, dijo a El Observador una muchacha que la esperaba una calurosa noche de fallos en el verano del 2024, cuando La One conoció el Carnaval montevideano.

What pass, papi?

Parece haber pocos secretos en la vida de Moria Casán. Una vida que podría ser guionada por un escritor delirante: éxitos, dolores, excentricidades, periodos carcelarios, fama, violencia y sensualidad en una atmósfera que recorre medio siglo de la farándula porteña.

Y si hay algo que Moria tiene claro es que ella es la dueña de su propio relato. “¿Cómo se cuenta una vida? Mi vida. Yo no soy una persona común, mi historia tampoco. Soy el obelisco con tetas”, se escucha su voz en el adelanto de la serie que se estrenó este viernes.

Moria cree que no hay ningún ser humano en el ámbito artístico que se haya desnudado y dicho más su verdad más frente a cámaras que ella. “Yo estoy muy acostumbrada a que la gente conozca mi historia contada por mí, porque desde que empecé esto se la conté a todo el periodismo que han sido mis analistas. Pero esto es una forma poética y mágica y exquisita de reflejar mi vida”, dijo recientemente en las redes de la plataforma al hablar de la serie.

Tres grandes actrices se ponen bajo su piel en distintas etapas de su vida. Griselda Siciliani, Cecilia Roth y su hija, Sofía Gala Castiglione, conforman el arco vital de la artista desde su juventud hasta su presente. Tres veces Moria. “Tengo sobredosis de mí”, dijo Casán este lunes en Olga.

Moria está dirigida por Javier Van de Couter (Tesis de una domesticación, 2025; Cris Miró, 2024), quien también co-guionó la historia junto a Martín Vatenberg y Donna Tefa Sanguinetti.

“Es todo elevado. Todo es un proceso que no tiene nada que ver con nada, con ninguna otra serie. Es mi vida ficcionada. Muy realismo mágico, surrealismo también, es medio distópico y no está romantizada. La verdad está con fortaleza”.

La verdad no se oculta en las sombras de las lentejuelas. Moria promete entrar también en los momentos más oscuros de su vida, en sus relaciones más turbulentas, en su período de prisión en Paraguay y en el complejo vínculo que sostuvo con su hija durante buena parte de este siglo. Moria debajo de los escenarios, lejos de las luces y las cámaras. La mujer, detrás del mito.

“Yo creo que en definitiva es la historia de amor de una madre con una hija, solas. Solas en el mundo del espectáculo, construyéndonos”, concluyó en el programa de streaming.

En la entrevista, Casán contó que fue parte del proceso de creación de los textos y los editó de forma implacable. “Esto está muy light”, recuerda haber dicho después de leer los primeros borradores de su historia. “Hay que meter otra cosa: la verdad. La entrega de la vida es con verdad”.

Moria tiene ocho episodios para contar esa verdad. Apenas una temporada para resumir una vida que no para de sorprenderla con su rostro en las marquesinas de las ciudades más diversas del mundo. Ahora, no solo la impresiona su fama.

"Me impresiona estar globalizada”.

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