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Los especialistas en general coinciden con el gobierno en que el aumento de la mortalidad infantil registrado en 2011 es estadísticamente insignificativo. No obstante, la cifra permite identificar llamados de alerta.

En 2011 en el Pereira Rossell nació el 16 % de los niños uruguayos. De los fallecimientos, el 20 % corresponde a madres de ese hospital. En diálogo con El Observador, el presidente de la Sociedad Uruguaya de Pediatría, Walter Pérez, reconoció que el Pereira es un “ultrafiltrado” de pobreza y vulnerabilidad que incide directamente en la suba de la mortalidad nacional.

La mortalidad infantil en Uruguay pasó de 7,7 por mil en 2010 a 8,9 en 2011. ¿Qué lectura hace la Sociedad de Pediatría al respecto?

Lo evaluamos como un hecho importante, grave, porque esos números representan niños. En un análisis frío de las cosas, vale destacar que sigue siendo un índice bajo para la región y más que aceptable a nivel mundial.

Y lo otro es que nuestros guarismos se basan en un índice de natalidad bajo. Venimos en caída libre. En 2011 tuvimos menos de 47.000 nacimientos: cualquier movimiento que se produzca en el numerador, impacta en el número final. No estamos llegando siquiera al índice de recambio: hay 50.000 muertos al año. Tendemos a la extinción. El otro tema importante es que quizás el número de 2010 era precipitadamente bajo. Sacamos la pechera y lo gritamos como si hubiéramos hecho el gol en la hora, y quizás no coincidía con la realidad.

¿Han analizado las causas del aumento de 2011?

La que subió fue la mortalidad prenatal (la que ocurre en el primer mes de vida) y sobre todo la precoz (en la primera semana). Los que se mueren en los primeros siete días son sobre todo aquellos con malformaciones que no pueden ser solucionadas, en su mayoría cardíacas. Si bien hay una buena estructuración para intervenir rápidamente a esos niños, algunos no llegan a ser operados por su gravedad. Es la que llamamos mortalidad dura: la vinculada a las malformaciones. Es difícil de bajar, aunque hay medidas para tomar en el embarazo: consumir ácido fólico, no exponerse a radiaciones, cuidarse de infecciones.

Hace poco un estudio reveló que las embarazadas que no se controlan lo hacen sobre todo por desinterés. Fuman, se drogan, no se controlan. ¿No hay algo por hacer ahí? Desde ese punto de vista deja de ser “mortalidad dura”.

Sí, se relativiza. Hay mucho por hacer y es muy directa la relación entre malformaciones y ácido fólico. También empezaron a aparecer vínculos entre las madres que toman drogas cacainosímiles (como pasta base) y las malformaciones. Es la misma población la que consume drogas en el embarazo, la que lo tiene jovencita… Ahí hay bolsones sobre los que hay mucho por trabajar. El secreto son las políticas de proximidad, de cercanía. Si vas a esperar que la gente vaya a los hospitales o a las policlínicas… Hay que ir a buscarlas.

El Ministerio de Salud Pública solo divulgó la cifra de mortalidad infantil a nivel nacional. ¿Conoce las estadísticas por departamento o por institución?

En algunas partes de Montevideo, fuera del Pereira Rossell, los números son más que buenos. En algunos barrios hay números que no los tiene Cuba ni Chile: 2 por mil de mortalidad. Los números del Pereira están incidiendo directamente en el aumento de la tasa de mortalidad. La población que se atiende en salud pública tiene guarismos peores a los de las privadas. Pero no porque sea mejor o peor medicina, sino porque son distintas poblaciones.

Pero el ministerio dice que eso cambió con la reforma , y ahora también hay población pobre en las mutualistas.

El Fonasa hizo que miles de almas pasaran de la salud pública a la privada. O sea, lo que quedó en la pública es un ultrafiltrado. Antes en el Pereira había personas de clase media, y ahora prácticamente no hay. Ha habido un éxodo de gente.

Entonces en el Pereira hay un núcleo duro de embarazadas vulnerables, y a su vez es ahí donde se concentra la mayor mortalidad infantil. ¿Qué están haciendo los médicos al respecto?

La mortalidad infantil es la tasa que más se vincula con factores extra-salud y con las políticas sociales. A los médicos nos gusta pensar que son indicadores de nuestra gestión, pero en realidad no influye tanto lo que uno hace dentro de los hospitales y debemos ser más humildes con nuestros logros. De todas formas, estamos trabajando mucho en el alta médica, con dos programas: uno es el Plan Aduana, que procura que los recién nacidos vayan a controlarse a las policlínicas. El otro es el de Programa de Pacientes Complejos, dirigido a aquellos niños cuya enfermedad se mantiene, con visitas programadas y de mayor proximidad que el Aduana. Otra cosa que se hace es chequear que las madres hayan entendido lo que se habló en la consulta, haciéndoles alguna pregunta clave. Lo nuestro es asegurar que todo lo relacionado con promoción, prevención y asistencia se está cumpliendo bien, sobre todo en pediatría. Todavía falta mucho énfasis en políticas de niñez. Se ha hecho mucho, pero falta.
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