Pero más allá de las cifras, el gerente del Área de Estadística y Criminología Aplicada del Ministerio del Interior, Diego Sanjurjo, hizo énfasis en que el sistema político hasta ahora no ha asumido que la “única solución real” para el problema de la inseguridad es invertir en las cárceles.
En entrevista con el programa Todo un tema del streaming de El Observador, Sanjurjo advirtió que todas las medidas que usualmente reclama la población, como más policías en las calle, poner más patrulleros o tener tecnología de última para la Policía “cuestan muchísima plata” que hay que sacar de la salud, la vivienda, la educación y que luego los ciudadanos pagan “en el supermercado”.
¿Cuál sería la solución? Para Sanjurjo es clara: “Yo creo que sería mucho mejor, no tengo dudas, muchísimo mejor invertir en cárceles. O sea, las cárceles es el lugar donde tenemos a todas estas personas, donde el Estado, en teoría, debería tener todas las posibilidades para rehabilitarlas y que no vuelvan a delinquir, como sucede en los países desarrollados, pero lamentablemente la ciudadanía no quiere invertir en cárceles, por tanto el sistema político tampoco, y por tanto la cárcel pasa a ser, en vez de la solución, la principal causa del problema”.
El jerarca, que fue parte del gobierno anterior y se mantuvo con la nueva administración, aseguró que “no hay forma” de aplicar medidas represivas que den resultado ni en el corto ni en el mediano plazo porque esa no es la forma. “Es como que vos estés con cáncer y me pidas un omeprazol. Tenés que tener otro tipo de terapia que es mucho más costosa”, aseguró.
Sanjurjo aseguró que en América Latina los gobiernos están "en una trampa” porque “en teoría” todos saben lo que hay que hacer pero nadie “está dispuesto a hacerlo” y se sigue intentando “ganarle a la delincuencia a través de la represión”.
¿Y por qué si en Uruguay se sabe lo que hay que hacer no se hace? Porque tiene una “complicación añadida”.
“Cuando a vos te pasa lo que le pasó a Uruguay, que ya le pasó a todos los países de América Latina, que es que en tu sistema la población penitenciaria creció hasta un punto que ya es inmanejable, es imposible educarlos, formarlos, hacerlos trabajar, tratarlos, la única forma de avanzar en una reforma es sacar a personas del sistema penitenciario”, aseguró.
El doctor en Ciencia Política aseguró que en el Ministerio del Interior han recibido cientos de delegaciones de organismos multilaterales y de otros países que lo primero que dicen es que “lo fundamental” es reformar el sistema penitenciario y agregó que “no hay uno” que “no te diga 'tenés que liberar a personas que no son de alto riesgo de reincidencia' y 'las penas tienen que ser más cortas'”. “Ese aspecto para mí es el crucial a la hora de lograr resultados porque cuando yo lo intento explicar o el ministro intenta explicar que este es el camino, lo que se te dice siempre desde la oposición, esta o cualquier otra, es 'no, tienen que trabajar, formarse, todo eso sí pero que no salgan'”.
Y para Sanjurjo ese discurso es como decirle a una maestro que le enseñe matemática a 350 alumnos en una misma clase. “Y ella lo que te dice es: ‘pero si los únicos que me logran escuchar son los primeros 20’. No, no, enseñales matemáticas, Es imposible, simplemente imposible”, aseguró.
Para el gerente del Área de Estadística si los que llenan las cárceles fueran “gente de clase media” ya hubiéramos encontrado la solución para “tirarles una mano”. “Yo creo que lamentablemente tenemos, vamos a decirlo claro, lo peor de la sociedad todos juntos en un lugar. La solución sería invertir todo en ese lugar para que esas personas puedan tener una posibilidad de conseguir un trabajo cuando salgan, pero sin embargo, como son lo peor de la sociedad, no hacemos ese esfuerzo”, aseguró.
Incluso, ante la consulta de un espectador sobre por qué se enfocaba en las personas privadas de libertad, Sanjurjo fue claro: “Lo que no está entendiendo esta persona es que cuando ese ciudadano que está preso y por el que no siento ninguna empatía, si yo no logro que esa persona aprenda a trabajar y consiga un trabajo, va a salir y va a delinquir de vuelta”.
“No es por empatía, no es porque a mí me interesen particularmente los derechos humanos de los que están presos, en lo más mínimo. O sea, a mí, la verdad, no me cae bien la enorme mayoría de las personas que están presas y en ningún momento sufro por ellas. Pero es que si no logramos esas personas consigan un trabajo, van a seguir delinquiendo, es que no hay otra”, agregó.
El jerarca del Ministerio del Interior también lamentó que ningún gobierno “invierte seriamente” para tratar las adicciones o para “recuperar a los adictos”. “La única forma hasta ahora de bajar la violencia social al narcotráfico está en que baje la demanda de drogas, que baje el consumo. Y como ningún país, estoy siendo injusto con este gobierno y con el anterior, pero ningún país invierte seriamente para tratar las adicciones o para recuperar a los adictos, simplemente no baja”.
La advertencia por los blindados
Consultado sobre cuál podría ser el efecto de que el Ministerio del Interior utilice blindados de las Fuerzas Armadas, Diego Sanjurjo hizo dos advertencias: una que es “muy improbable” que pase en Uruguay y otra que cree que “es muy probable” que suceda.
La que es “muy probable que suceda” es lo que se conoce como “política adictiva”. Es decir, en Uruguay "hace décadas hay una política por la cual cada gobierno pone más policías en la calle y, sin embargo, los homicidios no bajan". Pero nunca, plantea Sanjurjo, hay un análisis sobre esa política que permita “ir para atrás”.
“El análisis siempre es ‘vamos a poner más todavía’. Lo que vemos cuando ponemos recursos militares en la calle para prevenir el delito es lo mismo. Es decir, se ponen soldados, se ponen vehículos, se pone armamento militar. Muchas veces no hay el impacto esperado y sin embargo lo que la gente quiere es dame más, ahora ya me pusiste blindados ahora ponemos soldados, ahora ponemos metralletas y sin embargo el delito no baja pero las personas se sienten de alguna forma más seguras a pesar de que el resultado no es el esperado”, explicó.
Sanjurjo aseguró que compartió este análisis con el ministro Carlos Negro y aseguró que estos son riesgos también de “poner policías en la calle”. “Lo que me refiero es que puede tener resultados positivos, y es evidentemente lo que espera el ministro y el gobierno, pero cuando no los tenga, lamentablemente, seguramente la clase política y el ciudadano va a querer que haya más”.
La segunda advertencia, que es “improbable que suceda en Uruguay” es que los blindados terminen en grupos criminales como respuesta a la Policía o porque la corrupción o el robo permite que se lo lleven.