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El fenómeno climático de El Niño acaba de comenzar oficialmente, pero los científicos ya observan señales que apuntan a una intensificación mucho mayor durante los próximos meses.

Según un análisis de Metsul Meteorologia, el océano Pacífico está ingresando en una nueva fase de calentamiento que podría llevar al fenómeno a alcanzar una intensidad muy fuerte e incluso evolucionar hacia un denominado "Súper Niño", una categoría reservada para los episodios más extremos.

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La clave está en un proceso que ocurre lejos de la superficie del mar, pero que tiene capacidad para alterar el clima de buena parte del planeta: las llamadas ondas Kelvin, enormes pulsos de agua cálida que se desplazan por debajo del océano desde el Pacífico occidental hacia la costa de Sudamérica.

El "combustible" que alimenta a El Niño

El actual episodio de El Niño fue declarado oficialmente el pasado 11 de junio por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), luego de varios meses de calentamiento sostenido en el Pacífico ecuatorial.

Pero los meteorólogos observan ahora un fenómeno adicional. El océano ya contiene una enorme reserva de aguas más cálidas de lo normal bajo la superficie y, al mismo tiempo, se está formando una nueva onda Kelvin capaz de transportar todavía más calor hacia el Pacífico central y oriental.

Cuando esto ocurre, las aguas cálidas avanzan desde las cercanías de Indonesia y Oceanía hacia Sudamérica, reforzando el calentamiento superficial del océano y alimentando el desarrollo de El Niño.

La primera gran onda Kelvin llegó a las costas sudamericanas en mayo y fue uno de los factores que ayudó a instalar el fenómeno. Ahora, los modelos muestran la formación de un nuevo pulso de calor que podría amplificar aún más el proceso durante el invierno austral.

Por qué los expertos hablan de un posible "Súper Niño"

Los datos muestran que el calentamiento del Pacífico ya es significativo.

En la región conocida como Niño 1+2, frente a las costas de Perú y Ecuador, las temperaturas del agua se encuentran alrededor de 2,7 °C por encima de lo normal, valores muy cercanos a los registrados durante el histórico evento de 1997 y superiores a los observados a esta altura del episodio de 2015.

Más llamativa aún es la situación en la región Niño 3.4, considerada la principal referencia para medir la intensidad global del fenómeno.

Allí, las anomalías térmicas ya alcanzan aproximadamente 1,5 °C, superando ampliamente los registros observados en junio de los eventos de 1997 y 2015, dos de los episodios más fuertes de las últimas décadas.

Para los especialistas, esto significa que el fenómeno se encuentra más avanzado en su desarrollo que aquellos eventos históricos a igual altura del año.

Además, el calentamiento ya se extiende sobre una amplia zona del Pacífico ecuatorial, una característica típica de los episodios más intensos.

Qué puede pasar en Sudamérica

Aunque cada episodio de El Niño tiene características propias y no existen dos eventos idénticos, la experiencia histórica permite anticipar algunas tendencias.

En términos generales, El Niño suele provocar una disminución de las lluvias en el norte de Sudamérica y un aumento de las precipitaciones sobre el sur del continente.

Para el sur de Brasil, por ejemplo, MetSul advierte que la segunda mitad del año, especialmente el final del invierno y la primavera, será el período de mayor riesgo por lluvias abundantes, crecidas de ríos, inundaciones y tormentas severas.

Los meteorólogos señalan que las señales son particularmente preocupantes porque los eventos de El Niño suelen aumentar la frecuencia de lluvias intensas, vendavales, caída de granizo e incluso tornados.

¿Y qué puede ocurrir en Uruguay?

Si bien el informe de Metsul está centrado en Brasil, Uruguay suele ubicarse dentro de la zona de influencia de los eventos de El Niño más intensos.

Históricamente, estos episodios están asociados a precipitaciones superiores a lo normal, una mayor frecuencia de tormentas y una atmósfera más favorable para fenómenos severos durante la primavera y el verano.

Sin embargo, los especialistas advierten que la intensidad de El Niño no determina por sí sola la magnitud de los impactos. Las inundaciones, tormentas extremas o períodos muy lluviosos dependen de la combinación de múltiples factores atmosféricos que solo pueden evaluarse con precisión en pronósticos de menor plazo.

Por eso, aunque las señales actuales muestran un fenómeno en fortalecimiento y con potencial para convertirse en uno de los más intensos de los últimos años, todavía es temprano para anticipar con exactitud cuáles serán sus consecuencias sobre Uruguay.

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