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¿Quedó sorprendida cuando se le propuso presidir el INC?
Sí, no lo esperaba, aunque en realidad era algo que tenía que ver con que me desempeño desde hace mucho tiempo en actividades vinculadas al acceso a la tierra, a la producción familiar y a los asalariados rurales.

¿Cómo le fue en estos primeros días y qué expectativas tiene?
Muy bien, estoy muy cómoda. Tengo que aprender sobre lo administrativo, pero conozco la institución, el espíritu con el cual se generó la ley, sus objetivos estratégicos y sus lineamientos. Llegué a una institución con muy buen nivel de funcionamiento, con un plan estratégico definido, con aspectos muy importanes que se han ido gestionando y aceitando durante esta última administración. Colonización es una institución maravillosa para trabajar en desarrollo rural. Además, tengo mucho vínculo con las organizaciones sociales de asalariados rurales y productores familiares y bastante vinculación interinstitucional, por ejemplo con Mevir, con la Dirección General de Desarrollo Rural del ministerio de Ganadería, con el Banco República y con la Corporación Nacional para el Desarrollo, he trabajado en otros lugares con intervención en desarrollo rural, con un enfoque integral en la articulación de la tierra y otros recursos necesarios para los sistemas productivos y para el asentamiento de la gente, tengo vinculaciones que me permiten mirar con una cabeza bastante integral la intervención en el instituto y apoyarme en otras instituciones que pueden complementar perfectamente nuestra actividad.

¿Qué puede decirnos sobre las diversas líneas de trabajo?
En esta gestión hubo un cambio bastante importante, definiendo líneas de trabajo que tienen que ver con la división racional de la tierra, el asentamiento de la gente en el medio rural, el incluir a asalariados rurales y productores familiares en el instituto y la conservación de los recursos naturales. Entré a un equipo con un plan estratégico definido por un directorio que se mantuvo en su mayoría, aprobado también por los funcionarios. Dentro de ese plan una cifra fácil de visualizar es sumar 55 mil has en esta administración, al irse (Andrés) Berterreche –el anterior presidente– había 38 mil y algo de has, debemos cumplir esa meta. Además, priorizar la inclusión de mujeres y jóvenes dentro de los colonos, luego de cumplir con el corte más global que es el de asalariados rurales y productores familiares, algo que nos preocupa por la falta de recambio generacional en el agro, queremos un sistema de producción sustentable, con tomadores de decisión en el largo plazo. El instituto debe trabajar en promover que las mujeres, los jóvenes y la gente con más dificultades se sientan potenciales beneficiarios del instituto, y en general de las políticas públicas, a través de las regionales, del equipo técnico de selección de colonos e incluso en otra institucionalidad, por ejemplo a través de las mesas de desarrollo rural, desde donde nos llegan demandas. Otra línea de intervención, a la hora de tener en cuenta criterios para la adjudicación, es promover procesos asociativos, dan otra sustentabilidad en el tiempo considerando las escalas que hoy se necesitan y las limitantes a levantar, fortaleciendo experiencias que permiten un uso mucho más racional de los recursos tierra, infraestructura y capital humano.

Se avanzó en disponer de nuevos campos, ¿y para adjudicarlos?
Sí. En la administración anterior y en esta se han hecho cambios muy buenos. Se dispuso de recursos para comprar tierras, lo ha resuelto el gobierno, después de mucho tiempo sin poder hacerlo por una definición también política. Logramos los recursos, se generaron mayores aportes a través de los impuestos, pero también se aceleró el proceso de selección de colonos y entrega. Se aceitó la calidad de ese trabajo, el hacer entrevistas y obtener información fehaciente de realidades económicas y capacidades de producir. Por eso la institución está avanzando fuerte.

¿La masa de colonos cumple con los pagos en forma adecuada?
Todos conocemos el tema del endeudamiento agropecuario, que también le tocó a los colones. En la administración anterior hubo una refinanciación y desde allí en adelante se ha promovido la gestión de cobro, que es una responsabilidad institucional. El colono tiene la obligación de cumplir y el instituto la de resguardar los bienes del pueblo uruguayo. Las rentas en general se están pagando y la cartera del instituto está mucho más saneada, de hecho hay un superavit de US$ 2 millones. Otra responsabilidad que nos preocupa mucho son los sistemas de inspección para que los colonos cumplan con la residencia en el predio, con el cuidado de los recursos naturales, con la producción. Esos mecanismos también se han aceitado, hay una presencia mucho más importante del instituto en la vinculación con los colonos, construyendo mejor una institución de la cual los colonos son parte.

¿En qué pondrá énfasis?
En los procesos asociativos como una forma de organización que promueve determinados valores en las personas y en las organizaciones, de la mano de otro enfoque que se definió desde 2005, la entrega de tierra en arrendamiento, un cambio que tiene que ver con el rol social de la tierra para el Estado uruguayo y el instituto: está para producir, para generar alimentos, para aportar a la soberanía de la seguridad alimentaria de nuestro país. Existe un compromiso entre colonos e instituto para que eso se cumpla, para que la tierra siga siendo usada en función de las necesidades de la sociedad. Todo esto es arriesgarse a más, es una línea determinante.
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