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Corría 1989 y las mujeres usaban el pelo como el de los músicos de una banda de rock sueco y se ponían abultadas hombreras, en las televisiones del mundo se veía Alf y el muro de Berlín se derrumbaba, como si fuese de papel. Ese fue el año en que se estrenó la película Cuando Harry conoció a Sally, escrita por Nora Ephron, dirigida por Rob Reiner y protagonizada por dos actores que quedaron bastante atados a esos personajes del título: Billy Crystal y Meg Ryan. Ahora Raúl Taibo y Araceli González se ponen esas ropas y dirigidos por Manuel Martínez Gil llevaron la obra a las tablas del teatro. Se presentan hoy a las 21 horas en el Teatro Metro de Montevideo como cierre de una gira que los llevó durante fines de 2010 y lo que va de 2011 a representar la obra en Buenos Aires y otras ciudades del interior argentino. El Observador conversó con Raúl Taibo sobre esta comedia “blanca” que no tiene antagonista, sobre actuar con Araceli González, y acerca de otros aspectos de su larga carrera actoral.

¿Cuánto influye la película en esta versión teatral?
Esta es una obra de teatro que se adaptó para cine, así que en todo caso, aquí estaríamos volviendo al original. El texto es el mismo. Manuel González Gil le dio una impronta maravillosa.

Con respecto a la película, nos pidió que no la viéramos de entrada.Necesitábamos ver qué nos pasaba con el libreto. Tuvimos un mes y medio de ensayo. Después de eso la vimos y nos dimos cuenta de que la distancia era enorme. Es diferente la forma de vincularse entre los personajes. En la película es mucho más estática, tiene muchos primeros planos, es mucho más mental. En el teatro todo es más corporal, más pasional, más gracioso, con nuestro tipo de humor, con una forma de hablar más rioplatense.

¿Qué recepción ha tenido la obra?
La obra se está haciendo desde diciembre en Argentina. La estrenamos primero en Mar del Plata y después estuvimos haciéndola cuatro meses en Buenos Aires. Luego iniciamos esta minigira que nos trae a Montevideo. Fue un éxito.

¿Hace cuánto tiempo que no actúa en Uruguay?
Uy (piensa). Hice una obra, Los galancitos, en el Solís hace años. No me acuerdo. Pero siempre tuve una relación muy cercana con Uruguay porque con mi familia veraneé en Punta del Este, donde tengo amigos. Esa relación fluída se cortó un poco, cuando mi hija creció.

¿Cómo es la transición de volver al teatro desde la televisión?
Yo trabajo en este negocio del espectáculo hace 40 años. Desde chico que visito radios, teatros, cines, estudios de televisión. Creo que no hay un salto. Sí cambia la técnica, porque no es lo mismo la televisión que el teatro, pero no significa que haya un salto. Siempre me vi en un escenario: es el espacio donde siempre anduve. No me pesa la transición. Aunque prefiero trabajar en teatro, que siempre fue mi medio preferido. Últimamente también le agarré el gustito al cine, que es un ámbito muy rico.

A propósito, ¿cuál es su rol en la película El túnel de los huesos?
Es una historia real, que transcurre en la carcel de Devoto entre 1990 y 1991. Un grupo de presos se escaparon por un túnel. La particularidad es que en el túnel encuentran un osario. Averiguan que son restos de gente víctima de tortura durante la dictadura. La película no lo explica del todo pero deja entrever esa posibilidad. Los presos hacen un ritual pidiéndole permiso a los muertos para pasar y hacen una promesa. Los presos se contactan con el periodista Ricardo Raffendorfer, quien investiga y escribe un reportaje premiado en España. En la vida real, hubo una investigación que determinó que esas personas fueron víctimas de un motín, que nunca se aclaró. El túnel se selló y nunca más se supo nada. El director de la película es Nacho Garacino. Se estrenó hace unos meses en Argentina y compitió en el festival de Shanghai.

Volviendo a Cuando Harry..., ¿cómo es la experiencia de actuar junto a Araceli González?
Laburamos mucho con Araceli. Es una actriz que tiene mucho humor y en la obra sale divina: la gente aplaude a telón abierto.

Una de las escenas claves dela obra es el orgasmo fingido de Sally en el restaurante. ¿Cuánto practicaron esa escena?
¡Cientos! Ja. Esta es una obra que haría toda mi vida. Ya de entrada la gente empieza a identificarse y participar, y va in crescendo. Tiene picos de humor y romanticismo.
Es una obra que atrae a un público ecléctico y heterogéneo. Saben que es una comedia “blanca”, no hay antagonista, no hay equívocos. Es una obra que de principio a fin no tiene pausa, no para nunca. Creo que esta es la genialidad de Nora Ephron como autora.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?
La gira termina acá en Montevideo. Luego regreso a Buenos Aires y hay algún proyectito para teatro en el verano allá.

¿Qué le dejó Una voz en el teléfono? ¿Fue una telenovela que lo marcó?
No creo que sea mi papel arquetípico. En el momento fue muy fuerte y me marcó mucho. Reconozco que todavía hoy mucha gente me habla de eso. Fue una época especial de mi vida: fue año de embarazo y de nacimiento de mi hija. La novela fue un bombazo, porque era original: era inusual que se casen en mitad de la novela y después continuara. Ese es el genio de Alberto Migré.

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