La Intendencia de Montevideo (IM) avanza con el plan de ordenamiento de Paso Molino, iniciado en agosto con cambios para los vendedores callejeros instalados sobre la avenida Agraciada, y prepara una nueva etapa que incluirá la regularización individual de los puestos.

El intendente Mario Bergara recorrió este lunes la zona junto al prosecretario de la IM, Diego Olivera; el director de Desarrollo Económico, Camilo Benítez; el alcalde interino del Municipio A, Néstor Piñeiro, y otros integrantes del equipo de gobierno.

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El plan comenzó luego de años en los que se produjo un crecimiento de la venta callejera en la zona. En agosto, la comuna dispuso que los vendedores ya no podían dejar durante la noche las estructuras, carpas y escaparates utilizados para sus puestos, por lo que debían armarlos y retirarlos al comienzo y al final de cada jornada.

La medida provocó en sus primeros días una reducción de la cantidad de puestos que ocupaban las veredas de Agraciada.

Qué cambió en Paso Molino desde el inicio del operativo

Además del retiro diario de las estructuras, la IM realizó el marcado y pintura de cordones y comenzó a liberar rampas de accesibilidad y dársenas destinadas al estacionamiento.

La comuna también agregó luminarias orientadas hacia las veredas, comenzó el reacondicionamiento de las paradas de transporte público y realiza periódicamente tareas de limpieza profunda e hidrolavado de las aceras.

A su vez, se llevan adelante trabajos de reparación y pavimentación de las veredas a lo largo de la avenida Agraciada.

El ordenamiento había sido reclamado por comerciantes de la zona. En una recorrida realizada por El Observador en agosto, trabajadores de distintos locales señalaron los problemas que generaba la concentración de puestos, principalmente por la reducción del espacio disponible para circular, la ocupación de las paradas de ómnibus y la pérdida de visibilidad de las vidrieras.

También vendedores callejeros que aseguraban contar con habilitación reclamaban a la IM mayores controles sobre quienes trabajaban sin permiso. Uno de ellos sostuvo entonces que hacía años que prácticamente no había inspecciones en la zona y afirmó que Paso Molino se había convertido en "tierra de nadie".

El prosecretario de la IM, Diego Olivera, había explicado a El Observador que durante el período posterior a la pandemia se produjo un "desborde en la venta callejera sobre la avenida Agraciada", en un contexto en el que muchas personas encontraron allí una forma de subsistencia.

"En ese marco de crisis y dificultades en el mercado laboral, la situación se toleró de manera excepcional frente al padrón tradicional de vendedores regularizados", había señalado.

La próxima etapa: regularización de los vendedores

El siguiente paso del plan será avanzar durante setiembre con un proceso de regularización individual de los vendedores ante el Departamento de Desarrollo Económico de la IM, encargado de otorgar los permisos.

La intención de la comuna es regularizar a quienes actualmente trabajan sin autorización y controlar que aquellos que ya cuentan con permiso cumplan con las condiciones establecidas.

Los vendedores tendrán además un período de adaptación para adecuar sus puestos a la normativa vigente, tanto en lo referente a la ubicación como a los rubros de mercadería que pueden comercializar.

Olivera había explicado que el objetivo del proceso es avanzar hacia una normalización basada en dos aspectos: "regularización y equidad", para corregir las diferencias entre quienes tienen permiso y cumplen sus obligaciones y aquellos que se instalaron de hecho sobre la avenida.

"El proceso que estamos llevando adelante busca justamente ordenar esta convivencia y brindar reglas claras y justas para todos", había afirmado.

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