28 de abril de 2026 5:00 hs

Hace diez años, ese día, vi a mis padres por última vez. Desde entonces he cambiado de teléfono, de casa, de continente, he levantado un muro inexpugnable, he puesto un océano de por medio. Han sido los diez mejores años de mi vida.

Con este fragmento, el cierre del primer capítulo de El aniversario certifica el tono y la postura que el narrador tomará durante el resto de la novela: la disección minuciosa y aliviada de alguien que emergió del trauma familiar y que deconstruye una relación abusiva. Ese es el corazón del relato del italiano Andrea Bajani, que se convirtió en un fenómeno de masas en su país y que se llevó, entre otros premios, el prestigioso Strega.

El aniversario presenta a un hombre que decide cortar con sus padres. Su pasado tiene la sombra de un pater familias abusivo y despótico, una madre sumisa y relegada, una infancia con más oscuros que claros, un presente que quiere que se modifique. La novela es una radiografía del tabú que, dice Bajani, está impreso en nuestra configuración social occidental: el derecho a renegar de quienes nos trajeron al mundo cuando esto es necesario para respirar.

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Pero, ¿cómo se hace eso? ¿Cómo se corta un lazo de este tipo?

La geografía siempre ha sido la ribera de toda disfunción familiar. Creo que ocurre por instinto, en efecto, incluso antes que por emulación: alejarse de lo que te hace daño.

La novela vendió miles de ejemplares, se publicó en múltiples idiomas —en Uruguay tiene presencia a partir de Anagrama— y convirtió su nombre en uno a seguir dentro de las fronteras de la bota, pero también le dio a Bajani un par de dolores de cabeza; por ejemplo, tener que aclarar todo el tiempo que esta no es su historia ni la de su vínculo con sus padres.

En épocas de autoficción y de una crisis de confianza en la verdad, tiene sentido que esa sea la principal inquietud de parte de los lectores, pero también tiene lógica que suceda por la prosa de Bajani, que trasluce con una cercanía y un despojo emocional que hace difícil separar la voz del autor de la voz del personaje. Pero eso, en definitiva, es la literatura. Y eso es lo que él, en esta entrevista que concedió a El Observador hace algunos días, cuando llegó invitado por el Instituto Italiano de Cultura de Montevideo y la Librería Feltrinelli, defiende.

¿Cuál fue la imagen mental sobre la que se construyó el proyecto de El aniversario?

Estaba dando un curso universitario que se titulaba Escribir a la familia. En esa clase, muchas historias que escribían los estudiantes eran muy dolorosas, escribían con la certeza de que ese dolor no se podía rechazar, que el dolor dentro de una familia era un destino, como si estuvieran encerrados dentro de un laberinto y no pensaran ni un momento en la posibilidad de salir. Entonces me puse a escribir de un hijo que abría la puerta de ese laberinto y se iba. Sabía que quería escribir lo contrario de lo que mis estudiantes estaban haciendo, me parecía una especie de gran tabú colectivo. La idea era empezar abriendo esa puerta hacia afuera y no cerrándola hacia adentro.

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El autor italiano Andrea Bajani

El autor italiano Andrea Bajani

Has dicho que la literatura tiene el poder de contrarrestar la versión oficial. Y me interesa porque eso está muy presente en el libro. ¿De qué forma te parece que El aniversario contesta a la versión oficial en el caso de la familia?

La literatura no solo puede hacerlo, sino que debe. La literatura tiene por naturaleza refutar la frase se nos da, y contesta la versión oficial porque elige un punto de vista diferente al del poder. Esto sucede formalmente: el poeta es el que rompe la frase, quien decide el orden de las palabras. Por eso la escritura literaria es el opuesto exacto a la propaganda. La propaganda es la repetición, siempre igual, de una frase. La escritura es la rotura de esa repetición y la reformulación con palabras diferentes. En el caso específico de El aniversario, es la contestación de una idea de la familia entendida como destino y que, en realidad, no es un destino, sino una formulación política y cultural que ha llevado a considerar como único modelo posible a la familia patriarcal en el que el hombre, por privilegio de género, tiene el derecho a comandar y utilizar la violencia, sin que esto represente un escándalo. Es un modelo de familia que atribuye a la mujer un rol subalterno e invisible, y aceptar esto como la única realidad posible a causa de una repetición propagandística de un modelo político lleva a considerar la violencia masculina como algo normal hasta el momento en el que mata. Cuando eso pasa, nos damos cuenta de que no es normal, pero antes el hombre ya gritó, destruyó, fue físicamente violento. El aniversario contesta esta versión porque es la historia de un hijo que decide rechazar la versión patriarcal del hombre y del padre.

Podemos decir entonces que, antes de ser una novela familiar, esta es una novela política.

Para mí lo es. Pero es algo que he descubierto después de haberla escrito. Desde su origen contenía, naturalmente, un instinto político, aunque no fue racional. El arte es una erupción de algo que subyace por debajo y que produce conexiones impredecibles e intuiciones. Cuando el libro salió, de repente se convirtió en una novela que todos querían leer. Fue totalmente inesperado para mí. A una semana de su publicación estaba en segundo lugar entre los más vendidos de los que se publican en Italia, y eso no es algo que suceda con mis libros. Por lo tanto, evidentemente tocó un nervio político. Esta es una historia colectiva, que llega en un momento en el que en Italia y en el resto del mundo se está poniendo en discusión la versión oficial que por muchos años ha dominado. Es un libro político, y tocar el tema tabú de romper con la familia lo convirtió todavía más en uno, porque interrumpir una relación abusiva es un derecho.

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Más allá de la cuestión colectiva, te habrás enfrentado muchas veces a la idea del lector de que esta es tu historia. Sobre todo teniendo en cuenta el auge de la autoficción y el "basado en hechos reales".

Continuamente. Y aunque responda que no, la pregunta se vuelve.

¿Es por una crisis de confianza en la ficción de parte de los lectores?

Para mí es fundamental explicitar que esto es una novela. No para decir que todo es ficción, sino para reivindicar el derecho que tiene la novela de ser una máquina que mezcla todo y que a través del lenguaje produce algo que nos concierne a todos. A diferencia de las memorias o la no ficción, hoy la novela está perdiendo la confianza de los lectores, como si la única posibilidad de encontrar emociones fuertes estuviera en la vida verdadera. Como si solo a través de ella el lector pudiera sentir algo. Y cada lector puede pensar lo que le parezca, no es ese el punto. El punto o la diferencia, en mi opinión, es que las memorias o la autoficción se basan en la idea de que quien lee esa historia real puede cerrar el libro y pensar “pobre, qué bella vida tengo yo”. La novela se basa en lo opuesto. El aniversario ha sido un fenómeno porque es un activador de las autobiografías de los lectores. Es un reflejo, un espejo. Los lectores llegaban y me decían “esta es mi historia”. Ahí ves la potencia de la novela y del lenguaje. Y es la literatura la que hace eso, no la testimonialidad. La literatura es lo que transforma lo ordinario en lo extraordinario. Porque esta no es una historia extrema. Es la historia de tantísimas personas, de millones de familias en Italia y en el mundo, que simplemente consideran y han considerado normal vivir en este tipo de familias.

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