14 de agosto de 2026 13:04 hs

Un mensaje de amor fue el nacimiento de una canción. Un texto que antes de tener música, sonó como una notificación en un celular.

Me gusta despertarme y pensar en vos primero. Saber que estás conmigo, que sepas que te quiero. Me gusta despertarme y pensar en vos primero. Saber que estás conmigo, que sepas que te quiero.

Ese sería el nacimiento de Cotidiano, la canción que le da nombre al último álbum de la cantautora argentina Cata Raybaud. “Fue como un brote de amor, escribí eso y después dije le tengo que poner música”, recuerda en diálogo con El Observador. Esa sencillez, lo más orgánico de la canción, se fue haciendo un lugar que terminó marcando el pulso de algo nuevo. O, quizás, del regreso a algo esencial.

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Cotidiano es un álbum de diez canciones como un álbum de momentos marcados por la vulnerabilidad del amor. Después de Escorpio (2022), un disco indie pop que la llevó a recorrer escenarios de Latinoamérica y Europa, y tocar en festivales como los del Cosquín Rock o el Sonorama, decidió regresar a algo que se había transformado en más de una década de música: la intimidad de un sonido acústico y personal sostenido en la sutileza.

“Quise volver a mi esencia. Mi esencia es esto: la guitarra y la voz. Vestir las canciones con distintos instrumentos, pero que sean 100% orgánicas. Volver a lo orgánico y al toque, al toque real”.

Sobre Cotidiano, la música como “bálsamo” en momentos de dolor, el amor y la búsqueda artística, habló con El Observador. A continuación un resumen de la entrevista.

Definís este disco como un disco que fue bálsamo y sostén al crearlo. ¿Por qué? ¿Cómo fue ese proceso creativo?

Muy loco porque inicialmente tenía el plan de irme a Colombia a visitar a mis amigos músicos y a tocar, porque siempre nos hizo muy feliz tocar juntos. Tenía un verano relativamente tranquilo y lo planeé con meses de anticipación. Paralelamente me proponen potenciar mi trabajo y empezar con un equipo muy especial. Necesitábamos un disco para salir al ruedo. Un disco nuevo. Levanté el teléfono y dije, Tomás (Pinzón Ríos), amigo, ¿estás para que hagamos un disco más que ir a tocar? De una. Perfecto. Paralelamente mi papá se enferma de cáncer. Fue muy loco porque con toda esa situación de papá empecé a componer las canciones para el disco, a terminar canciones que estaban a medias y a cerrar canciones que ya estaban casi cerradas. Entonces fue como un abrazo, como un bálsamo, convivir con esas dos emociones. Una tristeza enorme de un duelo de alguien que ya se fue y la llegada de estas canciones y este proyecto artístico. Fue convivir con emociones encontradas, con tristeza y felicidad absoluta a la vez.

La música puede acompañarte.

Te sana y te acompaña, sin dudas.

Fuiste a grabar a Bogotá y tenés dos colaboraciones muy particulares en el disco. Una es con Maréh en Dame y el otro es con Laura Pérez en Tantas veces. ¿Cómo se da ese encuentro musical?

Tuve la suerte de poder viajar varias veces con la música de distintos países. A Maréh lo conocí en México, en encuentros de cantautores y amistades, y pegué muy buena onda. Me encanta lo que él hace, me da felicidad. Entonces, cuando compuse Dame sentía que faltaba la energía de Maréh. Era una canción que a mí me llevaba a la playa y sentía que faltaba su voz.

Lo mismo me pasó con Laura. La última vez que fui de gira a Colombia, vino invitada a un concierto mío y nos amamos como personas. Fue como una amistad re linda. Tantas veces es una canción muy íntima, solo de guitarra y voz, y Laura tiene la capacidad de generar unos climas de intimidad. Amo su voz, la escucho por la vida y la quiero mucho también.

Es un disco orgánico, íntimo, acústico, que explora otra parte de ti como cantautora y habla mucho del amor. ¿Cómo exploras esa temática actualmente?

Amo el amor en todas sus formas. En mi vida he transitado muchos amores, viví muchas vidas. Lo que aprendí en los últimos años es que el amor más sano y más lindo es el amor que es independiente. Cuando uno logra estar bien solo y compartirse con la otra persona desde un lugar de independencia. En un amor nuevo y cotidiano encontré distintas maneras de amar. Yo soy de escorpio y eso hace que sea muy pasional, amo con toda el alma. Pero de repente era un amor mucho más pausado. Ese ha sido un aprendizaje enorme y me ha hecho muy bien, me llevó a escribir desde un lugar mucho más profundo del que había logrado habitar en otras canciones o discos anteriores en los que hablaba de amor.

Esta es para vos una forma de regresar a una esencia como cantautora. ¿Sentís que es un disco que representa?

Sí, me agarra en un momento de mi vida donde ya di una vuelta. Ya tengo 40 años, que para algunos será mucho y para otros será muy poco; para mí es lo que es. Pero me encuentra en paz en mi vida. Y eso es un montón. Entonces siento que todo lo que estoy haciendo ahora es 100 % disfrute. Los últimos dos años solo toqué cuando tuve el deseo, solo grabé cuando tuve el deseo, y eso también es un lujo poder dejar de pensar en “hay que hacer”. Porque uno se desprende, se desconecta de uno, o por lo menos eso me pasó a mí. Entonces, de repente, estoy disfrutando y haciendo todo lo que me hace feliz, y todo lo que me va sucediendo lo disfruto de otra manera. Siento que algo se asentó en mi vida.

Llegaste a sentir muy desconectados tu yo artístico de tu yo personal.

Porque soy muy ecléctica, me gustan todos los estilos, me divertiría hacer de todo, pero uno no puede tener un proyecto de cantautor, otro de trap, otro de folclore… o sí, qué sé yo. La vida también pasa y uno como artista está en una búsqueda constante. Estamos en una búsqueda constante y eso te lleva a veces a perderte, para después volver a encontrarte. Siento que con este disco pude volver a ser yo, como la que empezó a hacer música pero desde un lugar mucho más maduro. Y eso me hace feliz.

Hablabas de que los artistas son personas que son curiosas,que están en ese proceso de búsqueda. ¿Cuándo descubriste que tenías alma de artista? Que ese era tu camino.

Era una chica muy tímida. Me daba vergüenza soplar las velitas, saludar a la gente. Me pasa con los artistas que admiro: me da cierto pudor acercarme. Lo termino haciendo porque quiero devolverle el amor que ese artista o esa artista me brindó con su música. Pero siempre amé la música. En casa mamá tocaba la guitarra, cantaba en un coro y había música sonando todo el tiempo. Mi tío tocaba la guitarra y tocaba el piano los fines de semana y empecé a robar la guitarra y trataba de representar lo que él iba tocando. Mamá me enseñó dos acordes y ahí salí al vuelo. Después estudié de grande pero mi vínculo con el instrumento fue más de investigación de oído. Siempre me sentí siempre distinta a mis amigas. En mi interior siempre era la rara en algún punto, aunque tuve suerte de tener lindos grupos de amigas, pero siempre sentí que el arte era una forma de canalizarlo. Era mi descarga, mi compañía.

¿Qué te pasa cuando el disco ya está en los oídos de la gente?

Estoy disfrutando del amor de la gente. Y encima estoy muy emocionada porque voy a cumplir un sueño, que es tenerlo en formato vinilo.

Qué importante es eso de la materialidad de la música, en este momento particularmente.

Para mí es clave. Necesito la copia física porque es realmente poder tocarlo. Es poder tocar. Es poder mirar a los ojos. Es poder en este mundo que cada vez se vuelve más virtual.

¿Cuál es el lugar más impensado del que te ha llevado tu música?

A Venezuela, para mí fue impensado porque fue el primer lugar. No es que viene a Uruguay, que es cruzar el charco, o a Chile, que estamos al lado. No, Venezuela. Un chico de una radio de allá muy conocida me escribió porque había descubierto mi música y le había gustado mucho una canción que tenía con Kevin Johansen, que es un artista que adoro y hace un montón de años vino a cantar en una canción mía como colaboración. Me dice, te quiero armar una gira acá. Y de la nada toqué en Caracas y en Maracaibo. La primera gira que hice, ni siquiera había ido a Córdoba. No, no, directamente a Venezuela. Eso para mí fue muy loco.

No sos para nada ajena a Uruguay, ¿te ha dado canciones?

Venía pensando eso. Hay una que se llama Entre miles de estrellas, que la compuse en Cabo Polonio. Es un sueño mirar el cielo ahí. Es loco, porque podría haber venido mucho más a tocar, a compartir con amigas músicas, pero he venido mucho a descansar, ni siquiera a componer. Esa canción la compuse acá y tal vez Te Quiero Bien, que tiene un poquito de aires brasileños. Son canciones de mi segundo disco.

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