ver más

El momento de subir al estrado del Teatro Ópera de Buenos Aires para recibir el Premio Gardel por el Mejor álbum alternativo rock pop del año pasado, Lisandro Aristimuño dedicó un breve pero sentido agradecimiento a “la anfibia más hermosa” en su vida: su pequeña hija Azul.

Este saludo fue un sutil pantallazo a la vida del artista, ya que tras haber sido congratulado por la crítica y el público por su último disco, Mundo Anfibio (nominado también al Grammy Latino),Aristimuño se embarcó desde hace un año y medio en otro tipo de roles, más allá del de compositor, como lo son el de padre primerizo, productor y dueño de su sello independiente Viento Azul Discos, así como difusor de músicos emergentes de América Latina, con su plataforma MSFL (Música sin fin de lucro).

Sin embargo, su faceta de músico parece no tomar siestas y después de una gira por casi toda Argentina, el músico llega nuevamente a Uruguay para recorrer su repertorio junto a su banda.

Su última gira lo llevó por un montón de ciudades argentinas.¿Qué momentos encuentra para crear nuevas canciones una vez en ruta?

Lo que estoy haciendo ahora es disfrutar de lo que sembré. Me doy ese tiempo que nunca me di por el hecho de estar trabajando siempre. Hacer tantas fechas de una manera independiente y de autogestión lleva mucho trabajo. En el micro de la gira vamos tocando covers en la guitarra, divirtiéndonos, e incluso cuando terminamos los shows, yo me armo un set de DJ y vamos bailando. La idea es divertirse y disfrutar de lo ocurrido.

Hace varios meses que publica compilados de músicos emergentes de la región. ¿Cómo se originó su proyecto MSFL?

Es una idea que surgió a partir de terminar los conciertos y que los artistas locales me regalaran sus discos, maquetas, demos o canciones. Volvía de todas las giras con muchos discos en la mochila, los escuchaba todos y me dije: “¿Qué puedo hacer para que este material no quede solo acá en mi casa y lo escuche más gente?”. Decidí armar en mi página web el proyecto MSFL, donde me mandan por mail una canción por MP3 y las recopilo mes a mes. Me llegan de Argentina, Uruguay, Chile, España y otros países. Ya voy por el volumen 7 y elijo 15 canciones de alrededor de 250 que me llegan. Es mi gusto personal: si elijo una canción en vez de otra no quiere decir nada. Genera que otros productores escuchen y llamen a bandas para producir. Quería esa función y se está cumpliendo, lo que me da mucha alegría.

Como músico establecido en la escena argentina y latinoamericana, ¿por qué cree que es importante desde su lugar poder difundir a nuevos artistas?

Me parece muy importante y creo que la escena está cambiando en la última década. Los músicos estamos generando otra cosa. En los años 80 y 90había más individualidad y competencia, a ver quién llenaba o ganaba más. Esa cosa futbolera se está perdiendo –por suerte– y en esta última década nos acompañamos entre todos.

Siempre alegó por un camino independiente como músico. Hoy y desde hace un tiempo edita a otros músicos través de su sello Viento Azul Discos. ¿Qué le significó empezar a ponerse del otro lado del estudio?

Me encanta este trabajo, me parece alucinante. Me parece algo que me ayuda mucho. Yo me considero más productor que músico. Me apasiona más ver lo general de todo. En vez de ser el actor protagónico prefiero ser el director, ver la música entera. Eso hago con mis discos, me gusta poder ver la obra completa. Siempre trabajé y me desarrollé con eso. Intento aprender cada día más.

Mundo Anfibio, su último disco y con el que está girando, ganó la categoría de Mejor álbum pop rock alternativo en la edición de los Premios Gardel, además de ser nominado al Grammy. ¿Cómo se sintió al recibir esos reconocimientos?

Es algo que está bueno porque finalmente las grandes corporaciones tuvieron que tirar para este camino de autogestión. Tuvieron que hacerlo a la fuerza porque si no no hay comercio. Empezaron a buscar nuevas bandas y esto de los premios es una alerta que demuestra que esta gente está también atenta a lo que sucede de nuestro lado. La música, como siempre, triunfó. La música es la que triunfa, no uno. Yo no creo que gané un premio, ganó la independencia, la música desde otro punto de vista.

En las letras de Mundo Anfibio habla de una metamorfosis como una definición de una etapa de su vida. ¿En qué mutó Lisandro Aristimuño en este tiempo?

Encontré más herramientas para seguir. Como concepto, la metamorfosis hablaba de que al principio éramos un feto, de ahí venía el momento de Mundo anfibio. Tenía una hija que estaba en la panza, adentro del agua, que cambió mi vida. Ahora estoy más dedicado a lo personal que a la música. Creo que en este momento estoy componiendo, pero es una composición inconsciente, está adentro y probablemente de ahí salga algo. Estoy disfrutando de mi casa, mi familia y mi hija, pero hay muchas cosas que tengo ganas de hacer.

¿Qué se puede esperar del recital en La Trastienda?

Somos ocho integrantes en la banda. Un trío de cuerdas, batería, bajo, guitarras, percusión y yo. Además, tenemos teclados, pedales, secuencias. El show pasa de ser momentos clásicos con arreglos de cuerdas a ponerse rockero y electrónico. Va mutando. Es un repertorio diferente. Lo voy cambiando de acuerdo al lugar. Trato de llegar un día antes y caminar un poco para ver qué tengo ganas de tocar en donde estoy. Tengo cerca de 72 canciones, así que tengo para elegir.

Seguí leyendo