“Hoy no tenés excusa para hacer una mala animación”
Para el ganador de La Pedrera Short Film Festival, las facilidades tecnológicas son al mismo tiempo una bendición y una condena
El domingo pasado su corto Luminaris arrasó en La Pedrera Short Film Festival. Además de conseguir el mayor galardón a Mejor ficción también se quedó con los premios a Mejor Dirección, Mejor Sonido y con el Premio del Público. A su vez, la pieza de 6 minutos y 20 segundos de duración logró ser uno de los 10 preseleccionados para los premios Oscar. Con el afán de descubrir quién está detrás de tan elogiada creación El Observador se puso en contacto con el animador argentino Juan Pablo Zaramella, que al igual que su obra maestra viene dando que hablar en los últimos festivales de cortos independientes.
¿Cómo ingresó al mundo de la animación?
Empecé en 1993, cuando entre casi por accidente a la carrera de animación dentro del Instituto de Cine Argentino. Como no había vacantes en la carrera de cine me apunté en animación con la idea de hacer solo un año. Pero al final me terminé enganchado y desde entonces no paré.
La técnica que utilizó para hacerlo se denomina pixilación. ¿En que consiste?
Es exactamente la misma técnica que se aplica a muñecos pero aplicada a una persona. En lugar de filmar a una persona moviéndose de corrido, se les saca varias fotos en distintas posiciones y al armar una secuencia, se genera la ilusión de movimiento. Me gustó emplearla porque a pesar de ser una técnica antigua tiene muchas posibilidades que aún no han sido exploradas. Me pareció interesante escribir una historia directamente pensada para el recurso. Por ejemplo, en Luminaris podés ver a una persona que avanza por la calle sin caminar, o a otra inflar una bombita de luz con la boca. Uno de los que más exploró esta técnica en sus inicios fue el genio canadiense Norman McLaren que con su corto Vecinos llegó a ganar un Oscar. Hoy es un clásico de esta técnica.
¿Cuáles son sus principales referentes en materia de animación?
Me gusta mucho Hayao Miyazaki, Norman Mc Laren, el checoslovaco Jan Švankmajer, que tiene una versión libre de Alicia en el País de las Maravillas hecha con la técnica de pixilación. En el ámbito más comercial también me gusta mucho Nick Park, de Aardman Animations, el creador de Wallace y Gromit. Inclusive fue por este último que me decidí a seguir estudiando animación y a especializarme en el stop motion. Otro referente es el holandés Paul Driessen.
Con Park le tocó compartir un jurado en el Festival de cortos Annecy 2010 (uno de los más importantes en el ámbito independiente...
Fue una experiencia de realización personal muy grande. Tuve la oportunidad de intercambiar varias ideas, porque ambos éramos jurado en la misma categoría. Una de las cosas que descubrí entonces es que el mundo de la animación es muy chiquito. Tarde o temprano terminás conociendo a todos los creadores. Incluso los grandes animadores suelen tener un perfil bajo, y resultan ser muy accesibles.
¿Qué libro de cabecera recomendaría a alguien que quiera incursionar en la técnica de stop motion?
El libro del estudio Aardman que se llama Craking Animation. Es una biblia de la animación hecha por los mejores. Es muy abierto a distintos niveles y escalas de producción. Te enseña a animar desde el muñeco de alambre más sencillo a los muñecos más sofisticados.
¿Qué atributos piensa que tiene su corto Luminaris para estar entre los 10 preseleccionados a los Oscar?
Que es un corto conciso; una historia muy directa que se puede contar en muy poco tiempo. Igual es muy arbitraria la selección. Es muy difícil poder definir el perfil de cortos que suelen atraer al jurado de los Oscar.
¿Piensa que un animador necesita otros atributos para ser un buen profesional que hace una década atrás?
Tenés que estar abierto al uso de nuevas tecnologías digitales. Hoy no tenés excusa para hacer una película animada mala. Antes el animador de stop motion trabajaba a ciegas, ya que no tenía oportunidad de ir chequeando lo que iba realizando. Necesitaba de una computadora en su propia cabeza, hoy tiene otras facilidades, pero simultáneamente queda más al desnudo la falta de talento, cuando no lo hay.
¿Qué tan grande es la brecha entre el mercado de cortos europeo y el latinoamericano?
En Latinoamérica no existe un mercado de venta de cortometrajes, es prácticamente inexistente. Si fuera por Latinoamérica no podría recuperar el dinero de mis cortos. En cambio en Europa hay un mercado interesante. El negocio más grande está en el plano televisivo.
Hace un par de años estaba preparando un largometraje en base a su corto muy premiado en festivales titulado Viaje a Marte ¿Qué pasó con ese proyecto?
El proyecto sigue en camino, aunque últimamente había quedado postergado por la producción de Luminaris. Por el momento, ya tenemos el guión casi terminado, aunque todavía no tenemos una fecha de inicio de producción.