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Tal como comenzamos la primera nota en referencia a este tema, vale la pena recalcar un concepto básico, desde el lugar del ganadero a la hora de comprar reproductores: la inversión en genética es permanente y acumulativa. Nunca se pierde el efecto de una inversión en genética. Por eso hay que estudiar el tema y no dejarlo a la deriva de las modas.

En la Argentina es común ver, en tiempos de baja rentabilidad como ahora, muchos ganaderos que dejan entero a algún ternero “pintón” creyendo que ahorran plata al no tener que comprar ese toro, sin darse cuenta que es la peor decisión que se puede tomar.

También hay quienes armando un “plantelcito” producen sus propios toros y creen que son cabañeros, sin saber el enorme trabajo de selección de líneas, de estudio y de experiencia de prueba y error, de viajes, de dedicación a un tema tan específico que exige una focalización de gran detalle.

Cuando hice referencia a las mediciones de la raza Angus en los Estados Unidos, a modo de ejemplo, omití involuntariamente comentar que hay otras herramientas usadas en diferentes países, como el Índice de Cría desarrollado en el Uruguay por la Sociedad de Criadores de Hereford, o el Índice Pampa que ofrece el Grupo Breedplan Argentino. En ambos casos, al igual que en el caso de la raza Angus mencionado en la nota primera, se busca entender y presentar el “peso económico” de determinados atributos para facilitar en el ganadero la comparación entre reproductores.

Todos estos esfuerzos son eficaces, cada uno con sus particularidades y apuntan a lo mismo: ofrecer una síntesis que permita tomar una buena decisión de compra, en forma práctica y entendible.

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