23 de octubre de 2026 5:00 hs

Cuando Uruguay enmudeció al mundo del fútbol con el Maracanazo, el 55% de los habitantes de América Latina y el Caribe residía en áreas rurales. Hoy, esa cifra apenas bordea el 15% a nivel regional. Sin embargo, en el campo, uno de los más despoblados, sigue residiendo buena parte de la supervivencia económica del continente. ¿Cómo se posiciona Uruguay en este nuevo mapa?

El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) presentó su Reporte de Economía y Desarrollo (RED), un documento que confirma que el campo uruguayo opera a una escala sustancialmente distinta al resto de la región. El país lidera en tierra por trabajador (con 105 hectáreas en promedio) y posee el mayor nivel de capital agropecuario por trabajador de América Latina, alcanzando un 20% del nivel de Estados Unidos. Para ponerlo en perspectiva, el tamaño promedio de sus unidades productivas agropecuarias (UPA) es de 287,4 hectáreas.

Pero el avance de las escalas y la modernización tecnológica no eliminaron al productor tradicional. Más del 83% de los establecimientos rurales uruguayos siguen siendo de gestión familiar. En este aspecto, Uruguay también es una rara avis: a diferencia de gran parte de la región que sufre por la tenencia informal de la tierra, el país presenta un mercado de tierras formal y dinámico, con un 13,6% de unidades bajo arrendamiento, un mecanismo clave que facilita la asignación de recursos a los productores más eficientes.

Más noticias

La productividad laboral del sector ronda los USD 29.000 por trabajador y el capital por trabajador, unos USD 60.000. Otra vez, Uruguay queda como uno de los mejores de su clase.

Esta estructura productiva derrama directamente en el bienestar de la población. En el comparativo regional, el campo uruguayo es un escudo contra la vulnerabilidad: junto con Costa Rica, Uruguay registra sistemáticamente las tasas más bajas de pobreza y pobreza extrema rural de toda América Latina.

"En este mundo tan convulsionado, América Latina y el Caribe tiene todo lo que el mundo está necesitando: energía, minerales raros, talento. Es la gran oportunidad del desarrollo para mejorar la calidad de vida de los habitantes", resumió en la presentación Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica de CAF.

Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica de CAF, durante el evento de presentación del informe

Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica de CAF, durante el evento de presentación del informe

El diferencial verde y la prueba de fuego europea

Uruguay es, hoy por hoy, la vanguardia continental en agricultura orgánica. El país cuenta con 3,6 millones de hectáreas dedicadas a este modelo, siendo la nación latinoamericana con la mayor proporción de su tierra agrícola certificada bajo este sistema (25%), conformada casi en su totalidad por pasturas permanentes.

En este escenario aparentemente ideal, comienza la tensión. El agro uruguayo enfrenta ahora una prueba de fuego geopolítica y comercial: lograr que sus exportaciones crucen ilesas las nuevas y estrictas barreras ambientales que fijará la Unión Europea.

Europa implementará el Reglamento sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR), que prohíbe el ingreso a su mercado de productos vinculados a zonas deforestadas después de diciembre de 2020. A esto se suma el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), que castigará financieramente a los países con altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero.

Para Uruguay, esto no es un mero trámite administrativo. Las exportaciones agropecuarias y agroindustriales superan el 60% del total de las ventas de bienes del país al exterior.

El informe de CAF lo advierte con claridad: la demanda internacional exige adaptaciones profundas, pero destaca a Uruguay como el ejemplo a seguir. El documento subraya literalmente que "la carne de Uruguay demuestra que la adopción de estándares de calidad, trazabilidad y certificación puede estabilizar los ingresos, mejorar el posicionamiento internacional y abrir acceso a mercados de mayor valor".

Ahí radica el quid de la cuestión: las huellas de carbono deben minimizarse y auditarse al extremo. Sin embargo, lo que para muchos países de la región representa un obstáculo insalvable, para Uruguay es su mayor oportunidad. El propio reporte de CAF indica que, frente a normativas como la EUDR, Uruguay ya cuenta con "sistemas de trazabilidad bastante sólidos".

El campo uruguayo hizo la tarea temprano. Las inversiones históricas en tecnología de rastreo e identificación ganadera han dejado de ser un simple sello de calidad para convertirse en el pasaporte indispensable y exclusivo del país hacia el futuro del comercio global.

El desafío es trascender a la carne, a los cambios climáticos y dar a ese campo (despoblado y productivo) su estabilidad futura.

“El cambio climático plantea desafíos para sostener estos logros. En Uruguay, ampliar el riego, planificar el uso del suelo e incorporar tecnología son claves para la adaptación: solo el 12% del área cultivada uruguaya cuenta con equipamiento para riego, por debajo del promedio regional (17%)”, explica el documento de la CAF.

A eso se le suma el desafío de la mejora del acceso a servicios de calidad para los pocos pobladores del campo uruguayo. Uruguay lidera la región en conectividad vial rural: el 73% de la población rural vive a menos de 2 kilómetros de una ruta pavimentada, frente a un promedio del 43% en América del Sur. Pero el país sigue teniendo buena parte de las prestaciones centradas en Montevideo o en capitales departamentales. Eso se traduce en tiempo y costos para una población rural que tiene que adaptarse a varios desafíos en simultáneo.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos