La búsqueda de hidrocarburos en el mar uruguayo registró en los últimos días un nuevo avance con la puesta de manifiesto del proyecto de APA por parte del Ministerio de Ambiente.

La petrolera estadounidense proyecta la realización de un pozo en el bloque OFF-6 de la zona definida por Ancap en una campaña estimada en 110 días de los cuales 76 corresponden a la actividad de perforación y los restantes a tareas de movilización e implantación.

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La publicación de la documentación habilita a la ciudadanía a hacer preguntas y realizar comentarios que funcionarán, a su vez, como insumos para la realización de la audiencia pública, una instancia obligatoria antes de que la empresa reciba la autorización para iniciar las tareas.

Inicialmente, APA esperaba poder hacer el pozo a fin de año o principios del 2027, pero en su último reporte la empresa movió el calendario hacia la mitad del año que viene.

La zona donde se harán los trabajos es cercana a la que fue explorada hace diez años. Está a unos 210 km de la costa uruguaya, entre las isóbatas de 2.000 y 3.000 m.

En los documentos presentados y leídos por El Observador, la empresa señala que la “definición exacta” del punto donde se realizará la perforación se establecerá en etapas más avanzadas del proyecto, ya que es necesario realizar otras actividades previamente.

“Desde un punto de vista ambiental, se entiende que la definición exacta de la posición del pozo resulta innecesaria en este punto del proceso para la evaluación del proyecto, siendo suficiente la definición de un área de potencial ubicación del mismo”, expresa.

La empresa pretende utilizar un “buque de posicionamiento dinámico de última generación”. A su entender, esta tecnología elimina la necesidad de usar anclas y minimiza la “perturbación física del lecho marino”. “La estabilidad se mantiene mediante GPS y un conjunto de transpondedores acústicos”, detalla.

La embarcación principal puede albergar a unas 200 personas, aunque las operaciones de perforación demandarán una plantilla de 100 trabajadores a bordo en turnos rotativos de 12 horas.

La columna vertebral logística operará en el Puerto de Montevideo, donde se solicitaron 8.000 m² adyacentes a muelles para acopio y mezcla de lodos y cemento, junto con 10.000 m² adicionales para depósitos. La planta de lodos abarcará 875 m² con capacidad para 5.000 barriles.

A su vez, el movimiento de personal especializado y carga liviana se canalizará mediante 5 a 6 vuelos semanales de helicóptero. La base aérea se evaluará entre los aeropuertos de Carrasco y Laguna del Sauce.

Durante la operación rutinaria, el impacto más directo será el vertido de lodos y recortes de perforación, que generarán una pluma de sedimentos en el fondo marino.

Las modelaciones indican que estos desechos podrían cubrir un área de hasta 770 metros alrededor del pozo. Aunque la empresa sostiene que la huella es localizada, el estudio admite que en un radio de 109 metros se superarán los umbrales ecológicos, provocando el enterramiento y asfixia de comunidades bentónicas (organismos que viven en el sedimento).

El uso de lodos de base sintética es un punto de especial preocupación: debido a su toxicidad y persistencia, la recuperación total de estos ecosistemas podría demorar varios años.

Un derrame, el peor escenario

Uno de los pilares del informe radica en la modelación de un evento de “pérdida de control del pozo”, considerado el principal impacto negativo del proyecto de exploración.

Para evaluar el caso más desfavorable, los técnicos simularon un vertido continuo no mitigado de 40.000 barriles diarios de crudo ligero durante 30 días, lo que implicaría un volumen total volcado de aproximadamente 162.000 toneladas de hidrocarburo, junto a una liberación diaria de 1,36 millones de metros cúbicos de gas disuelto.

Aunque APA precisa que el tiempo de respuesta real para instalar un dispositivo de sellado traído desde Brasil se estima en 12 días, Ambiente exigió proyectar el impacto a 30 días seguidos de 30 días adicionales de seguimiento hidrodinámico.

Los resultados variaron de manera sustancial según la época del año.

En primavera/verano, la corriente de Brasil orientaría la deriva principal del crudo hacia el suroeste rumbo a la plataforma continental uruguaya. La probabilidad de que el hidrocarburo entre en contacto con la costa es del 0,4%, afectando el litoral de Rocha. El tiempo mínimo de llegada a la orilla se calculó en 26,8 días.

En otoño/invierno, el transporte se invierte hacia el noreste, desplazando la eventual mancha hacia Brasil. La probabilidad de contacto costero en Río Grande del Sur alcanza el 0,6%, con un tiempo mínimo de arribo de 42,6 días.

Un análisis de sensibilidad comparó tres tipos de crudo y concluyó que solo uno era capaz de tocar la costa uruguaya bajo condiciones determinísticas, mientras que los otros no alcanzaron debido a procesos de evaporación o dispersión en la columna de agua.

Fauna amenazada y mitigación

El área del proyecto coincide con una zona de elevada productividad biológica por la convergencia de las corrientes de Brasil y Malvinas. Entre las especies vulnerables figuran cetáceos, lobos marinos, tortugas marinas en peligro de extinción, aves pelágicas (albatros y petreles) y peces comerciales como la merluza y la corvina.

Sin medidas de control, se reporta una calificación de impacto preliminar alta sobre la fauna y usos socioeconómicos. No obstante, tras aplicar el plan de respuesta ante derrames y barreras tecnológicas, la significancia residual se reclasifica como media para recursos biológicos y baja para el medio físico.

Por último, para mitigar el ruido submarino de la perforación y el perfilado sísmico, la empresa propone instrumentar un monitoreo visual de fauna y el encendido gradual de fuentes sonoras, un mecanismo similar al aplicado en la exploración offshore.

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