Suiza está excavando un gigantesco pozo de 27 metros de profundidad y más largo que dos campos de fútbol. Aunque a primera vista la obra parece la de una mina o un túnel ferroviario, en realidad forma parte de un ambicioso proyecto energético que busca instalar la batería subterránea de flujo redox más potente del mundo.
La construcción se desarrolla en la localidad de Laufenburg, en el cantón de Argovia, al norte del país. Allí, la empresa FlexBase levanta una infraestructura diseñada para almacenar enormes cantidades de electricidad renovable y liberarla cuando la red energética la necesite.
La razón por la que Suiza cava un pozo enorme de 27 metros de profundidad
El proyecto contempla la instalación de una batería de flujo redox con una capacidad de almacenamiento de entre 2,1 y 3,1 gigavatios hora (GWh) y una potencia superior a 1,2 gigavatios (GW), un nivel comparable al de una central nuclear. Según sus desarrolladores, el sistema podría suministrar energía a unas 210.000 viviendas durante 24 horas.
A diferencia de las de litio tradicionales, las de flujo redox utilizan líquidos electrolíticos para almacenar energía. Entre sus principales ventajas figuran su larga vida útil, su estabilidad y un menor riesgo de incendio. El principal inconveniente es que requieren instalaciones de gran tamaño, lo que explica la magnitud de la excavación en Laufenburg.
La tecnología en la que se basa este sistema fue planteada originalmente en el siglo XIX y posteriormente perfeccionada por la NASA para aplicaciones de almacenamiento energético a gran escala.
El objetivo de la iniciativa es resolver uno de los grandes desafíos de las energías renovables: la intermitencia de la producción. La generación de electricidad mediante paneles solares o parques eólicos depende de las condiciones climáticas y, en muchos casos, produce excedentes que no pueden ser aprovechados de inmediato.
La batería de Laufenburg permitirá almacenar ese excedente de energía cuando la producción sea elevada y devolverlo a la red en momentos de mayor demanda o de menor generación renovable. De esta manera, se busca estabilizar el sistema eléctrico de Suiza y contribuir al suministro energético europeo.
Las previsiones apuntan a que la instalación entre en funcionamiento hacia 2029. Si el cronograma se cumple, la nación helvética podría convertirse en uno de los principales referentes de la región en almacenamiento energético, un aspecto considerado esencial para sostener el crecimiento de las energías renovables en las próximas décadas.