En su discurso ante una Plaza Independencia repleta, que llevó como eje narrativo el relieve del Éxodo en el pedestal del monumento a Artigas, el papa León XIV saludó al pueblo uruguayo y utilizó la ocasión para hablar contra la eutanasia y la despenalización del aborto, pidiendo “atención debida a quienes sufren” y ratificando que “quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo”.

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“Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece”, añadió el pontífice.

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Sobre la importancia de los cuidados a enfermos terminales, dijo: “Procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona independientemente de sus recursos es una responsabilidad que interpela a toda sociedad. Quien atraviesa cualquiera de esas situaciones, no deja de ser miembro pleno de la sociedad ni pierde nada del valor de su vida. En esas circunstancias, su fragilidad hace más urgente que reciba la asistencia, los recursos y el acompañamiento que necesita”.

“La atención debida a quienes sufren, compromete a toda la familia humana, para la Iglesia, este deber encuentra una razón particular en el mandato de Jesucristo de reconocerlo y servirlo en los más necesitados, como recordó Benedicto XVI, ‘la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente con su relación con el sufrimiento y con el que sufre’. Y ahí que a todos corresponda procurar que a cada persona pueda vivir con dignidad, recibir los cuidados que necesita y estar acompañada hasta el termino natural de su vida”.

León XIV dedicó también unas palabras, como el presidente Yamandú Orsi, a la laicidad y al vínculo del Uruguay con ella. “El carácter laico del Estado está llamado a garantizar el espacio en el que creyentes y no creyentes puedan convivir con libertad y respeto, porque hay valores que son universales. Esta neutralidad, no exige que la dimensión religiosa quede confinada al ámbito privado, como enseña el Concilio Vaticano II nadie debe ser obligado a obrar contra su consciencia, ni impedido de actuar conforme a ella, tanto en privado como en público. Individualmente o en asociación con otros, dentro de los debidos limites. Desde esta libertad, las personas y las comunidades religiosas pueden contribuir al bien común, respetando la autonomía de las instituciones civiles”, afirmó el sumo pontífice, desde el atril que lucía el escudo uruguayo.

El pontífice, además, destacó la vocación del Estado uruguayo por el multilateralismo: “La propia Constitución Uruguaya dispone que en los tratados internacionales, la República procure que que las controversias sean resueltas mediante el arbitraje u otros medios pacificos y promueva la integración social y económica de los estados latinoamericanos”

“Que Montevideo sea sede de la secretaria del Mercosur, da particular concreción a esa vocación de favorecer espacios de entendimiento y cooperación en la región, en tiempos en que las diferencias pueden convertirse fácilmente en motivo de enfrentamiento, perseverar en el respeto al derecho, la negociación y en la búsqueda paciente de acuerdos, constituye un servicio que Uruguay puede seguir ofreciendo a sus vecinos”, destacó León.

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