"Año a año es más difícil confeccionar en Uruguay"
La directora de Límite habló del momento que atraviesa la industria de la vestimenta nacional y de por qué debió comenzar a importar
Jackie Devoto tuvo una infancia rodeada de telas, maniquíes y botones. La relación de la directora de la empresa de indumentaria femenina Límite con el universo de la moda empezó hace más de 40 años, cuando su madre –que sigue involucrada en el negocio– fundó la firma bajo otro nombre. Llegaron a tener ocho puntos de venta en las galerías sobre 18 de Julio, hasta que los shoppings desembarcaron en la década de 1980.
El primer local que abrió con la grifa Límite fue en Punta Carretas Shopping. A partir de ese momento, todo se unificó bajo esa marca paraguas. Hoy la empresa tiene seis locales en Montevideo.
En el interior, en tanto, vende por mayor, sobre todo a tiendas multimarca. Si bien apuesta a confeccionar sus prendas localmente, en los últimos años, por un tema de costos, comenzó a importar (hoy 60% de su oferta viene del exterior, sobre todo de China, India e Italia). El restante es fabricación nacional, principalmente tejido y sastrería.
“Año a año es más difícil confeccionar acá”, se lamentó Devoto. La empresaria –quien definió a su clienta como una mujer “que quiere estar vestida a la moda pero tampoco que la moda abuse de ella”– señaló que después de un pico de ventas en 2012, se alcanzó una “meseta”.
Tengo cuatro talleres que trabajan para mí, y trato que tengan trabajo todo el año, sin descanso. Hoy estoy fabricando invierno para que ellos tengan trabajo, porque me da una lástima horrible que desaparezca la industria. La industria hoy es China, India, Bangladesh, pero en Uruguay está en las finales, desgraciadamente.
El tema financiero también. Todas estas cosas se pagan contado, antes de salir. Cuando llegan acá, toda la parte de despachos y anticipo de IVA se paga todo cash, para después venderlo y cobrarlo con tarjeta.
¿Cuál es el diferencial de su ropa frente a la de tiendas como Zara o Forever 21?
Son cosas distintas. Esa oferta es muy masiva, apunta a otros públicos. En el caso específico de Forever es una marca que es más un supermercado, apunta a un público que no le importa estar vestido igual.
Nosotros apuntamos a diferenciarnos. Es muy poco lo que se hace de cada modelaje. Por temporada debemos estar trabajando 400 modelos distintos. Generalmente no estoy repitiendo, de un modelo salto a otro y así.
En el mundo hay distintas tendencias. Está la tendencia a lo masivo y al supermercado, y a abaratar, y está la tendencia de la persona que se quiere individualizar.
Hay un público para todo. Está bien, porque siempre han existido las grandes marcas y también las marcas más chicas. Es cierto también que a las marcas más chicas las van comiendo las grandes y hay que subsistir en los mercados.
Son las reglas de juego. Mientras sean parejas para todos, está bien. El problema es cuando las reglas de juego entre esos grandes y los más chicos no son iguales.
¿Cuánto incide su gusto cuando arma la colección?
Depende muchísimo de cómo venga la tendencia, porque hay unas que a uno le gustan muchísimo más, y cuando una no me gusta tengo más impronta mía. Hay años que se usan unos colores específicos con los que no me siento identificada, y tomo cosas de tendencia, porque es lo que hacemos todos –si no, no vendemos–, pero pongo más mío que de tendencia. Y al revés: cuando me encanta, me sumerjo de lleno.