“La banda siguió creciendo por sí sola”
En este último año Illya Kuryaki and the Valderramas demostró que su regreso no era solo en los papeles. Con Chances se consolidaron como músicos a seguir y lo demuestran con un nuevo DVD en vivo
Desde 2012 Illya Kuryaki and the Valderramas dejó de ser parte de un pasado nostálgico a ser parte del presente musical. Con Chances, su séptimo disco y el primero desde su separación en 2001, se consolidaron como el gran ave fénix del rock argentino. No conformes con celebrar su legado, subieron la apuesta con un disco que de principio a fin apunta hacia el futuro. Tal vez de la misma manera que lo hicieron sus anteriores allá por la década de 1990. Y cosecharon sus frutos. No solo ganaron cinco Premios Gardel –que galardonan a la música argentina– sino que también se llevaron un Grammy Latino por su tema Ula Ula y realizaron una extensa gira por la región, llegando a su punto cúlmine en Estados Unidos, con un multitudinario concierto gratuito en Brooklyn ante 5 mil personas en el marco del festival Latin American Music Conference.
Todo este proceso se ve condensado en su nuevo DVD, Aplaudan en la luna. Filmado el año pasado en el mítico Luna Park, el show no solo recorre el cancionero más reconocido sino que le brinda ahora la electricidad y el swing del show en vivo, de la mano de una banda excelente conformada por dos exponentes uruguayos: Matías Rada y Francisco Fattoruso.
Sobre este nuevo lanzamiento y su regreso a los escenarios, habló con El Observador Dante Spinetta, quien junto a su hermano espiritual Emmanuel Horvilleur empezaron en su adolescencia a rapear sin siquiera saber qué era eso y a mezclar sin ningún drama el rock, con el funk y el hip hop. Y eso mismo es lo que sucederá mañana en La Trastienda, cuando reciba a los Kuryaki por segunda vez desde su regreso.
El DVD marca una suerte de consagración de la banda. La última vez que tocaron en Argentina antes de separarse fueron 700 personas y ahora llenan el Luna Park. ¿Qué significó para ustedes?
El Luna es una culminación de toda la gira de Chances. El 2013 fue un gran año para nosotros. El disco superó las expectativas y los shows por toda Latinoamérica fueron increíbles. Desde siempre tuvimos ganas de hacer un disco en vivo. Pero ahora era un buen momento. Nos mandamos a hacerlo y creo que está buenísimo porque de alguna manera es como renovar los votos con un montón de canciones de antes. Las canciones viejas empiezan a sonar como suena la banda ahora y si querés entrarle a Illya Kuryaki and the Valderramas, Aplaudan en la luna es un buen comienzo. Es un resumen actualizado de lo que es la banda.
El show más o menos sigue lo que vienen haciendo desde su comienzo. ¿Cómo decidieron qué recuperar para el vivo?
Nos basamos en los temas más exitosos y siempre los vamos rotando. Lo que pasa es que hay algunos que no podemos dejar de tocar, ya son parte de la fiesta. En el DVD metimos Ruégame, Abismo y Discovery Buda que son temas que no tocamos siempre y la gente se recopó también. En Montevideo vamos a poder hacer algunos de los tranquilos, porque es un show donde básicamente podemos hacer lo que queremos. Ahí la gente tiene ganas de vernos. No es un festival que son los hits, palo y la bolsa.
¿Cómo fue reencontrarse con el público en la gira que realizaron por el continente?
Fue increíble ver que la banda sigue generando lo que generaba antes o incluso más. En Argentina somos más grandes que antes. Y eso es regrosso. Y todo lo que estuvo pasando ahora con Latinoamérica y Estados Unidos también, que es una plaza muy difícil de llegar. Haber ganado el Grammy también es regrosso. La música maduró bien. Hay nuevas generaciones. Creo que se fue corriendo de boca en boca en todos esos años que estuvimos como solistas. La banda siguió creciendo por sí sola. Maduró. Es como decías, cuando nos separamos el último show fue para 700 personas y cuando volvimos para el ciclo Movistar Free Music había 2 mil.
¿Se notaba entonces que quizá los extrañaban?
Sí (risas). Nos extrañaban grosso.
Pasando a Chances, el tema Águila Amarilla, que es un homenaje a su padre, Luis Alberto Spinetta, lo grabaron en el estudio de Gustavo Cerati con guitarras acústicas suyas y de Spinetta. ¿Cómo influyó ese ambiente?
Fue muy emotivo. Es una canción que le queríamos dar la energía correspondiente. El ingeniero es Mariano López que grabó casi todos los discos de mi viejo desde los años de 1980 en adelante. Había una energía de tributo y amor muy grande, que estuvo presente en todo el disco. El disco se llama Chances, oportunidades, con canciones como Adelante, Celebración y El encuentro. Digamos, todo el disco está teñido de esa sensación de transformación, de aceptar las cosas como son y avanzar. Y estar bien. Fue un momento fuerte, pero hacer el disco me sirvió como refugio.
Los shows también permiten que se luzca con la guitarra. ¿Cómo es su relación con el instrumento? ¿Alguna vez lo sintió como un peso?
Jamás fue un peso. Nunca. La guitarra la agarro porque la amo. Es mi principal instrumento. Compongo también con el piano, pero la guitarra es mi primer amor. Es una extensión ya del cuerpo. Es la pluma del escritor. Para mí es un instrumento perfecto.
¿Tiene alguna a la que recurra siempre?
Sí, mi guitarra verde. La Dragona. La voy a llevar a Uruguay, como siempre. La tengo desde fines de la década de 1990 y no me voy a despegar nunca. Soy hombre de una sola guitarra.