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Ni los ingentes olifantes que describe Tolkien en El Señor de los Anillos ni los espectaculares ejemplares que data el polaco Kapuściński en su recorrido por África. Los Mamut son zapatos de plataforma diferente a cualquier otro hecho en Uruguay hasta el momento. Connotan a una especie que, aunque ya extinta, es capaz de llevar pesadas cargas en su grupa. Son robustos, grandes y toscos, pero se pueden amoldar a cualquier situación y contexto que se le presente, tal como una mujer posmoderna que camina entre montañas de cemento, y desde hace un año también a un hombre.

Mamut nació en 2011 de la mano de las amigas Sabrina Srur (26), Agustina Pereira (27) y Alexia Berthelemy (27). Luego de cuatro años en el mercado, la marca se destaca por sus ventas en internet y en el exterior, su colección para hombres y su constante búsqueda en nuevas tendencias. En la actualidad, cuentan con dos tiendas en Montevideo y venden en locales de Estados Unidos y Chile.

El comienzo
Srur, Pereira y Berthelemy se conocieron en el colegio The British Schools. En el último año de bachillerato, mientras Berthelemy cursaba Diseño de Modas con Pablo Giménez, para el desfile de egreso, Srur se encargó de tomarle las fotos de la colección en la pasarela.

A gusto con el resultado y con el visto bueno del tutor vieron la posibilidad de ofrecer sus servicios para diferentes marcas. Así establecieron una productora audiovisual a la que llamaron B2 Producciones. Lograron algunos clientes como Manos del Uruguay y Germe. Fotos de campaña, packaging y servicio de imagen era lo que se le podía demandar a esta pequeña empresa.

“El problema fue que era un trabajo extremadamente zafral y que las marcas por lo general buscan derivar su imagen a una empresa que abarque todas las facetas de la mercadotecnia”, recordó Berthelemy.

Paralelamente, las tres comenzaron a cursar sus estudios terciarios.
A mediados de 2011, mientras Berthelemy diseñaba y vendía carteras en Carrasco, en un pequeño cuarto que la mueblería de Arcos le había cedido, comenzó a desarrollar bosquejos de zapatos diferentes. Se los mostró a Pereira y le encantaron. Ya con la aprobación de Srur decidieron que a partir de ese momento B2 Producciones vendería también calzado para mujeres.

“Durante casi un año conjugamos el trabajo de la producción con los zapatos. Pero nos decantamos por los zapatos. Seguimos trabajando con Manos del Uruguay, y su última campaña la hicimos nosotras. Son clientes que tenemos fijos y les gusta nuestra impronta. Pero ya no nos vendemos ni ofrecemos como antes”, explica Berthelemy.

A partir de los diseños fabricaron cuatro pares. Los colocaron junto a las carteras en aquella pequeña sección y de la noche a la mañana habían desaparecido por arte de ventas. “Acá hay algo”, dijo Berthelemy a sus socias. El mercado estaba pidiendo cuero y goma pero en otro formato. No había aún un producto que satisficiera las necesidades que pretendían brindar. Aquellos primeros modelos fueron posibles gracias a los ingresos con la productora.

“La inversión que hicimos fue la de nuestro tiempo. Estuvimos durante un año sin cobrar. Pero hace ya tiempo que no sucede eso”, narra Pereira.

Mientras la productora audiovisual estaba en su auge comenzaron a elucubrar una transición en la denominación de la empresa. Buscaban el nombre de un animal que diera cuenta del servicio que les daban a las marcas y que significara todo lo que cargaban sobre los hombros. Luego, “increíblemente” Mamut producciones se adaptó perfectamente al zapato que diseñaron. Fue casualidad, aseguran, algo así como un golpe de suerte.

Poco a poco todo se fue alineando. De los acuerdos de palabra pasaron a los que se hacen a puño y letra. Y de las reuniones en el cuarto del hermano de Pereira se mudaron a una oficina en la Ciudad Vieja. Cada una fue haciendo lo que mejor sabía y en lo que se había licenciado: Berthelemy se aboca al diseño del producto; Srur dedica su tiempo a la comunicación de la marca y Pereira se enfoca en la parte comercial. El camino del amateur al profesionalismo se dio espontáneamente. Mientras más crecía Mamut más atención pedía.

Luego de abandonar la mueblería abrieron a fines de 2011 una tienda en Carrasco con otras dos marcas, Pastiche y Rotunda. En diciembre de 2012 surgió la posibilidad de inaugurar Tienda 21 en Punta Carretas.

Una empresa para los pies
Los consumidores reconocen los Mamut en la ciudad, más allá de que no llevan ningún distintivo ni logo. La identificación deviene del propio diseño del zapato y la comunicación que los acompañó desde sus inicios.

Al comienzo, se los reconocía por ser los de la plataforma. Y luego vino la competencia, algo que las emprendedoras entienden más como una oportunidad que como una debilidad: “Esta buenísimo que la haya porque te alimenta y mantiene viva. Si no la hubiese, nuestro trabajo sería tedioso. Hay que tomarla como tal y las tres somos 100% conscientes de que te obliga a estar constantemente innovando y produciendo para seguir adelante. Cada uno desde su chacrita se esfuerza al máximo e intenta lograr sus objetivos”, afirma Berthelemy.

A la hora de diseñar y de armar una colección priorizan la comodidad. La plataforma brinda un confort, aseguran, que otro zapato de taco no. “La mujer a la que dedicamos el producto es sumamente activa y queremos que en todas sus movimientos use Mamut. Para eso tenemos que darle algo moderno, con estilo, elegante pero que pueda adaptarse al día”, explica Berthelemy. No se limitan a una franja etaria en particular y es posible ver en las calles sobre plataformas a chicas desde los 16 años hasta mujeres de 55.

Respecto a la comunicación y las estrategias de marketing, desde los inicios de B2 Producciones y luego Mamut trabajaron en conjunto con Atolón de Mororoa, un estudio gráfico de Montevideo.

“Ellos conocen la impronta y entienden nuestra estética. La comunicación a nivel de imagen es buenísima. Desde el embalaje hasta las fotos”, sostiene Pereira. Para ellas el producto no es solo el zapato sino la experiencia desde que se entra al local, la caja en que se recibe el calzado, la música que suena y la atención al público. Cada año se lanzan dos colecciones –invierno y verano–, que van de la mano de una campaña de imagen y dos liquidaciones que también generan sus campañas propias.

De la materia prima al zapato
Los zapatos Mamut están elaborados en un 70% con fabricación uruguaya, un 25% de elaboración en China y el restante producido en Brasil. No obstante, todo el trabajo se organiza desde la oficina montevideana y los viajes al país oriental y vecino todavía no se han concretado. Hasta hace dos temporadas la fabricación del producto era en su totalidad industria nacional.

“Resulta que así uno puede jugar un poco más con el diseño. Lo que ofrece una fábrica nacional es limitado y hace que te pises con la competencia. Los fabricantes son dos o tres”, cuenta Berthelemy. Si bien hay una cierta protección en cuanto a los esbozos propios, las hormas son únicas y los fondos de calzado son idénticos y los materiales y distribuidores son los mismos para todos.

Al recurrir a mano de obra en el exterior los plazos y los acuerdos tácitos son más respetados, aseguran. “Uno no se podía pasar 30 días esperando a que lo entreguen un pedido. Acá es una lucha”, dicen.

Pero antes de ir a buscar fabricantes fuera de fronteras hubo que soportar alguna caída. Al comenzar a desarrollar la idea, se encontraron con un mercado en el cual el proyecto era inasequible. Las fábricas no estaban dispuestas a cambiar toda su matriz por tan pocas unidades. “En algún momento nos preguntamos si podíamos llegar a hacer esto; nos cuestionamos el futuro del emprendimiento. Los fabricantes nos miraban y nos decían: ‘Están locas. Lo que piden no se puede hacer. No hay chances’”, cuentan.

Hasta que dieron con un taller sobre la avenida San Martín, que describen como pequeño y artesanal, que colmaba sus expectativas. Más tarde, con zapato en mano y la goma ya fría, fueron a los grandes y dijeron “queremos hacer esto”. Lo que le sigue fue un proceso de adaptación en el que las tres socias lograron finalmente imponer su idea.

Próximo paso
El siguiente objetivo es expandir la marca a nivel internacional y si es a través de la web, o el tercer local, como prefieren llamarlo, mejor. Si bien está dando sus frutos,todavía tiene un largo camino por recorrer, dicen, y tal vez ese sea el desafío más grande.

Las líneas de hombres están en el mercado desde hace dos temporadas. La repuesta va en aumento, pero aún es tímida. “Por lo general, no viene a la tienda. Es la novia la que se acerca al local”, afirma Berthelemy.

En este momento Srur se encuentra en París exponiendo. A fines de febrero Pereira y Berthelemy presentaron en Nueva York sus modelos. Para entrar en el marcado internacional hay que estar en movimiento constante. Entender qué se necesita, lo que se está demandando, las tendencias y los gustos, saber hacia dónde van los compradores. Hay que estar alpiste de todo… En fin, a la moda, si se quiere pisar fuerte.

Jugar en primera
“Internet es lo más grande que hay”, dice Pereira. A través de contactos por mail fueron ofreciendo sus productos. Catálogos iban y encargos venían y así terminaron trabajando con marcas como Urban Outfitters, Free People, SoulStar, LabelRebel, Assembly New York, entre otras marcas.
Las socias aseguran que les sirvió la experiencia para dar cuenta de su capacidad de crecimiento. “Si salís y te mostrás, vas con confianza, constatás tu buena calidad y la imagen que tenés es casi una garantía de que vas a tener una respuesta”, explican.

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