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Las largas colas en los supermercados, los garajes repletos y las estampidas humanas en los shoppings los días de descuento son, para algunos, un claro reflejo de una economía que va bien, de que hay plata en la calle y en los bolsillos de la gente. Para el presidente José Mujica, en cambio, es un motivo de “calentura”.

La gente consume, se endeuda y no ahorra. Ese es el razonamiento del presidente, que la semana pasada, en México, acusó a la población uruguaya de haber “perdido la memoria” y “endeudarse alegremente” en momentos en que la hecatombe europea amenaza con colarse en la región. Según Mujica, “si mañana hubiera una zancadilla de carácter económico y tuviéramos una crisis, otra vez un montón de gente quedaría entrampada”.

Es cierto que el consumo se expandió muy por encima de la actividad económica en los últimos dos años y que el crédito bancario creció más que el ahorro de la gente. Los uruguayos gastan y lo hacen incluso con dinero que no tienen. Con un escenario internacional impredecible parece acertada la advertencia.

Sin embargo, las cifras oficiales y el análisis realizado por expertos privados dan cuenta de que los fundamentos detrás del crecimiento del crédito son sostenibles en el largo plazo y que no comprometen la sustentabilidad de los hogares. Muy por el contrario, los uruguayos todavía poseen margen para seguir endeudándose sin miedo a una burbuja de crédito.

Durante el último año el consumo de los uruguayos creció 11,4% en términos reales, por encima de la expansión del total de la economía, que avanzó a una tasa de 8,5%. Hoy los uruguayos compran 41% más bienes y servicios que hace tan solo cinco años.

El crecimiento de los ingresos y el mayor nivel de ocupación en el mercado de trabajo se encuentran detrás de los restaurantes repletos y las largas esperas por un taxi en las horas pico.

Este año, la economía uruguaya alcanzó la tasa de empleo más alta de su historia, con 61% de la población en edad de trabajar ocupada. Eso implicó que en cinco años, 226 mil personas que buscaban o no un empleo, ingresaron al mercado laboral y comenzaron a percibir un sueldo. Así, el número de desocupados se redujo a la mitad.

Y no solo hay más personas que gastan, los que antes accedían al mercado de bienes y servicios ahora están en condiciones de comprar más. Entre 2004 y 2010 el ingreso de los uruguayos creció 42% en términos reales –con un aumento mayor en los sectores de menores ingresos, como consecuencia de la política social– y el salario medio de los trabajadores aumentó 44% –con un incremento mayor en los estratos medios–.

El crecimiento de los salarios y las mayores oportunidades dentro del mercado laboral llevaron a que los trabajadores bajaran la guardia. Quedarse sin empleo sigue siendo un riesgo, pero uno mucho más remoto que en aquellos años en los que uno de cada cinco uruguayos que buscaba trabajo era rechazado por un mercado exclusivo y hostil.

La confianza repuntó y con ella, la propensión de las familias a endeudarse, a consumir por encima de sus posibilidades. Según datos de la consultora Deloitte sobre la totalidad del sistema bancario y las empresas administradoras de crédito, el financiamiento al consumo –medido en moneda uruguaya– se multiplicó por tres en los últimos cinco años. Durante el último año creció 39%.

Pero la variación de por sí no dice demasiado sobre la capacidad de las familias para hacer frente a sus obligaciones. Uruguay está muy lejos de ser considerado un país amenazado por una burbuja de créditos. No solo porque en la comparación internacional el crédito al consumo posee una escasa importancia en su economía, sino también por la manera en la cual se dio el aumento de los préstamos.

La espectacular expansión del crédito llevó a que el financiamiento al consumo representara 6,6% del Producto Bruto Interno (PBI), según Deloitte. Si esa cifra preocupa al presidente Mujica, más debería quitar el sueño al resto de los líderes de la región y ni hablar a los del mundo desarrollado. En Chile, el financiamiento al consumo representa 8,6% del PBI, mientras que en Brasil el ratio se ubica en 14,9%. En el Reino Unido el financiamiento antes de la crisis representaba 15,8%, mientras que en el caso de Estados Unidos, el financiamiento al consumo representa 17,6% del PBI.

Al mismo tiempo, un reciente estudio elaborado por la consultora CPA Ferrere para la empresa administradora de créditos Pronto! concluye que no existe un fenómeno de sobreendeudamiento en las familias uruguayas a través del cual deban tomar nuevos préstamos para cubrir sus créditos vencidos.

Luego de analizar la base de datos del Clearing de Informes, los expertos hallaron que un total de 86 mil personas ingresaron por primera vez al mercado de crédito entre 2006 y 2011. Con lo cual, el crecimiento del crédito en los últimos años se explica en buena medida por buenos agentes –muchos de ellos de ingresos bajos y medio-bajos– que ingresan al mercado de crédito y no porque los antiguos clientes del sistema estén engrosando sus estados de cuenta.

Además, sostienen que “el nuevo perfil de solicitantes de créditos muestra un cuantioso incremento en la participación de jóvenes, residentes del interior y mujeres, que son justamente los individuos que habían sido, hasta el momento, los más marginados del sistema”.

Al contado o a crédito, los uruguayos de clase media se dan sus lujos: cenan fuera de casa todos los fines de semana, renuevan el living y cambian el auto. Pero mientras la venta de vehículos cero kilómetros alcanza niveles récord, los depósitos bancarios desaceleran su crecimiento. Los uruguayos dejan de ahorrar para financiar la mejora en su calidad de vida.

La capacidad de ahorro de las familias, una vez cubiertos sus gastos mensuales, registró una caída de 2,8% durante los últimos dos años, según datos del Programa de Opinión Pública y Confianza Económica (Popce) de la Universidad Católica y Equipos Consultores.

Al analizar el ahorro por nivel socioeconómico, surgen datos interesantes. Si bien la clase alta registra un incremento de 10,4% en la cantidad de personas con capacidad de ahorrar, los sectores más bajos redujeron 0,4% sus posibilidades de acumular dinero. La clase media es, sin embargo, la que más contrajo el proceso de ahorro, con una caída de 4% en el número de ahorristas.

El crecimiento del crédito en el corto plazo tiene como contracara una caída del ingreso disponible de la población a mediano plazo, cuando el pago de las cuotas restringe sus posibilidades de consumo. Desde la perspectiva de una familia, el crédito no es más que un mecanismo para adelantar el consumo, no para multiplicarlo indefinidamente.

Durante el tercer trimestre del año, sin embargo, la capacidad de ahorro de la población volvió a aumentar, con un incremento de 9,2% en el número de personas que pudieron hacer frente a sus obligaciones y al mismo tiempo, ahorrar dinero.

La cifra es consistente con la desaceleración del consumo registrada durante el tercer trimestre del año. Durante ese período, siete de los 18 rubros relevados por la Cámara de Comercio y Servicios (CNCS) desaceleraron su crecimiento. La predisposición de los consumidores uruguayos al consumo de bienes durables está fuertemente asociada a una variable: el precio del dólar. Cuando el billete verde pierde valor los consumidores consideran que las cosas van bien. Pero cuando sube de manera brusca la memoria se aclara, el fantasma de la crisis vuelve a aparecer y las familias ponen paños fríos sobre sus estados de cuenta.

Entre agosto y setiembre, el dólar se disparó. Pasó de $ 18,3 a $ 20,3 durante un período de fuerte volatilidad en los mercados mundiales como consecuencia del agravamiento de la crisis europea. El aumento en el precio del dólar llevó a una aceleración en el aumento de los precios al consumo. Los electrodomésticos, por ejemplo, se encarecieron 5,6% desde agosto.

Pero se trata de un fenómeno de corto plazo. Ya en octubre, con un dólar más estable y una mayor tranquilidad en los mercados, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) aumentó 4%. Según un estudio del instituto Cinve, “a pesar de la incertidumbre internacional y la inestabilidad de algunas variables relevantes como el tipo de cambio se espera que el consumo de los hogares se mantenga en niveles elevados, aunque se desaceleraría con respecto a lo acontecido en 2010”.

El consumo seguirá creciendo. Con ingresos pasados y futuros, los uruguayos seguirán apostando al presente, haciendo oídos sordos a la crisis que amenaza desde el norte y a un presidente “caliente”.

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