¿Cómo es ser el hijo de un presidente?
Emma Sanguinetti y Álvaro Vázquez contaron sus experiencias “sobreviviendo” a la idea de ser el “hijo de”.
El salto a la vida pública, las críticas y ser “el blanco” para los que quieren pegarle al padre. Tener que luchar por diferenciarse. Esas son las consecuencias con las que deben cargar los “hijos de”, como los nombró en su libro la periodista Elena Risso. Así lo contaron a El Observador TV Emma Sanguinetti y Álvaro Vázquez.
“Mi padre era político, pero yo era muy chica cuando fue ministro y diputado. Yo crezco durante la dictadura con un padre abogado, que se ganaba la vida como abogado. Tenía todo ese mundo, que yo lo veía y estaba ahí, pero de algún modo crecí con un padre y, de repente, a los 18 años, me lo cambiaron”, dijo Emma Sanguinetti, recordando cómo su vida dio un vuelco cuando, en 1985, su padre asumió por primera vez la presidencia de la República.
Un sentimiento similar expresó Álvaro Vázquez quien, si bien asegura que la relación con su padre, Tabaré Vázquez, ha sido una relación normal, y no cambió “para nada” en él ni en sus hijos, reconoce como el mejor día del mandato de Vázquez, al último. Uno en el que, “de cierta forma volvieron a recuperar” a su padre. Cuando el actual presidenciable por el Frente Amplio, volvió a “ser el padre de todos los días” y podían verlo más seguido.
Con 19 años, contó Sanguinetti, el living de su casa, centro de encuentro para artistas, pasó a recibir también a los militares, contra quienes ella caceroleara tiempo atrás. Recordó también quedar “anonadada” con el discurso presidencial de Julio María Sanguinetti, a quien nunca había escuchado hablar en público. Debieron mudarse a Suárez una “casona en la que había un cuartel militar adentro”.
Junto con la mudanza comenzó en su caso el protagonismo, y el inicio de la lucha por ser algo más que la hija del presidente. “Yo me subía al ómnibus para ir a facultad y escuchaba hablar de mi padre atrás, y no precisamente bien. Tu propia figura empezaba a ser algo”, relató. Su estrategia fue rebelarse y, por convicción, no concurrir a los actor políticos.
La exposición que conlleva ser el “hijo de” llevó también a Vázquez y a su familia a mantenerse apartado de los medios durante la gestión de su padre. Pero es una condición de la que no es tan fácil escapar.
“Siempre vas a ser el hijo de una persona conocida”, reconoció Vázquez, algo que en su caso también se manifestó en lo profesional, al trabajar como oncólogo. Sin embargo, “tenés que tener la capacidad de ser vos mismo”. Su táctica en ese sentido fue evitar buscar trabajo en los lugares donde podría tener algún tipo de beneficio. No hizo por ejemplo, carrera en la docencia en la Universidad de la República y se mudó a Tacuarembó. “Donde había lugares para hacer cosas nuevas, ahí quería estar”, aseguró.
Contra el mismo carma combatió Sanquinetti. “Luché mucho para que la gente me viera a mí, que pudiera ver lo que yo hago”, dijo. “Mi padre es mi padre y yo no tengo por qué pensar igual que él. Coincido o no coincido, como le pasa a todo el mundo con su padre”, agregó. Aunque no pudo negar que le diera el voto. “¿Cómo no lo voy a votar? Si es mi papá”.
“Fueron tiempos turbulentos”, concluyó Sanguinetti, “pero sobrevivimos”.