Cínicos, hipócritas, traidores y un montón de duros adjetivos cruzaron en los últimos días los integrantes de lo que, en el gobierno de Luis Lacalle Pou, fue la oficialista Coalición Republicana y que ahora, durante los primeros meses de la administración del Frente Amplio, muestra sus desavenencias más agudas.
Se podrá decir que blancos y colorados, los partidos más importantes de la oposición, han actuando con cierta armonía y que las heridas supuran por el lado del minoritario Cabildo Abierto. Pero el partido de Guido Manini Ríos, con solo dos diputados, ha puesto a sus ¿ex? socios en apuros y abrió nuevas posibilidades de gobernabilidad para el Frente Amplio.
La catarata de ajustes de cuentas verbales se desató en la madrugada del miércoles 18 cuando Cabildo –contra la opinión de blancos y colorados- le dio a la izquierda los dos votos que necesitaba para llegar a los 50 y aprobar, en el marco de la Rendición de Cuentas, el aumento en el tope de endeudamiento del Estado, partidas extras para ASSE y la autorización al MSP para pagar medicamentos de altos costo, entre otras cosas.
Esa misma madrugada se escucharon voces críticas, aunque no tan crudas, por parte de diputados del Partido Nacional que consideraron “incoherente” la actitud de Cabildo. Pero con el paso de las horas, y luego de que El Observador informara que el diputado de Cabildo Álvaro Perrone había acordado los votos para el proyecto con el secretario de la Presidencia, Alejandro “Pacha” Sánchez, los cuestionamientos contra el sector de Manini Ríos arreciaron.
Un tuit del diputado colorado Gabriel Gurméndez fue furibundo: “Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: '¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?' Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarlo. Siempre hay bolsas de monedas en la vuelta…."
La cita de la Biblia para tildarlo de traidor a cambio de dinero, enfureció a Perrone quien acusó a Gurméndez de firmar contratos confidenciales con la AUF cuando era presidente de Antel y, en plena pandemia, no se jugaba al futbol.
El también colorado Felipe Schipani se sumo a los palos contra Perrone. “Es un error estratégico de Cabildo que le va a costar caro porque su electorado no entiende estas jugadas. Cabildo ha tenido, en la propia gestión de gobierno un perfil medio díscolo y creo que el electorado ha penalizado eso”, dijo.
Entonces Perrone explotó y afirmó que blancos y colorados deberán repensar el trato con Cabildo. “O se nos respeta o no cuenten con nosotros. ¿Mandaderos de otros? No corre más”, advirtió.
Manini Ríos fue aún más lejos contra sus exsocios enrostrándoles una leve tendencia izquierdosa: “Posan de opositores intransigentes y luchadores por la democracia los mismos que nos criticaron por no haber homenajeado al PCU en su centenario, los que no apoyaron el voto secreto y la no retención de la cuota sindical, los que no cambiaron los programas de estudio que tuercen la mente de nuestros hijos, los que defienden y militan la ideología de género, los que permitieron que continúe la venganza por el pasado reciente, los que negocian embajadas, los que promueven la droga, etc. Los mismos que nunca se atrevieron a enfrentarse al avance disolvente en nuestra sociedad se animan a criticar a los únicos que hablamos claro... ¡Cínicos e hipócritas!”.
Más allá de su virulencia, los choques entre blancos y colorados contra cabildantes no deberían sorprender. Después del balotaje que ganó el Frente Amplio, Manini había dicho que ya no tenía sentido una coalición que "actué para oponerse a algo”.
Si Cabildo había tenido una actitud rebelde con sus socios de la Coalición Republicana durante la administración de Luis Lacalle Pou, era de esperar que ya liberados de las ataduras del gobierno se acrecentara su independencia.
El resultado electoral de octubre pasado fue catastrófico para Cabildo que paso de tener tres senadores y 11 diputados a ocupar dos bancas en la Cámara Baja, la de Perrone y la de Silvana Pérez Bonavita.
¿Fue su actitud levantisca la que propició el derrumbe –como dice el diputado Schipani- o jugaron otros factores?
Como sea, en el Frente Amplio consideran que las actuales grietas en la oposición representan una oportunidad para que el gobierno amplíe su margen de negociación en la búsqueda de votos parlamentarios para sus propuestas.
Una fuente de la izquierda dijo a El Observador que Cabildo fue quien “jugó sus cartas de forma más inteligente” en la discusión de la Rendición de Cuentas y que se ubicó en una “posición de privilegio” en la negociación con miras a la próxima ley de Presupuesto.
Otro parlamentario del oficialismo señaló que “siempre es mejor” que el FA encuentre el mayor posible apoyo para las leyes, pero advirtió que si blancos y colorados se niegan a votarlas, siempre existe la posibilidad de “golpear la puerta” de Cabildo.
En tanto, dentro del Partido Nacional hay quienes reconocen que a la oposición se le fue la mano en las críticas al sector de Manini. “Es mejor tenerlos como aliados que dejarlos a la intemperie al alcance de los intereses del Frente Amplio”, dijo un operador nacionalista.
Sin embargo, la oposición parece recurrir en su error. “Has lo que yo digo y no lo que yo hago. A esta hora se lleva adelante una reunión de la llamada coalición, tema, caja de profesionales, no fuimos invitados ¿por qué? No lo sabemos, son otros los que tienen que responder”, tuitió Perrone este martes 24.
Lo cierto es que, a falta de abundancia, a la izquierda le alcanzan con los dos votos cabildantes para obtener las mayorías que tiene en el Senado pero que le faltan en Diputados.
Cabildo, ese partido que pareció derrumbarse en las pasadas elecciones, se encontró con una relevante sobrevida al menos por cinco años ya que las manos de sus escasos legisladores pueden darle o restarle al Frente Amplio la gobernabilidad que necesita para seguir andando sin sobresaltos parlamentarios. Al final, de tanto tratarlo de Judas, los socios de este disminuido partido corren el riesgo de convertirlo en un incómodo e inesperado Lázaro.