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La mayor demanda de alimentos del mundo genera una enorme posibilidad para la agricultura de América del Sur, que es la más competitiva, y representa una oportunidad para incluir en el agronegocio a los pequeños productores de nivel familiar, dijo el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre, durante el cierre del foro de Agricultura de América del Sur, del Consejo Agropecuario del Sur (CAS), que tuvo lugar en Foz de Iguazú la semana pasada.

En entrevista con El Observador Agropecuario, Aguerre dijo que el gran desafío es cómo aprovechar la oportunidad “que nos da el mundo, no solo para desarrollar el agronegocio, sino también para construir oportunidades para millones de agricultores familiares de la región que no son de subsistencia, sino de una escala menor, pero que entendemos muchos de ellos tienen una posibilidad cierta de insertarse competitivamente en las cadenas de valor”.

Por lo tanto, el ministro trató de romper en su discurso con el paradigma clásico que enfrenta al agronegocio con la agricultura familiar. Se ve el agronegocio con productores que tienen escala, tamaño, tecnología, capital, herramientas de marketing y, por otro lado, la agricultura familiar con aquellos productores que dependen de un subsidio o de un sistema de compras públicas o de una determinada transferencia de recursos.

“Nosotros opinamos que hay una cantidad importante de esos productores que con herramientas asociativas y de financiación, con apoyos diferenciales y de tecnología, pueden ser por unidad de superficie tanto o más productivos que los productores grandes”, dijo.

El ministro explicó que en la medida que se encuentre una buena sinergia entre la agricultura familiar y el agronegocio “es que podremos capitalizar posibilidades ciertas para millones de agricultores”.
La idea de su discurso en Foz de Iguazú fue trasmitir la visión de las políticas públicas, tratando de encontrar algunos comunes denominadores, en este sentido referidos a la agricultura.

Las razones de la demanda

Aguerre visualizó las razones que fundamentan una demanda sostenida de alimentos a nivel mundial en los próximos años, visto desde el Cono Sur como región proveedora.
Identificó a una población mundial urbana cada vez mayor y especialmente de clase media, que pasa de tener una dieta basada en granos, arroz y maíz a tener una proporción cada vez más importante de proteínas animales.

Además, hay una demanda agregada de cereales y oleaginosos para producir biocombustibles, con lo cual esos dos factores juntos llevan a que proyecciones de organismos internacionales muestren a la carne y a la leche como dos rubros con una tendencia de precios sostenida a mediano y largo plazo, recordó el secretario de Estado.

Aguerre destacó la participación de la región del Cono Sur en la producción de alimentos. En 2003, la región participaba con el 20% del comercio mundial de granos y hoy lo hace con casi el 30%. En términos de carne bovina es mucho más significativa esa evolución. Hace 10 años la región representaba 10% y actualmente se ubica en 20% del total del comercio mundial.

El ministro afirmó que en materia de recursos naturales América Latina tiene tierra y agua –mucha de esa agua aún inexplotada– pero, sobre todo, si bien “nos falta mucha infraestructura, estamos mejor que África, que es la frontera agrícola que tiene el mundo. Pero sobre todo América Latina tiene calidad institucional y estabilidad política, lo que ha significado una llegada importante de inversiones”. Por el lado de los desafíos, el ministro visualizó una producción con mayor intensificación, pero con sustentabilidad ambiental, porque de lo contrario no hay futuro. Enfatizó la preocupación de Uruguay por la erosión, utilizando la aplicación universal de pérdida esperable del suelo.

El productor familiar

“Muchas veces en el mundo se ve al productor familiar como una economía de sobrevivencia, pero nosotros estamos convencidos de que frente a esa mayor demanda de alimentos, en las producciones como la lechera, horticultura, frutícola o producción de ovinos, es donde el trabajo de un pequeño productor se puede transformar en mucho valor agregado, poniéndole cuidado e intensificación a procesos que hoy remuneran bien. Otro capítulo que sobresale es la adaptación a la variabilidad climática, que incluye el riego, sistema de información anticipada para la toma de decisiones, como los seguros agrícolas, entre otros”

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