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Aprobado el Presupuesto para este quinquenio, varias legisladoras se pusieron como meta para este año avanzar en cambios en el proceso de adopciones, que a lo largo de los años ha ido demostrando diversas inconsistencias.

Una de las propuestas que estará arriba de la mesa es la que trabaja la diputada comunista Tatiana Antúnez, quien avanza en un proyecto de ley para revisar todo el proceso de adopciones, desde que los postulantes se presentan hasta que finalmente obtienen la tenencia definitiva del niño.

El sistema de adopciones requiere una revisión de punta a punta”, dijo en conversación con El Observador. Señaló que el objetivo para este año es armar un proyecto que pueda apoyar a las familias adoptantes en el proceso y que tenga en cuenta también la mirada de lo que sucede cuando esas familias son del interior del país.

En este caso concreto, el proyecto lo trabaja en conjunto con la diputada de Vamos Uruguay Paula de Armas, y la idea es empezar a discutir la propuesta cuando termine el receso parlamentario.

Una referencia para implementar cambios que toma Antúnez es la experiencia de la politóloga feminista Soledad González, quien inició el proceso de adopción en 2016 y conoció a su hija cinco años después. Recién a fines de 2024 logró la tenencia definitiva.

En diálogo con El Observador, González contó que durante el proceso de adopción no hay un espacio de acompañamiento para las familias que quieren adoptar y que, para el INAU, estas familias siempre están “en un lugar de sospecha”. En su caso, después de llevar los papeles para iniciar el proceso, la primera reunión para avanzar la tuvo un año y medio después. En el medio del proceso se puso en pareja y comenzó a convivir, lo que derivó en que su caso quedara en suspenso, ya que desde el INAU no se aceptaba que ella adoptara sola habiendo otra persona viviendo en la casa.

El desgaste de las familias que pasan por el proceso de adopción, hasta el día de hoy, no es tenido en cuenta. Hace algunos meses, El Observador contó la historia de una pareja que, después de haber estado varios años en el proceso de adopción y ya habiendo integrado el Registro Único de Adoptantes, desde el INAU les informaron que no eran “idóneos” para convertirse en padres adoptivos.

“Una de las ideas es que haya un equipo de acompañamiento a los padres adoptantes, pero de apoyo real, no de control”, explicó González, y agregó que el Estado debería ofrecer terapia psicológica que acompañe a quienes van a adoptar en este proceso específico.

El Observador informó semanas atrás el caso de Itzaé, una bebé que fue dada en adopción al mes de nacida debido a que no tenía vínculos significativos con su familia de origen y que, a los nueve meses, la Justicia, por recomendación del INAU, decidió revincularla con su tío biológico.

El director de Adopciones, Darío Moreira, y la directora de seguimiento del Registro Único de Adoptantes, Olga Castro, reconocieron, en una conversación que constató El Observador, que el INAU está dando niños en adopción sin conocer si tienen familia biológica que pueda hacerse cargo, y que después deben dar marcha atrás en la decisión ante la aparición de un familiar. “Se está, de alguna manera, usando, entre comillas, a las familias adoptivas como centros de INAU transitorios”, dijo Castro, y Moreira ratificó.

El Observador tomó conocimiento de al menos seis familias adoptantes que tuvieron que dar una batalla legal para mantener a sus hijos adoptivos con ellos, debido a que en medio del proceso aparecía un familiar biológico dispuesto a hacerse cargo.

El Código de la Niñez establece en su artículo 132 que, cuando un niño queda desamparado, tienen prioridad para su tenencia su familia biológica, siempre que hayan generado un vínculo significativo con el menor de edad. En caso de que no haya referente familiar, el niño podrá ser adoptado por una familia del Registro Único de Adoptantes. El problema que sucede en la práctica es que los niños se van con familias adoptivas antes de que se haya realizado la búsqueda de familiares, lo que implica que, si esos referentes aparecen, el INAU intente reconstruir ese vínculo y la familia adoptiva tenga que devolver al hijo que integraron a su hogar.

En este sentido, otra de las legisladoras que impulsa la discusión sobre el proceso de adopciones es la diputada del MPP Margarita Libschitz. “El vínculo sanguíneo del niño tiene un rol importante, pero hay una porfiadez del Estado, una insistencia excesiva. Hay que discutir sobre el tema, porque lo sanguíneo no necesariamente tiene que ver con el bienestar del niño”, propuso Libschitz en conversación con El Observador.

Desde el Senado, la legisladora Blanca Rodríguez también estudia el tema y es quien impulsa la creación del comisionado parlamentario para la niñez.

Incluso en el INAU están dispuestos a discutir cambios en los procesos de adopción. El caso de Itzaé, había dicho a El Observador la directora general de la institución, Andrea Venosa, fue “el punto de partida para cambiar los procedimientos internos”. Entre esos cambios, propuso delimitar mejor en el Código de la Niñez qué implica “vínculo significativo” cuando se habla de bebés y niños desamparados. Como referencia, las autoridades tienen en la mira experiencias de otros países de la región, como Brasil. En ese país, en estos casos se habla de pluriparentescos: que los niños tengan derecho a no perder ningún vínculo que haya sido significativo en su desarrollo, más allá de la sangre.

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Adopciones Código del Niño

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