Yamandú Orsi llevaba pocos días en el poder cuando el senador frenteamplista Daniel Caggiani soltó en una rueda de prensa el concepto que tenía en mente el oficialismo para aprobar las leyes sin tener mayoría en una de las cámaras.
“Nosotros preferimos hablar de las oposiciones”, le dijo a los periodistas que le habían preguntado sobre el vínculo, revelando así que en la diferencia entre el singular y el plural estaba el éxito o naufragio de las principales iniciativas que tuviera el gobierno durante el período.
A 365 días de aquel sábado en que se colgó la banda presidencial, el Frente Amplio sacó la chapa en el Parlamento de haber logrado aprobar las leyes más importantes que promovió a partir de negociar individualmente con cada uno de los cinco partidos que integran la oposición.
Esto porque en Diputados –que se transformó en la cámara de las negociaciones– la izquierda tiene 48 votos, mientras que blancos, colorados e independientes suman 47, por lo que Cabildo Abierto e Identidad Soberana con sus 2 votos son la llave para las mayorías.
Porque si bien Cabildo Abierto integró la coalición hasta el último día de la administración de Luis Lacalle Pou, Guido Manini Ríos dijo ya en la campaña electoral que no le veía sentido a seguir comportándose como bloque si las urnas los llevaban hacia el otro extremo del péndulo.
Esa idea de coordinar internamente fue llevada adelante por blancos, colorados e independientes, que llegaron incluso a instalar dos mesas –una en el Parlamento y otra a nivel de partidos– buscando darle mayor robustez. Pese a las intenciones, la nueva ejecutividad opositora registró dificultades al pasar de la teoría a la práctica que se evidenciaron al discutir la Rendición de Cuentas y el Presupuesto, pero también otras leyes cuya importancia puede definirse como menor como la modificación a la ley de lavado de activos o la instalación de una comisión investigadora por la compra de la estancia María Dolores.
En el proyecto de lavado, la división en el Partido Colorado dio la mayoría al Frente Amplio para bajar el tope máximo de las transacciones en efectivo, lo que irritó a los blancos porque supuso una modificación a la LUC, la ley madre de Lacalle Pou que fue ratificada por referéndum.
Al decir de los colorados, los nacionalistas se vengaron luego al pedir un cuarto intermedio y posponer la aprobación de la investigadora por María Dolores impulsada por sus socios pero con la particularidad de que meses atrás ese asunto había sido parte de una interpelación liderada por los blancos en el Senado.
En una entrevista con El Observador, a fines de diciembre, el director de opinión pública de la consultora Opción, Rafael Porzecanski, dijo que la oposición no había logrado un “posicionamiento estelar” en el año.
“Ha buscado, a través de diferentes figuras, ejercer una oposición de distinto tono. Una un poco más acordista, dialoguista y otra más dura, más confrontativa”, dijo en referencia a la diferencia en los posicionamientos que tuvieron dirigentes como Andrés Ojeda y Pedro Bordaberry.
A la espera de Lacalle Pou
Porzecanski planteó que una de las incógnitas para el 2026 estaba vinculada con lo que hiciera –o dejara de hacer– Lacalle Pou, quien optó en 2025 por tomarse “casi un año sabático”.
Tal como había anunciado, el expresidente salió de la escena pública aunque participó de algunos eventos y recurrió a las redes sociales para posicionarse sobre algunos temas en los que la administración de Orsi modificó proyectos que su gobierno había impulsado como son la potabilizadora en Arazatí, el plan de saneamiento o la resolución judicial por las denuncias sobre la extensión de la concesión a Katoen Natie en el puerto.
El punto más álgido de estas diferencias lo registró la rescisión del contrato con Cardama, lo que motivó que Lacalle Pou diera incluso una rueda de prensa en la que acusó al mandatario de haberse dejado “arrastrar” por una operación política.
Sobre este tema, tras una compleja discusión, los partidos acordaron instalar una comisión especial para revisar todo el proceso de decisión, mientras que el gobierno también impulsó una denuncia judicial que aún no ha sido tratada. La oposición se abroqueló en defensa de la compra.
Aunque está ausente de lo cotidiano, Lacalle Pou continúa siendo reconocido por blancos, colorados e independientes como líder del bloque y los dirigentes esperan que este año vuelva poco a poco a irse involucrando en los temas, principalmente uno que comenzaron a hablar en 2025 pero cuya resolución se espera para este año: el de la viabilidad de competir como partido único en 2029.
El expresidente no ha dado su posición –ni ha dicho si volverá a ser candidato– pero los dirigentes quieren conocerla antes de avanzar con la idea, que tiene entre los adeptos a Javier García y Andrés Ojeda, y entre los detractores a Pedro Bordaberry.