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Escribe, Roby Schindler, presidente del Comité Israelita del Uruguay

Esta guerra que Israel está librando contra el terrorismo, me recuerda a la pandemia: sabemos cómo y dónde empezó, pero nadie sabe cómo ni en cuánto tiempo se terminará.

Por eso me resulta hipócrita que quienes nacieron y crecieron en un país de paz, como Uruguay, se crean que pueden opinar como si fueran expertos en temas de guerra y de Oriente Medio, sin considerar que el verdadero enfrentamiento es entre dos concepciones filosóficas diferentes: por un lado una parte que ama la vida, y por otro lado, la otra parte odia tanto, que está dispuesta a morir en su intento de eliminar a Israel.

Y no es cuestión de inventar mi propia narrativa.

Está escrito en su carta orgánica: “eliminar al estado de Israel”. Se hace difícil acordar con quién solo desea tu muerte.

Hace seis meses, cuando fui a ver con mis propios ojos la masacre que se había perpetrado en los kibutzim cerca de Gaza, tuve la oportunidad de conocer a Shari Goren, la joven israelí, que estuvo secuestrada 53 días, y que consiguió salvar su vida, gracias al enorme gesto del gobierno uruguayo, que le otorgó la ciudadanía de forma inmediata.

Y la invité a que venga a Uruguay, para que la colectividad judía local la pueda conocer, abrazar, y para que ella misma pueda agradecerle al gobierno de Uruguay por su accionar. Sin embargo, declino la invitación.

Yo no podía entender porqué dijo que no, y cuando le pregunté, me respondió: “Es que para mí, sigue siendo 7 de octubre. Mis dos mejores amigas siguen secuestradas, y hasta que no estén acá, conmigo, con sus familias, la vida no habrá recomenzado.”

No fue hasta ese momento, en que me di cuenta lo difícil que es para un uruguayo, entender la realidad que se vive en aquella parte del mundo.

Se lo difícil que es para quienes vivimos acá, a 12.000 kms de distancia, entender lo que significa que todas las casas, edificios, escuelas, lugares de reunión, etc, allá en israel, tengan que tener refugios antibombas.

Entiendo lo difícil que es para nosotros, los uruguayos, que un país del tamaño de Tacuarembó, como es Israel, deba aprender a convivir con el hecho que tiene menos de un minuto para refugiarse cuando suenan las alarmas, un día sí, y otro también.

Es muy difícil, habiendo nacido en este paraíso llamado Uruguay, que entendamos lo que significa vivir rodeados por quienes lisa y llanamente, declaran que te quieren destruir.

Sin embargo, la gente no lo sabe, o si lo sabe, no le importa.

Pero lo que no puedo entender, como esta situación, especialmente a partir desde hace un año, haya generado tanto odio manifiesto contra el judío.

Me duele ver como creció el antisemitismo.

En las principales capitales del mundo, en las universidades más destacadas de Europa y Estados Unidos, pero también acá, en nuestro querido Uruguay, en nuestras propias facultades, y en los escenarios y calles de nuestro propio país, a través de mensajes mentirosos, tendenciosos, sin tomar en cuenta, el odio que siembran en nuestra sociedad.

Por eso es que hay que redoblar esfuerzos, por eso es que hay que ser más resilientes que nunca, y apoyar al pueblo de Israel.

En este nuevo año 5785 que acaba de iniciarse para el pueblo judío, quisiera pedirle a d´s que liberen a los 101 secuestrados, que las familias puedan re encontrarse, y que reine la tan ansiada paz en esa parte del mundo y en todo el mundo.

Temas:

Guerra en Israel

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