“Aquí la situación en los últimos años fue así”
"En general, no sabés si podés ir a la escuela, al trabajo, los niños no tienen nada que hacer y tienen miedo de dejar la casa… eso es la vida corriente acá, lo normal"
Rami Negbi vive cerca de la franja de Gaza, pero del otro lado. Es israelí, tiene 47 años y, aunque no desea la guerra, ahora está “contento porque el gobierno hizo algo”, tranquilo porque está refugiado en el búnker de su casa y “esperando” a que todo pase.
Vive en Netivot, un kibutz a apenas tres kilómetros de la franja de Gaza. Está casado y tiene hijos, pero ellos se fueron ayer de mañana rumbo al norte, huyendo del alcance de los misiles que llegan desde tierras palestinas. Se quedó solo en un cuarto de tres metros por tres metros.
“Ahora la situación es fácil porque sabemos que estamos en una guerra. Tendrías que haber estado acá hace dos semanas, hablando con nosotros, y hubieras visto que estábamos en la misma situación que ahora”, cuenta por teléfono a El Observador desde el búnker en el que se encuentra y en el que pasará no sabe cuánto tiempo.
“En general, todos los días, no sabés si podés ir a la escuela, al trabajo, los niños no tienen nada que hacer porque no pueden ir a estudiar, no pueden salir y tienen miedo de dejar la casa… eso es la vida corriente acá, lo normal. Ahora todos sabemos que estamos en una guerra, todos están en un búnker, la mayoría de las familias con hijos ya no están acá, así que quedamos muy pocos. Y estamos esperando”, agrega.
Desde su refugio escucha los cohetes y las bombas. “En este kibutz cayeron algunos cohetes también, no ahora sino hace dos semanas. Destruyeron casas. Estamos contentos de que finalmente el gobierno esté haciendo algo, porque aquí la situación en los últimos años fue así”, indica.
Como residente de la zona –dice de los palestinos “nosotros los vemos, ellos nos ven”–, Negbi vivió también la escalada de tensiones a fines de 2008 y principios de 2009, cuando los israelíes invadieron por tierra la franja en la operación Plomo Fundido.
La principal diferencia entre ese período y el actual es que ahora todo su kibutz tiene búnkers, algo que antes no existía por ahí. “Los que nos quedamos la pasamos muy mal. En cambio, ahora la mayoría estamos en refugios bajo tierra y estamos más seguros”.
A la hora de responder si los bombardeos que sufre al día de hoy son similares a aquellos, el israelí habla al instante y con firmeza: “No, no, no. Los cohetes ahora son más grandes y precisos. Generalmente tiran de a dos, tres o seis juntos, al mismo lugar. Y eso es muy peligroso. Son muy fuertes y los apuntan todos al mismo lado. Tienen buenas armas, las consiguen de Irán”.
El tiempo que pasará en el cuarto de tres por tres, incierto desde todo punto de vista, no parece una molestia para el hombre. “No me importa estar en el búnker todo el tiempo que sea necesario para encontrar una solución. Espero que después de la guerra haya una solución que mantenga la calma durante largo tiempo. Quiero que la guerra termine, pero solo si garantiza que al cabo de un día, un año, dos años o 10 años después, todo va a estar tranquilo y vamos a poder vivir como gente normal”, desea.