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A las 15:00 las puertas del Hard Rock Stadium se abrieron para el partido entre Arabia Saudita y la selección uruguaya, en el que la celeste se estrenó en el Mundial 2026, y con ellas llegó una marea latinoamericana.

Los uruguayos eran mayoría, por lejos, pero había una gran variedad de países de Sudamérica como Colombia, Brasil, Bolivia, y otros de Centroamérica como Panamá u Honduras, y todos decían lo mismo: llegaron a alentar a la selección uruguaya.

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Uno era puertorriqueño, y se hizo hincha de la celeste gracias a su esposa, uruguaya. Llevaba el torso desnudo y una máscara de luchador mexicano, porque le gusta disfrazarse. No había ningún significado especial.

También había muchos uruguayos que están hace años en el exterior. Un grupo de tres vive hace 25 años en Estados Unidos, y remarcaron la emoción de ver a su selección en un Mundial.

Otros llegaron de Panamá, una familia entera. Dos de ellos, padre e hijo, estaban todos pintados de celeste y blanco, gracias a la “artista” de la hija. A ambos les emocionaba ver a tantos uruguayos cerca.

El calor fue el gran protagonista de la previa. Las personas se agolpaban como podían debajo de las pocas sombrillas que había en uno de los accesos. La cerveza ayudó a varios.

Había confianza. No hubo una persona que no dijera que Uruguay iba a ganar el partido. Algunos veían una goleada, pero la mayoría con ganar “medio a cero” estaban conformes. Darwin Núñez y Federico Valverde fueron los goleadores más mencionados.

En un momento llegaron los árabes. No eran muchos, pero se juntaron y empezaron a cantar, y eso levantó al público uruguayo, en lo que terminó siendo una competencia de cánticos de barra que duró varios minutos. A una hora del encuentro, ya con un poco más de viento en el aire, comenzó el éxodo de la gente a las tribunas.

Los aplausos a Valverde y la barra de Arabia

Las tribunas del Hard Rock ya son celestes, pero esta vez el color se reforzó con un lleno casi pleno de hinchas uruguayos. Cielo de un Solo Color levantó a la gente, que apenas vio salir a la selección a entrenar se unió en un solo grito.

Llegó el momento de confirmar los onces. La mayoría recibió algunos aplausos y gritos, pero el estadio rugió cuando escuchó el nombre de Federico Valverde.

En la salida de los equipos se generó una nueva explosión. El himno uruguayo retumbó como pocas veces en un estadio mundialista.

Así se sintió el himno uruguayo antes del partido ante Arabia Saudita

Así se sintió el himno uruguayo antes del partido ante Arabia Saudita

Arrancó el partido. La hinchada uruguaya empezó con algunos cánticos característicos, el “soy celeste”, el “volveremos a ser campeones”, el “Uruguay (tres aplausos), Uruguay”, pero la que sorprendió fue la banda árabe.

Ubicada cerca de la tribuna de prensa, y reducidos a un pequeño sector de un costado, los muchachos no pararon de cantar durante todo el encuentro.

En uno de los primeros ataques uruguayos, Fernando Muslera corrió al banco de suplentes apurado. Cuando estaban a punto de lanzar un córner, pidió agua para sus guantes y volvió corriendo a su zona.

Bentancur ordenaba y manejaba los tiempos, hasta indicaba algunos pases. Valverde se empezó a fijar bien cerca de la banda derecha sobre los 30, tras la charla en la pausa de hidratación con Bielsa. Uruguay dominaba pero no concretaba, y la hinchada se comenzó a impacientar.

El entrenador vio que algo venía mal en las pelotas paradas. La primera vez que Abdulelah Al-Amri definió solo para provocar la estirada de Muslera se quejó. Tras un nuevo error en eun segundo córner se paró, y a los 41 estaba en el otro costado del área cuando Hassan Al Tambakti aprovechó la desatención de Bentancur para cabecear, Muslera dejó el rebote y Al-Amri puso el 1-0.

Los últimos minutos de la primera mitad fueron de desazón, y el pitazo del final de esa etapa lo dejó demostrado: Darwin miraba para abajo. Valverde se sumó al equipo con los brazos en jarra. Bielsa se retiró con paso firme y mirando hacia abajo. En las tribunas, en tanto, arrancó un movimiento incesante de gente buscando algo que comer o tomar, que no terminó hasta entrada la segunda mitad.

Un final con gusto a poco

En el segundo tiempo se terminó el experimento Valverde y el doble nueve. Entró Sanabria para sustituir a un Viña que nunca terminó de afianzarse en el partido y Canobbio entró por derecha en sustitución de Darwin, para dejar a Viñas como único nueve y al capitán de la selección de volante ofensivo. El 4-3-3 estaba de vuelta.

A los 55 Canobbio reclamó una plancha, pero el árbitro entendió que fue una situación de juego y dejó seguir. Todo el banco de suplentes protestó al cuarto árbitro, pero un integrante del cuerpo técnico les pidió que volvieran a su lugar.

A los 58 el propio Canobbio tuvo un cabezazo en el primer palo que mandó lejos del arco, y toda la hinchada uruguaya bajó un “No” al unísono. En el tiro al palo de Ugarte Bielsa ya ni quería mirar para arriba.

El soy celeste volvió a los 66, con un tiro libre por izquierda que Valverde probó al arco, y otra vez forzó a Al Owais. Sin embargo, un mal cambió de punta de Varela a Sanabria sin oposición volvió a bajar el fervor. La charla de Bielsa en la nueva pausa de hidratación fue efusiva, e incluyó el ingreso de un De la Cruz que se sumó al círculo de jugadores ya pronto para entrar.

Los suplentes jugaron su parte. Cuando Viñas cabeceó y Araújo puso de rebote el 1-1, Giménez se dirigió a los zagueros y les pidió pensar, jugar con cabeza. Araújo lo gritó con el alma y fue hacia la zona en la que estaba su familia en las tribunas, antes de salir sin que el juego reanudara por Brian Rodríguez.

Un tiro de Valverde de media distancia tras una patriada individual, pocos minutos después, terminó de levantar el ánimo de la tribuna, a pesar de la falta de cánticos.

El final fue un paredón. Todo Uruguay se metió en los alrededores del área de Arabia, ante una defensa asiática que no podía salir de la presión. Los suplentes estaban todos de pie, se agarraban la cabeza ante cada disparo, lamentaban cada ocasión desperdiciada.

Ya sin uñas para comerse, el partido terminó donde estuvo casi todo el partido, sobre todo el segundo tiempo: cerca del arco árabe. Pero no hubo tiempo para más.

Los jugadores se fueron cabizbajos, y Bielsa admitió que tendrían que haber ganado el partido. Valverde, aunque orgulloso por la entrega de los jugadores, reconoció que se regaló el primer tiempo. Todo queda para el domingo.

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