El presidente Lula da Silva y su rival Flávio Bolsonaro se echan en cara todo tipo de acusaciones para ganar las elecciones del domingo en Brasil, donde Estados Unidos suspendió este viernes sus servicios consulares, una medida tomada por motivos de seguridad.

Lula, de 80 años, se mide contra el senador Bolsonaro, de 45, quien además es hijo del exmandatario Jair Bolsonaro. El presidente estadounidense Donald Trump dijo el jueves que sigue "muy de cerca" estas elecciones.

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Estados Unidos suspendió el viernes sus servicios consulares en Brasil por "preocupaciones" relativas a la seguridad. En tanto, Australia cerró su embajada por el mismo motivo, pero ninguna de las dos delegaciones especificó los riesgos detectados.

El coordinador de la campaña de Lula afirmó que esto "es algo inédito" y que "no tiene el menor sentido". "Es una de las formas que tiene Trump de disputar la opinión pública brasileña", afirmó.

Las encuestas dan ventaja al izquierdista, pero prevén un balotaje el 25 de octubre. La campaña estuvo marcada por escándalos de corrupción, incluida una investigación contra Flávio Bolsonaro, mientras que la recta final la dominaron controversias surgidas en redes sociales.

Ambos candidatos creen en la victoria desde la primera vuelta. "Las elecciones se definirán el domingo. Y si no, paciencia", dijo Lula. Mientras que Bolsonaro afirmó que el izquierdista "será expulsado" de la presidencia y que "Brasil ya no lo aguanta".

El tercer mandato de Lula se cierra con un desempleo mínimo, una inflación contenida, pero a la vez una economía que se desacelera y una inseguridad que alarma a los brasileños. En la campaña buscó el apoyo de las clases populares: subió la dotación del programa de asistencia social Bolsa Familia y prohibió las apuestas en línea.

Hasta ahora Trump no apoyó explícitamente a Bolsonaro, si bien respaldó a su padre durante su juicio por golpismo tras perder la reelección contra Lula en 2022. El expresidente fue condenado a 27 años de cárcel.

Bolsonaro hijo, apenas conocido hace unos meses a nivel nacional, le pisó los talones a Lula y su intención de voto no se resintió pese a ser investigado por posible corrupción, tras haberle pedido dinero a un banquero detenido por estafa para una película sobre su padre. El senador, que se define como más moderado que su padre, promete mano dura contra la inseguridad, entre las principales preocupaciones.

Con información de AFP.

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