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No hay habitué de los boliches de tango en Madrid que no lo conozca. Aunque sus tímidos ojos hundidos divisen la pista de baile desde los arrabales de las milongas, a Dimitri Papanikas le cuesta pasar desapercibido. No es raro que en medio de una tanda de baile, cuando suelta a su fugaz compañera, alguien se le acerque y le comente algo sobre el programa de radio con el que todas las semanas cientos de argentinos y uruguayos radicados en España desgranan su historia de añoranza y memoria.

Cada domingo 60.000 oyentes, muchos de ellos desde Latinoamérica, escuchan Café del sur en la Radio Nacional de España, un programa donde el tango y la canción de autor rioplatense se articulan con “historias de inmigración y discriminación, de sacrificios y de integración”.

Historiador y crítico teatral y musical, Papanikas nació en Cerdeña hace 32 años y vivió sus primeros años en Grecia, la tierra de su padre. Pudo haberlo influido su origen heterogéneo, pero fue en la Universidad de Filosofía y Letras de Bolonia, en la cual tuvo como profesor a Umberto Eco, donde su interés por la construcción de la identidad inmigrante se topó con la realidad del Río de la Plata, acaso uno de los enclaves más representativos de esa hermosa mezcolanza. Este interés lo llevó a estudiar un doctorado en España, y el interés se convirtió en pasión después de vivir en el hemisferio sur, donde se enamoró de la música uruguaya.

¿Cómo comenzó a interesarse por la música uruguaya?
No conocía nada de esto hasta que un día, en Montevideo, un amigo puso en mis manos dos discos fundamentales para mi formación: A dos voces, de Daniel Viglietti y Mario Benedetti, y ese disco fantástico que grabó Zitarrosa en 1983 en directo desde el estadio de Obras Sanitarias en Buenos Aires, que comienza de forma estremecedora. Tenía cuatro años en esa época, pero todas las veces que lo escucho se me pone la piel de gallina.

¿En qué aspectos se diferencia la música rioplatense de la europea?
Es interesante que lo que se suele identificar en Europa como canción de autor se liga a una escuela de pensadores que utilizaban como fuente de inspiración la época clásica; eran cantantes extremadamente cultos, que utilizaban la poesía y la literatura. Georges Brassens, Leo Ferrer, Fabrizio de André, Paco Ibañez... En Latinoamérica el sentido de la identificación política y cultural está en buscar el patrimonio colectivo de la gente del pueblo, la gente pobre.

¿Qué hace especial a la música uruguaya dentro de la música rioplatense?
Lo que puedo rescatar es, precisamente, lo que no está en Buenos Aires. Ese grandísimo aporte negro e indígena, una cultura musical uruguaya donde el candombe está por todos lados: en la canción de autor, en la milonga, en el tango, en las murgas.

Al respecto, es interesante el contraste entre inmigración, integración y nacionalismo en el tango...
La del Río de la Plata es una realidad increíble a nivel mundial, ahí se juntaron todos. Pero es curioso que hoy el tango se ha vuelto una reivindicación de lo nacional, cuando es lo opuesto, algo que nos enseñaba acerca de la convivencia. Luego de los sesenta, sobre todo, muchos músicos quedaron mirándose el ombligo, tratando de preguntarse qué era tango y qué no. Es decir, reivindicaron algo como suyo para quedarse atrapados en la construcción de ese mito. En Argentina, por ejemplo, se aprobó la Ley de Protección del Bandoneón (aún sin reglamentar) donde el Estado tiene prioridad sobre cualquier venta de este instrumento. La relación de los uruguayos con el tango me parece mucho más seria, porque es una sociedad más multiétnica.

¿Qué diferencia a Café del sur de otros productos sobre el tango?
Lo que a mí me interesa es una perspectiva histórico-política del tango, porque a pesar de que cada año se publican unos trescientos libros sobre el tango, la mayoría, aparte de que se copian entre sí, no logran hablar de lo que ocurrió en el Río de la Plata.

¿Cómo ideó el programa de radio?
Un día, mirando la televisión, vi una entrevista sobre un pueblo minero de Cerdeña. Allí una mujer mayor, a la que toda su familia se la había llevado la mina, aparecía en su villa miseria. Cuando el periodista le preguntó qué le había dado la mina, ella no se lo pensó dos veces y contestó: “Nos ha regalado el bienestar”. O sea, el dominado asume totalmente la perspectiva del dominante. Esto desencadenó la idea del programa. Yo quería utilizar el tango para tratar de darle dignidad a esa mujer, como hacen los cantautores, a través de una historia social de los movimientos migratorios, partiendo de la realidad fantástica del Río de la Plata. Un oyente argentino de 74 años, desde el primer día que hice el programa, hace dos años, me manda una ficha con comentarios sobre la vivencia personal de las canciones que yo pongo. Ese agradecimiento es algo que yo no puedo olvidar. Lo extraordinario es, en cierta forma, devolverle esa memoria.
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