Corte de ruta Interbalnearia del sábado 2 de junio.
Cuatro de cada diez uruguayos se siente “inseguros” o “muy inseguros” cuando caminan a solas por su barrio en la noche. Es una percepción de la ciudadanía que casi no se ha movido. Ese porcentaje fue el resultado en junio de 2024 en el sondeo de El Observador y los académicos de la Universidad de la República. Lo reafirmó el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) cuando en el segundo semestre de 2024 incluyó la pregunta. Se mantuvo cuando el mismo Instituto lo midió en el primer semestre de 2025. Y en la publicación de este viernes, con los datos del segundo semestre de 2025, lo vuelve a concluir: son “niveles similares a los registrados en mediciones anteriores”.
Lo curioso, muestra la última medición del INE, es que en este corto plazo (un año móvil) los propios encuestados reconocen que han sido menos robados y/o estafados. Estos dos delitos, los únicos que incluye el módulo de victimización de la Encuesta Continua de Hogares, cayeron 36% (en robos) y 39% (en estafas).
El economista Marcelo Bisogno, actual director del INE, no es un especialista en criminología ni nada que se le parezca. Pero sabe de números y, de manera informal comenta: “Es (estadísticamente) significativa y sorprendente la baja de estos delitos” en un solo año. No le atribuye explicaciones (no es su tema), tampoco intencionalidades políticas (es técnico), ni tampoco descarta que puedan crecer otros delitos no medidos en estas encuestas. Pero la magnitud le sorprende.
En el Ministerio del Interior los nuevos datos del INE fueron recibidos con cierto alivio. No porque estuviesen celebrando la baja, sino porque confirman que las tendencias que venía mostrando la cartera (solo con el dato de las denuncias) coincide con lo declarado por los encuestados con técnicas y propósitos diferentes. Dicho de otro modo: aunque solo en cuatro de cada diez robos se haga la denuncia formal y en dos de cada diez estafas suceda lo mismo, ahora puede decirse con más propiedad que estos dos delitos están a la baja.
Incluso más: en las tres mediciones semestrales consecutivas del INE se refleja que la formalización de denuncias (de aquellos que dicen haber sido víctimas) ha tendido a una leve mejora en las estafas y un leve subibaja en los robos.
¿Cómo es posible entonces que no descienda la percepción de seguridad?
Cuando la fallecida Daisy Tourné asumió como ministra del Interior, en 2007, en Montevideo empezaba a quedar al descubierto un aumento de las denuncias de los delitos más violentos. Por aquel entonces, la pregunta instalada era: ¿es una sensación térmica o una realidad? Tourné no lo dudó: “El sentimiento de la gente tiene tanta importancia como la realidad misma”.
Casi dos décadas después, esa frase adquirió nuevas preguntas. La encuesta del INE mide solo robos y estafas. ¿Qué pasa con otros delitos? ¿Habrá habido un corrimiento del delito? En una nota con El Observador, el doctor en Ciencias Sociales Gabriel Tenenbaum sostuvo que podríamos estar ante una migración de delitos como la rapiña hacia otros que generan menos exposición y más rédito económico como los vinculados al tráfico de drogas.
El académico, que había ya identificado una especie de cinturón donde se concentran la mayoría de homicidios de Montevideo, lo mostraba incluso en qué lleva a los asesinatos: subían los vinculados a estupefacientes al tiempo que bajan lo asociados a rapiñas.
Pero hay todavía algo más psicológico como posible complemento. “La percepción de seguridad no es un acto meramente racional. No es que a mayor cantidad de homicidios en mi zona, mayor la sensación de inseguridad. Pero las emociones pueden estar teñidas por esa realidad”, había explicado el criminólogo Nicolás Trajtenberg. “Es razonable que en los barrios con más violencia se perciba más miedo”.
Por fuera de la violencia, hay otros estímulos que mueven la percepción. La inseguridad es señalada como el principal problema del país, no así de la vida cotidiana donde pesaba más el costo de vida en general. La última encuesta de El Observador y sus socios lo habían mostrado: “Este patrón es consistente con lo que la literatura sobre opinión pública describe como la diferencia entre evaluaciones sociotrópicas y egotrópicas. Cuando los individuos evalúan la situación del país tienden a identificar problemas asociados al orden social general, como la delincuencia. En cambio, cuando la pregunta refiere a su situación personal, las respuestas se organizan principalmente en torno a condiciones materiales del hogar, como el costo de vida”, explica el politólogo Nicolás Schmidt, uno de los coordinadores de la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de la Universidad de la República con quien El Observador hace las encuestas.
Y eso vale también para cómo se percibe la propia seguridad. La gente tiende a pensar que la inseguridad es más alta en el país que en su barrio (lo ve en noticias, en comentarios de vecinos, en peleas entre políticos). Pero a la vez, si en su barrio hay “desconocidos” merodeando, o hay poca iluminación puede sentirse insegura incluso sin que haya sido víctima de delito alguno.
No en vano, la última encuesta del INE muestra cómo hay más percepción de inseguridad en Montevideo que en el interior. Y en el interior de más habitantes hay más que en las zonas pequeñas en que “nos conocemos todos”.