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El director y dramaturgo Adel Hakim se encuentra en Montevideo para presentar versiones de las obras Uz, el publo; Or, tal vez la vida sea ridícula y Mi Muñequita del dramaturgo uruguayo Gabriel Calderón.

Las dos primeras obras serán presentadas con el elenco francés que las interpretó en el Theatre des Quartiers d’Ivry en París, dirigido por Hakim, mientras que la tercer obra es interpretada por un elenco chileno. Todo esto se realiza en el marco del ciclo Radical Calderón, que celebra los 10 años de trayectoria teatral del uruguayo.

¿Cómo conoció la obra de Calderón?

Conocí a Gabriel en 2006. Yo estaba trabajando como director con la Comedia Nacional, y la gente y me decía que los viernes a las 12 de la noche había un espectáculo que tenía que ir a ver, de un muchacho muy joven. Era Mi Muñequita. Fui a verlo y me impactó mucho, por la dramaturgia, el estilo de actuación de los actores, la manera de hablar al público, de hacerlo entrar a la historia, todo el humor, la ironía y la crueldad al mismo tiempo de la obra.

Además descubrí que Gabriel la había escrito cuando tenía 18 años, ¡Qué edad para escribir algo así! Un mes después estrenaron Uz con la misma compañía, fui a verla también, y me interesó mucho. Entonces me dije “¿Qué pasaría si tratamos de presentar este teatro en Francia?”. Así, algunos años después tradujimos seis de sus obras, que para mí era importante explorar porque es un tipo de escritura muy uruguaya.

Luego en 2012 dirigimos juntos un taller para actores profesionales en Francia que fue una experiencia muy interesante, por lo que decidí como director del Theatre des quartiers d’Ivry que estaría bien programar las obras. En 2013 presentamos Uz y Or con actores franceses, e invitamos al elenco uruguayo de Ex, que era la nueva obra que escribió Gabriel Calderón en ese momento. Mi intención era mostrar también como los actores de América Latina actúan de forma diferente a los franceses. Por eso también vinimos aquí al Solis, para mostrarles a los uruguayos como actúan los franceses.

¿Es difícil realizar la traducción y adaptación de las obras considerando que vienen de una idiosincrasia y una cultura diferente?

No, no es difícil porque hay algo de universal en esas obras. Si uno cuenta bien,en profundidad, de manera muy localizada lo que pasa aquí se puede hacer universal. Cuando Shakespeare escribía, contaba lo que pasaba en el mundo isabelino inglés, pero lo escribió de tal manera que se volvió universal. Entonces, cuando hay una buena dramaturgia que hace reflexionar al público, que es interrogado sobre la sociedad, eso puede interesar en cualquier parte del mundo.

¿Cómo es su relación con el teatro de América Latina, ya que ha hecho trabajos en Chile, en Argentina, y aquí?

Para mi no es solo que yo traigo un aporte estético, yo también aprendo mucho. La situación social y política no es la misma en Europa que en América Latina, y eso hace que el estilo de teatro no sea el mismo. Me parece que hay más libertad de expresión en América Latina que en Europa. Porque en Europa hubo tantas cosas, tanta exploración artística, o sea, ya casi todo está hecho, y en América Latina hay cosas que todavía se están haciendo y eso me parece muy interesante. Entonces es un aporte mutuo, un intercambio que me parece muy importante para el teatro.

¿Cuáles son las características de la obra de Calderón que más le llaman la atención?

Lo que me interesa es que hay un lado muy provocativo en su escritura. Hay cosas de la vida que generalmente no se dicen en el teatro. Por ejemplo, hay una escena en Mi Muñequita que el padre de la niña cuenta que cuando va al baño “a cagar” siente paz en su mente, porque hay tantas cosas que le molestan en la vida que su único momento de paz es cuando va al baño.

Esas son cosas que no se dicen generalmente, porque la mayoría de la escritura de teatro se queda en lo políticamente correcto, es éticamente correcta. En la escritura de Gabriel hay malas palabras, que en el teatro no se dicen pero en la vida, cuando uno se enoja las dice, entonces ¿Por qué no decirlo en el teatro? Hay gente que se molesta pero es bueno decirlo.

Porque en el teatro hay que mostrar el lado malo o violento de la vida. Para mi el teatro es un medio para hablar de cosas en común, porque una función es una asamblea, hay un diálogo que se instaura entre el público y los artistas, hablamos sobre temas de la sociedad. Además Gabriel cuando escribe hace reír. El placer que podemos obtener del teatro también es algo importante, pero si es solo placer convencional no es suficiente, y solo el discurso político no es el papel del teatro, sino la mezcla de los dos, opiniones que se expresan pero que generan placer al público.

¿Hay puntos de contacto entre sus obras y las de Calderón?

Si, yo me interesé en las obras de Gabriel por eso. Yo como escritor tengo menos humor, él es mucho más gracioso. Pero cuando soy director y monto una tragedia griega o una tragedia de Shakespeare, me gusta usar la ironía que hay. A veces el público se va a reír de una tragedia y después se va a preguntar “¿Por qué me río de eso?”. Entonces es interesante no mostrar un solo estilo de interpretación en teatro, sino mezclarlos.

¿Qué considera que le aporta su dirección a las obras de Calderón?

Pienso que cuando un autor escribe hay cosas inconscientes de las que no se da cuenta. Porque en el caso de Gabriel sus palabras salen, salen, salen y a veces no se da cuenta de que tan trágica es su escritura. Entonces cuando otro director toma una obra de Gabriel exterioriza ese inconsciente del autor. Y eso pasa con todos los autores. Un autor escribe la obra en tres o cuatro meses, es muy rápido, pero después cuando uno dirige va mucho más atrás de lo que está escrito, cuales es el inconsciente del autor y como exteriorizarlo. Ese es para mi el papel del director, explicarle eso a los actores para que haya varias capas de interpretación.

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