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¿Por qué se creó, hace 30 años, la Asociación Uruguaya de Técnicos en Lechería (Autel)?
Fue una necesidad, sucedió en 1983, salíamos de la dictadura y había muchos técnicos con dificultades para desarrollar sus trabajos, había muchos jefe de planta que no podían firmar como responsables por ejemplo. Con Oscar Piñeiro, un colega que era jefe de la planta de Coleme (en Melo, Cerro Largo), vimos que todos teníamos problemas comunes, en todo el país y en el exterior, y sentimos la necesidad de juntarnos para buscar soluciones, pero además para ayudar a que nos podamos seguir capacitando más y mejor quienes estudiaban y quienes ya habían salido de la Escuela Superior de Lechería de Colonia Suiza, y para además poder ser más y mejor reconocidos.

Este 5° Congreso Internacional de Lechería, en Montevideo y en el marco del 30° aniversario, es un buen ejemplo...
Sí, es un congreso muy lindo, con disertantes de acá y del exterior que han aportado elementos interesantes, como en probióticos o en temas sensoriales por poner un par de ejemplos. Cada vez es más necesario actualizarse, ya se está hablando de quesos irradiados, o que el orégano debe estar libre de esporas, por eso estos congresos son fundamentales para enriquecerse, aunque claro implican un gran esfuerzo que creo que todos valoramos mucho por lo que nos aporta.

¿Los jóvenes que hoy egresan de la Escuela Superior de Lechería salen debidamente capacitados para trabajar ya en el sector?
Sí, hay un programa de estudios bueno, que se va renovando, hoy incluso está naciendo y estará vinculada la Universidad Tecnológica y eso es fantástico, hacía falta para Uruguay, el Río de la Plata y América, un lugar donde el estudiante que se reciba de técnico en lechería pueda seguir estudiando, para perfeccionarse. En la Escuela de Lechería, además, se está construyendo una nueva planta industrial que ayudará a que los estudiantes se formen mejor, una gran obra por la cual se trabajó mucho tiempo.

Usted integra la Comisión de Festejo de los 30 años de Autel que trabaja para inaugurar un monumento especial...
Hace dos años que venimos trabajando, compañeros de acá y también de los países de la región. El colega José Ipar, que está en Brasil, planteó hacer un monumento como una forma de devolverle a la sociedad lo que la sociedad nos dio cuando nosotros estudiábamos. Se lo planteamos a María De Lima, la alcaldesa de Nueva Helvecia, y la idea le gustó mucho. Se instalará en la zona en donde en 1862 estaba la administración de la colonia, un lugar emblemático, que hoy se está poblando. La obra la diseñó un estudiante de Bellas Artes, futuro escultor, Enrique Schiaffarino, quien interpretó lo que queríamos. Los talleristas que en Nueva Helvecia trabajan con acero inoxidable, un material noble muy identificado con nuestra actividad industrial, están realizando el monumento con restos de ese material usado en la actividad industrial, algo que le da mucho valor. Tenemos el apoyo municipal para un monumento que estará rodeado de árboles de la especie “pezuña de vaca”, que además se sembrarán en terrones que los productores van a traer desde sus campos. Será un monumento a la familia quesera, en el mejor material que tenemos por durabilidad, medirá 2,20 metros y mostrará a una mujer con un queso en sus manos y a un hombre con una lira, que es el instrumento con el cual se corta la cuajada al inicio del proceso, rodeados por un caño de acero inoxidable que representa al tacho o a la tina quesera, simbolizando todo eso al núcleo familiar como base de la sociedad.

¿Cómo ve hoy al sector lechero?
El sector industrial lechero y quesero siempre fue pujante, siempre tuvo gente muy bien preparada para producir alimentos de excelente calidad para el mercado interno y para la exportación. A partir de 1978, cuando se firmó un convenio con Brasil, que nos compraba la mayor cantidad de quesos, hubo una reconversión muy grande en la industria láctea, pegando el salto que hizo que los productos sean confiables. A través del tiempo, con un rol importante de la Cámara de Industrias y de la Federación Panamericana de Lechería, los lácteos uruguayos fueron llegando a todo el mundo, aumentando la producción y la calidad, pero también mejoró la mano de obra sea el obrero, el técnico o el profesional, cada vez hay más capacitación y eso se traslada a una mayor excelencia en los productos.

¿Percibe en la gente joven deseo de permanecer en el campo y trabajando en la lechería?
La industria láctea es muy dinamizadora de eso, la mayoría de los productores viven en el campo, eso pasa sobre todo en el sector quesero uruguayo. Nos preocupa el recambio generacional, es un problema en todo el mundo. A los jóvenes, cuando se van a la ciudad, es difícil regresarlos a trabajar en el campo, pero me parece que en este sector lechero y quesero el hijo suele volver a trabajar con sus padres, un valor fundamental que tratamos desde las acciones de Autel que se mantenga.
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