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¿Por qué razón el INIA incorporó el riego como tema estratégico?
Básicamente por tres grandes razones, la falta o escasez de información analítica en algunos rubros o sistemas productivos, el rol del agua en el actual contexto agropecuario como recurso natural estratégico para el desarrollo y, por último, la demanda del sector público-privado, incluyendo las políticas públicas promovidas desde el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Como antecedentes previos, es pertinente mencionar al Prenader, en la década del 90. En años más recientes, los fondos competitivos internos de INIA financiaron en 2009 un ambicioso proyecto de riego que se encuentra en ejecución. En la elaboración del actual plan estratégico 2011-2015 la temática del riego fue una de las demandas que surgieron de los talleres de prospección que se hicieron en 2011 con los sectores públicos y privados representados en INIA y que financian la institución. Por otro lado, desde la junta directiva del INIA se ha buscado un alineamiento con las políticas estratégicas y prioritarias establecidas por el MGAP, tales como las vinculadas al riego y la adaptación al cambio climático.

¿Cuál es la importancia potencial que tiene el uso estratégico del agua en Uruguay?
El agua es un recurso natural clave en el desarrollo productivo, en la sostenibilidad y estabilidad de los sistemas productivos, que debemos utilizar más eficientemente, conservar o reservar para su uso estratégico cuando más se necesita. Si bien la precipitación media anual del Uruguay es de unos envidiables 1.100 mm y no tiene diferencias significativas en su distribución mensual, en general se producen excesos hídricos durante el invierno que en más del 90% terminan en el mar y déficits hídricos en los meses de verano que además pueden verse agravados por la alta variabilidad climática dentro y entre años. A lo anterior hay que agregar que la capacidad de almacenamiento de agua potencialmente disponible en los suelos de aptitud agrícola se encuentra entre los 100-160 mm. Esto solo permite cubrir entre el 20% y 25% de las necesidades hídricas de los cultivos de verano.

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¿Qué ha cambiado para que se empiece a tener en cuenta el riego?
El proceso de valorización de la tierra explicado en parte por la alta demanda internacional de alimentos y productos primarios (granos, carne, leche) que se ha experimentado en la última década en el país ha estimulado la intensificación de los sistemas productivos y la inversión en los mismos. El aumento del precio de la tierra y de los costos de instalación de los cultivos lleva a la necesidad de aumentar la productividad y también la estabilidad y sostenibilidad de los sistemas productivos. El uso estratégico o estructural del riego es visualizado como una herramienta clave para aumentar la productividad y sostenibilidad de este proceso de intensificación.

¿Qué conclusiones se manejaron en la jornada del pasado 30 de enero?
A pesar de que las precipitaciones han sido bondadosas durante la zafra se han observado respuestas interesantes en los cultivos y las pasturas. El ingeniero Bermúdez mostró que en Lotus Maku se produjeron 12 kg MS/mm aplicado que equivale a 1kg carne/mm. La ingeniera Pereyra mostró que el trébol blanco con tres riegos en noviembre triplicó la producción de semilla del cultivo (300 kg/ha) respecto al de secano (100 kg/ha) sin mayores diferencias entre los niveles de riego. Los resultados del potencial de rendimiento en soja, que hasta entonces tiene seis riegos (50 mm totales) se verán a la cosecha, pero aún así se apreciaban efectos en el crecimiento y desarrollo así como algunas interacciones con la población y grupos de madurez que fueron discutidos con los presentes.

¿Cómo influye el riego en la sustentabilidad de la agricultura?
Tal vez el mayor impacto del riego en la sustentabilidad de los sistemas agrícolas de la región Este, para aquellos que estén listos y puedan implementarlo, venga por un lado en viabilizar el cultivo de maíz en la rotación y por el otro en asegurar mayor productividad del doble cultivo trigo-soja, particularmente las sojas de segunda que se siembra más tarde y muchas veces en suelos con bajas reservas de agua disponible. Con esto aseguraríamos mayor producción de los cultivos y, por tanto, de rastrojo que impacta contra la erosión y devolución de materia orgánica al sistema.

¿Qué otros criterios se deberían tener en cuenta para hacer sustentable la agricultura en el Este del país?
La soja se ha seguido expandiendo en la región, inclusive a la zona baja en rotación con el arroz que es motivo de otra discusión. La mayor parte de los suelos con potencial agrícola ubicados en la zona de lomadas de la región Este tienen una menor capacidad de uso y manejo que los del litoral. Entre sus desventajas destacan su mayor diferenciación textural y menor capacidad de almacenamiento de agua, estabilidad estructural, contenido de materia orgánica y fertilidad natural. Esto implica que son suelos de mayor riesgo de erosión y degradación, alto riego de sequía en verano y con limitantes de drenaje en invierno que determinan que potencialmente sean menos productivos, aunque no necesariamente, ya que tienen menor uso agrícola previo con laboreo como los del Litoral. Aunque la siembra directa se ha consolidado como sistema, el predominio de soja en la rotación alentada por los precios y la buena adaptación relativa a estos suelos, las limitantes de drenaje para cultivos de invierno, el alto riesgo de sequia para maíz, los problemas de comercialización y precios del sorgo y la desaparición de las pasturas en la rotación plantean importantes desafíos para la sustentabilidad de la agricultura en la región.
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