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“Esto es como el feriado bancario de 2002, te roban la plata y nadie la cara”, protestaba apostado en la puerta del edificio de Pluna (Libertador y Colonia), Darío, uno de los pasajeros afectados por la liquidación de la aerolínea. Había llegado temprano en la mañana a reclamar y estaba dispuesto dar batalla para conseguir una respuesta sobre qué iba a pasar con el dinero de sus pasajes.

Tras haberse enterado por los informativos de la liquidación de la aerolínea en la noche del jueves, este viernes se dirigió seguro a la sucursal de la aerolínea. Encontrarse con las puertas cerradas y con un solo guardia de seguridad, ajeno a todo lo que se estaba “cocinando” entre los altos mandos de la empresa fundida y las autoridades del gobierno tuvo mucho gusto a frustración e indignación. “¡Alguien tiene que salir a dar la cara, a explicarnos qué va a pasar!”, se quejaba.

Ambas emociones se potenciaban con las de las demás personas – cerca de 15 - que al igual que él habían dejado su trabajo y sus obligaciones para dirigirse a Pluna y reclamar por sus pasajes. Eran las 10:30 de la mañana.

“Tengo 90 días de plazo. No viajé antes porque tengo chiquilines chicos y tuve que ahorrar para poder sacar el pasaje”, contaba con la voz entrecortada Patricia, urgida de viajar a Chile a realizar las gestiones para cobrar la pensión que le dejó su marido, al fallecer en abril. “Si no lo puedo cobrar me quedo en la calle”, despotricaba

Patricia se dirigió hasta el edificio central de la compañía luego de intentar comunicarse sin éxito varias veces por teléfono con la sucursal en el aeropuerto y el call center.

“Yo vine ayer a preguntar si mi vuelo se cancelaba por el tema de los paros y me dijeron que no, que me quedara tranquila que para el lunes – día del vuelo – iba a estar todo solucionado. Hoy me levanto y me encuentro con la noticia de que Pluna suspendió los vuelos”, se quejaba otra señora.

“Sí, yo lo puedo entender porque soy uruguayo y conozco la idiosincrasia, pero mi esposa que es chilena no entiende cómo puede suceder esto”, le contestó Guillermo, quien días atrás viajó a Uruguay junto a su señora para operarse y ahora no tiene cómo volver. “Esta es la lucha social del Uruguay”, comentaba Paulo, un brasilero que al llegar al lugar y encontrarse con las puertas cerradas no daba crédito de lo que estaba viendo. “¿Nadie va a hablar? Pero alguien tiene que satisfacer a los clientes”, reclamó.

Cansado de quejarse sin obtener respuesta, Gabriel propuso ir en grupo hasta el Área de Defensa del Consumidor para “hacer un poco de ruido”. Quórum para la movida no le faltó y en menos de cinco minutos el grupo de “pasajeros afectados” – como se autodenominaron – se dirigían hasta allí. Antes dejaron un cartel pegado en la puerta avisando que cualquier otro “pasajero afectado” se dirigiera a Uruguay y Río Branco para radicar la denuncia.

Cuando llegaron al Área de Defensa del Consumidor ya eran más 20 y al tiempo se fueron sumando más, llegando a ser más de 30.

Ingresaron al local a las 11:30 en forma pacífica y sin hacer “mucho ruido”, pero al ver que demoraban en atenderlos comenzaron a aplaudir y golpear muebles para “hacerse oír”.

En cinco minutos la directora, Ana María Suárez apareció para poner orden y calmar los ánimos. “Yo los entiendo, pero estaba haciendo las llamadas correspondientes a los ministerios para ver que respuesta les podía dar”, les explicó. “Recién llamé al ministro (de Transporte, Enrique) Pintado y me dijeron que lo vuelva a llamar en 15 minutos, así que ahora voy a volver a llamarlo”, continuó.

“¿A Pintado va a llamar! Si es el que está más pintado”, le espetó un hombre al final del pasillo. “¡Queremos que nos devuelvan el dinero!”.

“El tema es que acá hay un tema de credibilidad. A mí que no me venga nadie de Pluna con el uniforme porque no le creo nada de lo que me diga. Yo ya no quiero viajar. Era mi primer viaje en avión y se me fueron las ganas”, se quejaba otra “pasajera afectada”.

Luego de recibir varias quejas y reclamos, Sánchez se retiró a comunicarse nuevamente con Pintado. Al cabo de unos 20 minutos de espera con caras largas, enojadas y desilusionadas, la jerarca regresó para comunicarles que no había podido comunicarse con Pintado y que a cambio había hablado con su secretario, quien le había dicho que gente del Ministerio de Transporte y de Economía estaban reunidos y a la brevedad iban a sacar un comunicado con alguna “orientación” para los pasajeros.

“Mientras tanto me dicen que se comuniquen con el call center”, les indicó. “Cómo nos vamos a comunicar si no atienden”, le contestaron a coro. “Sí, es verdad yo antes de bajar probé varias veces y no pude comunicarme”, tuvo que reconocer Sánchez.

Desbordada por la situación, pidió a aquellos que fueran a viajar entre este viernes y lunes que además de radicar la denuncia, le dejaran una lista con sus nombres, destino y teléfono, que iba a tratar de conseguirles alguna forma de volar a través de la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia).

Estaban en eso los pasajeros, cuando se les aclaró que en caso de conseguirles algún pasaje solo era para ir hasta destino, pero no para volver. “Pero, entonces, para qué me voy a anotar. Me voy y después qué hago”, se preguntó más de uno. “El tema es que es para aquellas personas que estén urgidas de viajar por alguna razón en particular”, explicó Sánchez.

Uno a uno fue dejando la lapicera y comenzaron a retirarse. Eran ya cerca de las 13 horas y el hall del local de Aérea de Defensa al Consumidor comenzó a vaciarse. Solo quedaban algunos decididos a quedarse allí hasta que se hiciera público el comunicado de Pluna y obtuvieran una respuesta de la Dinacia.

“Nos portamos bastante bien. Golpeamos unos minutos y nos callamos. En otro lado te rompen todo. Nos están robando la plata, se dieron cuenta, ¿no?”, razonó Gabriel.

“Venir a Uruguay para participar de una movilización social. Estoy nostálgico. Ya lo extrañaba. Parece broma”, comentó riéndose Paulo, anunciado que se retiraba a comparar pasajes en otra aerolínea para volver junto con su mujer a su ciudad de origen, Sao Paulo.

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