Los economistas Javier de Haedo, Isaac Alfie y Jorge Caumont advirtieron sobre los desafíos de la economía uruguaya, incluyendo crecimiento, política fiscal y monetaria, competitividad, shock petrolero y sistema previsional.
En un desayuno de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM), destacaron la debilidad de la actividad, el déficit fiscal persistente y las tensiones cambiarias, además del contexto regional y los precios internacionales.
El economista De Haedo centró su exposición en la relación entre política y economía, con un enfoque crítico sobre las restricciones que enfrentan los gobiernos y los desafíos estructurales de Uruguay. A partir de una intervención con fuerte tono analítico, advirtió sobre los riesgos de postergar decisiones y sobre la tensión permanente entre lo técnicamente correcto y lo políticamente viable.
En su discurso comenzó destacando la importancia del mandato electoral en democracia, aunque marcó sus límites: “Es saludable que los gobiernos busquen cumplir con el mandato electoral”, pero advirtió que eso no exime de costos si no se hace lo que corresponde. Bajo esa lógica, planteó que postergar ajustes económicos solo agrava el problema: “Cuando el ajuste se tiene que hacer, mejor que lo haga uno porque elige el menú, y no cuando es el mercado el que lo diseña”.
“Este gobierno sostiene que no recibió el mandato de bajar el gasto público, pero deberá tener que hacerlo en algún momento”, afirmó, citando advertencias del Consejo Fiscal Autónomo.
El economista también apuntó a la comunicación política del oficialismo, diferenciando entre el gobierno y el Frente Amplio como fuerza política. A su juicio, existe una disonancia que genera ruido: “Estamos asistiendo a una situación en que reiteradamente el mensaje es peor que la realidad”. Como ejemplo, mencionó la discusión sobre eventuales impuestos, donde —según dijo— hubo confusión hasta que las autoridades económicas fijaron posición.
Además, sostuvo: “Es clave que este equipo siga obteniendo buenos resultados en economía, en temas como empleo, salario real y pobreza (…) porque siempre hay equipos y programas agazapados y al acecho esperando el tropezón para tener su turno”.
Por otro lado, sostuvo que los bancos centrales enfrentan un doble mandato —inflación y nivel de actividad—, y cuestionó visiones que priorizan únicamente el primero: “Algunos colegas acá piensan que es solo uno (…) son esos tipos de personas que, como tienen un martillo, creen que todos los problemas son clavos”. En ese marco, planteó: “Buscaría priorizar la actividad económica, que es lo más serio que estamos teniendo”.
Alfie: “No se debe exagerar el efecto del shock petrolero”
Alfie
Foto: Diego Lafalche / FocoUy
El economista Alfie describió la situación de Uruguay como de bajo dinamismo económico: “Número más, número menos (…) eso es básicamente un estancamiento”. Sin embargo, señaló mejoras en Argentina y, especialmente, en Brasil, que podrían “ponernos en un camino más razonable de crecimiento”. En el caso argentino, advirtió que la incertidumbre política genera ruidos que se trasladan a la economía, afectando la inversión.
Por otro lado, relativizó el impacto del shock petrolero en perspectiva histórica: “Hoy ese shock no es tan grande, por lo menos hasta el momento”, y destacó que la economía global es menos dependiente de la energía: “Se crean 2,5 veces más productos” por unidad consumida.
Además, subrayó que Argentina y Brasil reciben un shock positivo por energía y commodities, lo que podría beneficiar a Uruguay: “La región nos va a dar un respiro”. Por eso, insistió en que “no se debe exagerar (…) el efecto del shock”.
En el frente interno, alertó sobre un desequilibrio fiscal persistente: “Una docena de años de un déficit (…) casi del 4 % (…) una situación que no es sostenible”, junto con el aumento del gasto público y la deuda.
También advirtió problemas de competitividad asociados al tipo de cambio real: “El precio de exportación (…) ha crecido muy por debajo del costo laboral”, lo que evidencia una pérdida de competitividad, y sostuvo que en el corto plazo no hay muchas alternativas más allá de bajar el gasto público.
A su vez, diferenció el impacto de la suba de los combustibles sobre los precios: “Eso va a dar aumento en el IPC pero no es inflación”, y advirtió evitar “apresurarse con un sobreajuste” en la política monetaria que “pueda complicar” como en 2025.
Por último, destacó el desempeño del sistema previsional de las AFAP: afirmó que la rentabilidad “ha sido muy buena” y remarcó que “la competencia funciona”, tras la baja de comisiones. Evitó entrar en la discusión sobre si se trata o no de una estatización, poniendo el foco en la sustancia del cambio: “Los fondos pasan del sector privado (…) a un fideicomiso administrado por el Estado”. Según explicó, el cambio implica también una modificación de incentivos: “La lógica cambia (…) acá es muy posible (…) que vayamos al menor costo, lo que —según indicó— no asegura el mejor rendimiento”.
Caumont: “La competitividad ha caído sensiblemente”
Caumont
Foto: Diego Lafalche / FocoUy
El economista Caumont cuestionó la orientación de la política económica y advirtió por un escenario de bajo crecimiento y pérdida de competitividad. En su exposición, sostuvo que el problema “no es un tema de competitividad solamente, es mucho más grande”, y apuntó a la combinación de políticas monetarias y fiscales.
Señaló que la caída del tipo de cambio en relación con los precios ha sido significativa y que, junto con los aumentos salariales, ha provocado una marcada pérdida de competitividad. Según explicó, esto reduce la rentabilidad de las empresas —en especial las exportadoras— y repercute en la inversión, que actualmente ronda el 15 % del PIB, reflejando un nivel muy bajo.
Caumont fue especialmente crítico con la estrategia monetaria: “Es una política que hay que revisar a muerte”. En el plano fiscal, advirtió sobre un déficit persistente en torno al 4 % del PIB y una combinación que calificó como contradictoria: “Política de gasto expansiva (…) y política tributaria tremendamente restrictiva”. A su juicio, esto limita el crecimiento, al tiempo que el aumento de impuestos directos no ha logrado corregir el desequilibrio.
Como alternativa, planteó —aunque reconoció que es inviable políticamente— un cambio de enfoque: “Aumentar la cantidad de dinero para bajar tasas y subir el tipo de cambio, junto con una fuerte reducción del gasto público y de la carga tributaria”. “Yo soy iluso, no se va a hacer”, admitió.
De cara al futuro, el economista fue pesimista: anticipó un “nivel de actividad bajo”, una “inflación relativamente más alta” que lo proyectado en la encuesta del Banco Central y “un problema serio en el sector externo”.