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El fútbol uruguayo está construido sobre cimientos de mística, épica y, fundamentalmente, genética. Con la confirmación del plantel de la selección uruguaya de Marcelo Bielsa liderado de cara al Mundial 2026, el apellido Zalazar vuelve a inscribirse en las páginas doradas de la celeste, ya que Rodrigo Zalazar, el talentoso volante que se ganó la confianza del DT a base de dinámica, despliegue y pegada.

El futbolista, recientemente contratado por Sporting Lisboa de Portugal a Sporting Braga de ese mismo país, asume el desafío de defender a la celeste en la gran cita, completando un círculo familiar que comenzó a trazarse exactamente cuatro décadas atrás.

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José Luis Zalazar con la selección uruguaya ante Brasil

Su padre, José Luis Zalazar, fue un símbolo del talento uruguayo en los años de 1980 y principios de los de 1990.

El popular Cabeza defendió la camiseta de Uruguay en Sudamericanos, Copas América y, de manera consagratoria, formó parte del plantel de Uruguay en el Mundial de México 1986, sumando minutos en el recordado encuentro de fase de grupos ante Dinamarca en el que al equipo le fue mal y cayó goleado 6-1.

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Rodrigo Zalazar debutó con dos goles

Cuarenta años después de aquella experiencia azteca, su hijo Rodrigo recoge el testigo familiar en el Complejo Uruguay Celeste, transformando la historia de los Zalazar en un ejemplo perfecto de legado deportivo transgeneracional.

El tercer caso en Uruguay de padres e hijos

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Julio Montero Castillo con la selección uruguaya en el Mundial de Alemania 74

Si se da el debut de Rodrigo Zalazar en el Mundial 2026, el clan Zalazar ingresa a un listado sumamente exclusivo del fútbol uruguayo: el de los padres e hijos que lograron disputar una fase final de la Copa del Mundo vistiendo a la celeste.

20240913 La selección de Uruguay en la Copa Confederaciones de 1997; arriba, Claudio Flores, Gonzalo De los Santos, Marcelo Zalayeta, Diego López, Paolo Montero y Gustavo Méndez y abajo, Líber Vespa, Nicolás Olivera, Edgardo Adinolfi, Pablo García, y Álva

La selección de Uruguay en la Copa Confederaciones de 1997; arriba, Claudio Flores, Gonzalo De los Santos, Marcelo Zalayeta, Diego López, Paolo Montero y Gustavo Méndez y abajo, Líber Vespa, Nicolás Olivera, Edgardo Adinolfi, Pablo García, y Álvaro Recoba

Hasta el momento, este selecto club solo registraba dos antecedentes ilustres. El primero es el de los Montero, con Julio Montero Castillo -mediocampista en México 70 y Alemania 74- y su hijo Paolo Montero, el emblemático capitán que lideró a la selección en Corea-Japón 2002.

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Pablo Forlán con Uruguay marcando a Johan Cruyff de Holanda en el Mundial de Alemania 74

El otro eslabón dorado pertenece a la dinastía Forlán. Pablo Forlán, lateral derecho de enorme temperamento, representó al país en Inglaterra 66 y Alemania 74. Décadas más tarde, su hijo Diego no solo igualó la hazaña familiar en los Mundiales de 2002, 2010 y 2014, sino que se convirtió en leyenda eterna al ser elegido el Balón de Oro en Sudáfrica 2010.

20241004 Juan Castillo celebrando en el Mundial de Sudáfrica 2010 junto a Diego Forlán, Luis Suárez y Egidio Arévalo Ríos

Juan Castillo celebrando en el Mundial de Sudáfrica 2010 junto a Diego Forlán, Luis Suárez y Egidio Arévalo Ríos

El caso de José Luis y Rodrigo Zalazar reactiva esta tradición tan propia del fútbol uruguayo.

Bajo el exigente sistema de Marcelo Bielsa, Rodrigo no solo corre y juega por el presente de un país que sueña en grande; también lo hace para honrar las huellas de su padre. Una herencia de garra y talento que viaja en la sangre.

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